Mentiras completas y verdades a medias



lunes 22 de febrero de 2010

Pecata minuta

Se llama Laura Seara y en la actualidad ocupa el puesto de directora del Instituto de la Mujer. Pero antes de tal circunstancia desempeñaba el cargo de diputada regional del Parlamento Gallego y desde ese puesto, durante el desempeño de sus funciones, pasaba al cobro las dietas por kilometraje que cubrían el coste de desplazamiento desde su domicilio en Orense hasta la sede del parlamento «levantándose» por ese concepto una cantidad en torno a los 30.000 euros anuales (muy por encima de la remuneración media de cualquier trabajador de este país. Ojo. Solo en concepto de dietas complementarias, sueldo aparte). El hecho de que la susodicha careciese de carnet de conducir y vehículo propio es pecata minuta. A lo largo de nuestra vida laboral muchos hemos cobrado por un concepto legítimamente estipulado, hayamos hecho uso de él o no. Y el que diga lo contrario, miente. ¿Quién, en su trabajo, no se ha desplazado hasta un cliente durante toda la jornada laboral, la empresa le ha abonado el importe de la comida y luego, por circunstancias del momento o porque la ocasión así lo ha requerido, se ha comido tan sólo un bocadillo —o no ha comido—? ¿Quién no ha reclamado legítimamente el kilometraje por verse obligado a desplazarse a otra ciudad por motivos de trabajo y luego ese día ha decidido dejar su coche en la puerta de casa y realizar el trayecto en tren o en transporte público abonando el billete de su bolsillo? Lo dicho: poco que objetar. Pecata minuta.

Lo que auténticamente raya la desvergüenza más abyecta es que, durante el tiempo que estuvo pasando al cobro esas dietas, la señora Seara tenía a su disposición un vehículo oficial con chofer con cargo a la Xunta de Galicia que la llevaba y la traía a su domicilio. Y a pesar de esa circunstancia, la antigua diputada reclamaba religiosamente los importes por kilometraje con el fin de resarcir el aparente gasto que le suponía dicho desplazamiento. Cobraba dos veces —por pasiva y por activa— por el mismo concepto y no una cifra nimia, marginal o despreciable: un sobresueldo extraordinario que excedía con creces los magros emolumentos netos de muchos trabajadores de este país. Sueldo del cargo aparte. Pero tampoco hay porqué preocuparse demasiado por ello. Ya sabemos lo que ocurre con estas cosas. El dinero público, que «no es de nadie»…

Pero la pérfida prensa de este país ha decidido sacar a la luz la peculiar circunstancia y ya me imagino a los voceros —y voceras— habituales cerrando filas. «Discriminación por ser mujer», «miedo del macho que ve amenazado su estatus y territorio», «sociedad llena de tabúes y prejuicios»… En su momento ya intentaron la misma jugada con nuestra Maleni «antes partía que doblá» de España con el fin de tratar de ocultar y diluir su indigencia profesional: echarle la culpa al recalcitrante contubernio machista. Pero esto no es machismo, no se confundan. Ya decía hace años el gran periodista Santiago Amón que, «en España no cabe un tonto más. Si entra otro, nos caemos al agua». Yo me atrevería a añadir que «ni un sinvergüenza tampoco. Del sexo que sea. Hace tiempo que debimos colgar el cartel de “completo”».

Madre de Dios. Qué país. Y qué paisanaje.

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viernes 29 de enero de 2010

Enésimo palo de ciego

El gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero propone alargar en dos años la vida laboral de los trabajadores lo que para cualquier españolito de a pie supone dos años más de cotizaciones y dos años menos de prestaciones. Dos años más en los que el resto de ciudadanos tendremos para pagar los dislates políticos y económicos originados por una pandilla de descerebrados que ha mostrado sobradamente su incapacidad manifiesta para hacerse con las riendas de un problema que, de ser lo que dicen que son (políticos y estadistas), estarían obligados a gestionar con la solvencia adecuada. Sin embargo, ni para eso valen. Porque en lugar de arremeter contra la sangrante política de jubilaciones anticipadas (banca, controladores, astilleros, minería, funcionariado o Telefónica), en lugar de colegir que, en épocas de vacas flacas, «San Joderse cae en martes» y todos a aguantar su parte alícuota del problema, pues no señor: el que ya se beneficiaba de una determinada situación va a seguir beneficiándose mientras que el que, por agravio comparativo, ya le jodía tener que prolongar su situación laboral hasta los 65, ahora le clavan la puya y el descabello de jubilarse a los 67.

