HE VISTO EL FUTURO
Pedro de Paz
«He visto el futuro del Hard Rock y su nombre es Spica». Aunque la afirmación sea mía, el crédito de la frase original le corresponde al productor y crítico Jon Landau. Él la enunció en términos similares el día que asistió por vez primera a la actuación de un joven y, por aquel entonces, desconocido interprete llamado Bruce Springsteen. Y yo he querido comenzar el artículo parafraseando a Landau porque esa fue mi exacta impresión ante el extraordinario concierto ofrecido hace unas noches por esta joven formación capaz de combinar como pocos la esencia del rock en su vertiente más dura y afilada con unas composiciones tan maravillosas como sugerentes.
Guitarras potentes, sección rítmica compacta, melodías sólidas y contundentes, músicos solventes dotados de gran pericia escénica, temas con increíble fuerza que llegan hasta lo más hondo… Spica combina todo lo necesario para llevar adelante un proyecto digno y hacerlo con garantía de éxito. Y si a todo eso añadimos que sus integrantes son gente que vive de forma honesta por y para su música y que sienten con pasión lo que hacen, tendremos reunidos todos los ingredientes necesarios para conjugar una formula magistral que, aun pareciendo simple, no se encuentra al alcance de cualquiera.
Porque lo curioso del asunto es que Spica no plantea nada nuevo ni sus proyectos pueden ser tratados de innovadores. No son la última quintaesencia de ninguna nueva corriente musical ni maldita la falta que les hace. Hacen lo que hacen y saben llevarlo a cabo con innegable maestría. Su música bebe de las fuentes del Rock y el AOR más puro y canónico, apoyándose en elementos inventados y explotados desde tiempo atrás. Su estilo es capaz de evocar el sonido de legendarias formaciones como Queen, Whitesnake, Van Halen, Aerosmith o Journey. Pero su autentica virtud reside precisamente en saber destilar con exquisita destreza todos esos elementos ya creados, transformándolos en algo nuevo, algo fresco, algo que aun sonando a clásico, irradie un aire distinto y carismático. Ese es el autentico mérito del grupo. Temas como «Solo en la noche», «Carpe Diem», «Americana» o la inigualable «Mágica» consiguen transportarte a lugares que, a priori, pueden parecer comunes a otros grupos y épocas pero que, tras una dedicada audición, muestran y demuestran donde radica la esencia de Spica y del buen hacer de sus componentes: frescura y autenticidad. La base de sus logros no sólo se sustenta en su virtuosismo musical —ampliamente demostrado en sus actuaciones— ni en su genial inspiración a la hora de componer sino en algo mucho más importante: creer ciegamente en aquello que hacen y ser capaces de transmitir ese credo de forma directa y concisa al respetable. Su honestidad musical traspasa las posibles barreras del escenario, inunda la atmósfera de sus directos y llega sin filtros ni tamices a todos aquellos que tienen —tenemos— la fortuna de asistir a sus actuaciones. Y posiblemente sea esa, con diferencia, su mejor baza.
Si quieren seguir sus pasos —cuestión que les recomiendo encarecidamente— no tienen más que acceder a www.spicarock.com. Estos chicos tienen una larga y provechosa carrera por delante y estoy plenamente convencido de que, con el tiempo, oiremos todo tipo de parabienes, felicitaciones, afirmaciones categóricas, aseveraciones entusiastas y comentarios oportunistas que postularán a los cuatro vientos sin asomo de pudor sobre la innegable calidad musical de esta formación pero recuerden: yo lo dije primero. «He visto el futuro del Hard Rock y se llama Spica».
Parque Coimbra, marzo de 2006