«La huelga general del 20 de junio es la necesaria e inevitable expresión del contundente rechazo de los trabajadores y trabajadoras de este país a las intenciones del Gobierno, inequívocamente dirigidas a la supresión de los derechos laborales y al recorte de las prestaciones[…]», (UGT, huelga general del 20 de junio de 2002)

Por menoscabos de similar grosor, calibre y gravedad contra la clase trabajadora no ha mucho que la gente se echó a la calle y le montó una huelga general al anterior ejecutivo. Me pregunto dónde están ahora los sindicatos. Como decía el genial Parmenio, un ingenioso contertulio del blog del periodista Santiago Gonzalez: «El silencio sindical es símbolo de su buena crianza. No es de buena educación hablar con la boca llena».

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jueves 28 de enero de 2010

Indecencia

Hace siete años, un menor de edad apodado El Rafita, en compañía de otros, secuestraron a una joven de nombre Sandra Palo. La retuvieron en contra de su voluntad, la golpearon, la violaron, la atropellaron repetidas veces con un coche y terminaron por rociarla con gasolina y prenderla fuego cuando, aunque agonizante, aún se encontraba con vida. Poco puedo contar que no se sepa acerca de este lamentable caso que generó un gran revuelo mediático y un amplio debate social acerca de la Ley del Menor, su benevolencia, su idoneidad y sus consecuencias. Y que lo sigue generando.

Conozco al Rafita. No personalmente, pero conozco a esa calaña, a esa ralea. Los conozco bien. Bastante bien. Conocí al Chero, que murió arrollado al cruzar a pie la vía del tren de cercanías cuando huía de la policía. Conocí al Viñas que murió al venirse abajo el tejado de la fábrica abandonada en la que estaba robando las vigas metálicas para venderlas al chatarrero y pillar algo de pasta para ponerse. Conocí a varias personas que terminaron sus días con idéntico final interpretado a través de las más variopintas mises en escène: fallecieron de SIDA, de sobredosis, en una pelea de bar o en un ajuste de cuentas. Y que, hasta que llegó el momento, jodieron al prójimo por activa y por pasiva todo lo que les fue posible, en la mayoría de ocasiones por el mero placer de hacerlo.

Los conozco a todos ellos. Todos pertenecen a la misma zona oscura, al mismo barrio, al mismo lado de la calle.

Yo me crié en ese lado de la calle.

Y sé de lo que hablo: muchas de esas alimañas no merecen ni el aire que respiran

Sin embargo, Telecinco le ha pagado al Rafita mil quinientos euros de vellón por ser entrevistado interpretando una dolorosa pantomima vestida de aparente honestidad. Dolorosa, sobre todo, para María del Mar, la madre de Sandra Palo. Porque la entrevista mantiene un tono tan benigno como perverso al presentar al asesino como una víctima más: alguien arrepentido que merece la oportunidad de ser reinsertado. Cuando su último delito —el cuarto tras abandonar el centro de menores en el que estaba confinado— lo cometió hace poco más de quince días. Cuando el destino de esta clase de gentuza debería pasar por ser encerrados y perder la llave.

Supongo que estas palabras quizá levanten ampollas entre las almas redentoras, esos personajes que abogan por la recuperabilidad y la naturaleza honesta del ser humano. Que abogan por la dificultad de crecer en un hogar desestructurado y por lo complicado de salir del círculo vicioso que delimita un entorno social de marcado carácter delictivo. Gente de aparente nobleza y probable buena voluntad que jamás se ha asomado al abismo peligroso que cuelga de la mirada de un tío que se dirige a ti con la mayor chulería del mundo, una navaja en la mano y la certera seguridad de que, ante la menor duda, el pincho acabará en tu estómago. Argüirán que todo el mundo merece rehabilitarse, que merece la oportunidad de enmendar un error. Lo cual no deja de ser cierto. El problema es que hay cierta clase de basura que jamás se plantea ni se planteará que haya cometido un error. Una amplia mayoría son del todo irrecuperables. Me consta fehacientemente. Porque. a pesar de lo expuesto, esta gentuza no son dementes. Conservan la lucidez y el criterio necesario para determinar lo que está bien y lo que está mal. Pero para ellos la ofensa cometida no supone un acto execrable, cruel y malvado o un error de apreciación. Es tan sólo una fatalidad que asumen con el estoicismo del que culpa al destino, a los hados o a la sociedad de sus problemas. Soy rebelde porque el mundo me hizo así.

Pero lo que resulta auténticamente deshonesto es que haya gente que haga negocio, que se lucre, que pelee por un share o que disfrute dando cancha mediática a esta caterva de malnacidos. Si la actitud de unos resulta despreciable, la de los otros debería ser incluso punible.

Todo esto resulta de una indecencia tan obscena que produce escalofríos. De furia.

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jueves 21 de enero de 2010

Iniquidad

Yo era de los que solía enunciar con cierta frecuencia que el ser humano nunca dejaba de sorprenderme. Ya no. Ya suelo decirlo más bien pocas. Hace tiempo que dejó de sorprenderme para pasar a asquearme directamente. Apenas ha transcurrido una semana de la que ha sido y es, sin duda alguna, la catástrofe natural más terrible de los últimos 100 años y en el lugar del desastre los muertos aún se pudren a miles en las calles cuando ya ha comenzado a aflorar una de esas facetas tan hija de puta, tan pérfida, tan aciaga, tan propia del ser humano. Gracias a Dios no de todo el género, pero sí de muchos de sus elementos más despreciables.

La codicia.

No me estoy refiriendo al tema de los saqueos, una actividad que, aunque deplorable, resulta plenamente comprensible en un contexto de extrema necesidad como el que discurre en Haití. En estos días se ha tratado de vivir o morir, literalmente, y contra eso no hay argumentos. Hablo de aquél que se lucra con la desgracia ajena, que cuanto más extrema resulta, más beneficios le reporta y al que la magnitud y la trascendencia de la misma —no olvidemos que no es sólo que Haiti haya sufrido una catástrofe natural. Es que ha desaparecido del mapa como nación, como entidad y casi como identidad— se la trae completamente al pairo. Ya comienzan a llegar las primeras noticias, los primeros ecos, de cómo las mafias revenden productos de primera necesidad a precios desorbitados, cobran por gestionar alguna conducción de agua rota de la que se han apropiado y sobre la que han montado vigilancia armada y trafican y abusan sexualmente con menores huérfanos. Y lo que nos quedará aún por leer.

Cada día me asquea más el ser humano, pero, sinceramente: no sé de qué coño me sorprendo.

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lunes 4 de enero de 2010

Que Dios nos coja confesados

El pasado 1 de enero, José Luis Rodríguez Zapatero accedió a la Presidencia Europea.

En el año 93, la letra de una canción del grupo Celtas Cortos enarbolaba como algo sumamente catastrófico que «...Si en España el aumento del paro / ya va por el tercer millón...». En la actualidad la cifra de parados supera ampliamente los cuatro millones, al margen de todos aquellos que, manteniendo su empleo —por el momento—, pasan por una situación realmente crítica. Que son muchos. La del 93 fue una legislatura tan caótica en tantos ámbitos y aspectos que obligó a que, a finales del 95, se convocasen elecciones anticipadas para el 96 (algo que muchos parecen no recordar). Las dos mayores crisis económicas que ha sufrido este país en los últimos 20 años (92-93 y la que adolecemos desde el 2008) han sucedido ambas bajo mandato socialista. Podríamos dejarlo en pura casualidad si no fuese porque la recuperación económica más sólida que ha sufrido nuestra más reciente historia ocurrió a partir del año 96, momento en el cual el equipo socialista fue instado, mediante las urnas, a abandonar el gobierno. Aún así, algunos ilusos prefieren atribuir dicha recuperación a la coyuntura que, de forma global, provocó una bonanza económica en todos los mercados a nivel mundial... Vale, digamos que de acuerdo, pero...

¿Ahora va a resultar que alguien que representa a un partido político con antecedentes tan sospechosos —bien sean casuales o causales—, alguien con un equipo de gobierno con miembros capaces de postular con ademán impasible que «el dinero público no es de nadie», alguien tan acostumbrado a meter mano en la caja y dilapidar el Erario como si éste no tuviese fin —Planes E de dudosa efectividad; subvenciones de todo tipo y pelaje (a nacimientos, a inmigrantes, a parados, a jóvenes); repartos a diestra y siniestra, sin ton ni son ni previsión, como el famoso de los 400 Euros del IRPF (que hubiese sido preferible que se quedasen en las arcas públicas, pero que, al fin y al cabo, carece de importancia puesto que se terminarán recuperando a base de subir los impuestos, no lo duden. Do ut Des)— con evidentes fines partidistas y/o populistas, no sólo dice que nos va a sacar de la miseria en la que nos encontramos inmersos sino que además, en un plazo de seis meses, los que durará su legislatura como presidente europeo, va a convertirnos en el pasmo de Europa?

Que Dios nos coja confesados

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lunes 30 de noviembre de 2009

El olor de la carroña

La pasada semana una niña de tres años fallecía en Tenerife tras ser ingresada en el hospital. Un primer parte de lesiones estimaba que la pequeña había sufrido abusos sexuales y una sistemática paliza que le había provocado varias lesiones de severa gravedad de las que finalmente no se repuso. A raíz de esta información fue detenido y puesto a disposición judicial el actual compañero sentimental de la madre acusado de abusar y golpear a la niña.

Un examen médico posterior determinó que la pequeña no había sufrido abusos sexuales. Ahora, la autopsia ha determinado que las lesiones que presentaba la niña son compatibles con las producidas de forma accidental al caerse de unos columpios, tal y como habían declarado desde el principio tanto el acusado y la madre de la niña.

Mientras tanto, habíamos crucificado a un no culpable.

Bien es cierto que resulta muy complicado mandar sobre los sentimientos personales. Que, de forma instintiva, uno tiende a desearle el peor de los males a cualquier malnacido capaz de llevar a cabo una barrabasada de ese calibre porque es consciente de que tamaños hijos de puta corren sueltos por el mundo. Y también sabe que, por desgracia, muchas —una gran parte— de las acusaciones de similar calado que salen a la luz terminan confirmándose como ciertas. Por eso, como digo, contra la repulsa personal derivada de los sentimientos y el instinto no se puede luchar.

Contra los titulares falaces, sí.

Porque lo que resulta del todo inadmisible es que desde un titular se juzgue y se sentencie. Porque un periodista de verdad debe luchar contra viento y marea por la veracidad de lo que publica. Porque titulares como estos debería causar la suspensión para el ejercicio del periodismo.


Aún no he visto a nadie pedir disculpas a cinco columnas, en la misma forma y formato en la que se acusó. Todo lo más, un pequeño recuadro de rectificación en el que achacan el error «a los datos del primer informe médico». Por supuesto, jamás a la prensa.


Ya no es «La mirada del asesino de una niña de tres años». Ahora ha pasado a ser «presunto agresor».

Vergonzoso.

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lunes 23 de noviembre de 2009

Vendedores de humo

Siempre he tenido el férreo convencimiento de que Alejandro Lerroux ha sido el político más nefasto que ha tenido la desgracia de sufrir este país —de reyes y gobernantes hablaremos en otra ocasión—. Si uno estudia con cierta atención la trayectoria política del mencionado, no puede dejar de maravillarse ante el cúmulo de disparates, despropósitos, corruptelas y sinvergonzonerías que se gestaron bajo su, gracias a Dios, breve mandato. Cobro de comisiones ilegales, prevaricación, cohecho, nepotismo, mala gestión... El hombre y su equipo de gobierno tocó todos, absolutamente todos los palos. El señor Lerroux alberga incluso el honor de haber enriquecido la lengua castellana siendo el responsable de la incorporación de algunos nuevos términos. La acepción popular de la palabra estraperlo —que inicialmente fue una marca comercial— fue acuñada como consecuencia de una de las decenas de corruptelas forjadas bajo su mandato y en la que estuvo implicado un sobrino suyo. No digo más. Como digo, con toda probabilidad, el político más nefasto que ha tenido ocasión de sufrir este país a lo largo de su dilatada historia.

Hasta la llegada al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.

El último conejo de la chistera se llama Ley de Economía Sostenible. Aparte de habernos sido dada a conocer en medio de un ejercicio de retórica vana similar al que suele tenernos acostumbrados ya este preclaro líder de las Españas con su discurso verborreico propio de tahures y vendedores de crecepelo, el hombre de las cuentas de colores se ha limitado a enunciar sin que le tiemble la voz ni el pulso que tiene en sus manos la solución a los problemas económicos que sufre este país. Así. Por las bravas. Y dos huevos duros. No se ha molestado en explicar cómo piensa sostener la aparente sostenibilidad de su plan, ni cómo va a financiarla, ni lo más importante: cuanto va a costar su solución a nuestros ya maltrechos bolsillos. Nada. Minucias. En un circense alehop, se ha limitado a aseverar que este viernes próximo abrirá la caja de la magia y desaparecerán todos nuestros problemas. Y todos nos preguntamos: si la solución era tan fácil y tan al alcance de la mano, ¿por qué no se ha puesto en práctica desde hace meses en lugar de marear la perdiz con Planes E y gaitas similares?

Sr. Zapatero: menos malabarismos, menos juegos de manos, menos trucos burdos de trilero y más soluciones reales. Los españoles, por norma, soportamos las maldades con un sorprendente estoicismo y poseemos una amplia capacidad de aguante y resignación, pero llevamos bastante mal los cachondeitos. Y el suyo empieza a ser bastante cargante.

Esperaremos al viernes próximo. A ver de quien son los muertos que tenemos que mentar esta vez.

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viernes 20 de noviembre de 2009

Nos hemos vuelto locos.

Titular de la noticia: «Un matrimonio lleva 16 meses con la casa ocupada y sin amparo judicial» . Al parecer, tras regresar de unas vacaciones en el 2008, un matrimonio se encontró con que su casa había sido usurpada por otros inquilinos, las cerraduras, cambiadas y requisados los efectos personales que dejaron en el interior de la vivienda antes de su marcha. Tras el inicio de las correspondientes gestiones judiciales, el asunto parece eternizarse porque un juez se niega a desalojar a los ocupantes aduciendo que estos «carecen de medios para encontrar otra vivienda». Ítem más, la casa es una vivienda social gestionada por el Patronato Municipal de la Vivienda de Barcelona por lo que los desalojados, aún habiendo sido forzosa e ilegítimamente desposeídos de su domicilio y constarle tal situación al mencionado Patronato, como adjudicatarios nominales de la entidad gestora deben continuar pagando el alquiler y las costas de la casa so pena de perder los derechos adquiridos sobre la vivienda social. Y en ese situación llevan desde hace 16 meses. (Fuente 1, Fuente 2 y Fuente 3)

Voy a tratar de averiguar algo más acera de los detalles del caso. Porque el asunto aparenta ser tan surrealista, tan kafkiano, tan estrambótico, tan esperpéntico, tan injustificable, tan aberrante, que no me cabe la menor duda de que deben existir matices que la prensa oculta, o al menos soslaya, en beneficio del efectismo de la noticia. Porque no puede ser verdad que la justicia funcione tan rematadamente mal en este país. Y si es verdad que funciona así de mal, muy muy crudo lo llevamos. Todos. A este paso, vamos a tener que ir aleccionando a las nuevas generaciones sobre su futuro profesional. Al parecer, lo más rentable en la vida será aspirar a usurpador de viviendas. O a pirata somalí que, visto lo visto, también se gana lo suyo de forma cómoda.

PS.- Al contrario que los medios de prensa, de forma consciente he evitado en el texto el empleo del término okupa. Se esté de acuerdo o no con tal filosofía —la del okupa—, las implicaciones ideológicas y morales que conlleva este concepto son de índole muy distinta a lo referido en el artículo. Los señores a los que se refiere la noticia son, simple y llanamente, delincuentes. Perdón. Presuntos. Que en este puto país, todos somos presuntos.

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viernes 13 de noviembre de 2009

Cuando la estética sustituye a la ética (II). Según depende

Reflexionando fría y tranquilamente sobre las imágenes que ilustran la entrada de ayer, me he sorprendido de las dimensiones que adquiere el asunto, bastante más profundas y menos maniqueas de lo a priori se puede apreciar tras visionar el impactante cortometraje. Porque una cosa es que nuestro instinto nos haga saltar ante el mensaje directo y sin ambages que se nos pretende mostrar —algo perfectamente lícito. Yo soy el primero que reconozco haber escrito ese post bajo el influjo de ese primer impulso— y otra, que nos paremos a reflexionar sobre el auténtico trasfondo que se pretende mostrar en él: el papel de los reporteros de guerra y la legitimidad de su relación con las entidades en conflicto. Su papel como personas, pero también como profesionales. «Eres reportero. Si quieres ayudar, hazte enfermera, cabrón», espetaba el curtido cámara de televisión José Luis Márquez, uno de los más reconocidos y mejores profesionales del mundo, a un dubitativo Pérez Reverte cuando éste, durante el asedio de Sarajevo y ante la dantesca barbarie presenciada, se planteaba echar una puntual mano a los equipos de ayuda que asistían a los heridos de un bombardeo o a las víctimas de un francotirador. Con cierta perspectiva, no dejo de plantearme que precisamente uno de los principales salvoconductos de este colectivo, el que siempre ha garantizado en cierta medida la integridad de sus miembros, es su carácter de profesional desplazado para hacer un trabajo concreto, abanderado por su aparente neutralidad, su no intercesión, ante el conflicto a cubrir. Estoy convencido de que ha sido precisamente la asunción de tal premisa la que les ha salvado al vida en más de una ocasión. Si los reporteros interactuasen siempre, por sistema y de forma abierta con una u otra de las partes en conflicto, haría tiempo que se habría vetado su presencia. O se les recibiría a tiros nada más verles aparecer. Y su autentica e invaluable labor, nada trivial, que supone informar y dar a conocer la verdad lo más desnuda posible —no olvidemos que así se ha ayudado a ganar muchas contiendas—, se perdería irremisiblemente.

Resulta evidente que el asunto adolece de más caras y aristas de lo que aparenta. ¿Tú que opinas?

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jueves 12 de noviembre de 2009

Cuando la estética sustituye a la ética

El problema no es la guerra. No sólo. No siempre.

El problema somos nosotros.

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viernes 30 de octubre de 2009

Mal cuerpo

Un psicópata, a pesar de resultar evidente de que hay algo que no funciona bien en su cabeza, no es un individuo irracional. Posee capacidad de razonamiento y no suele tener alteradas sus facultades mentales ni intelectuales. Muy al contrario. Suele ser capaz de razonar, en ocasiones, de forma brillante, y lo más importante: de diferenciar correctamente entre el bien y el mal. Para el psicópata dicha línea no es difusa —como podría serla para un individuo de carácter paranoide—. Un psicópata entiende perfectamente el límite que separa ambas. La cuestión es que dicho límite le importa un huevo. Un psicópata carece por completo de empatía para con sus semejantes y le da exactamente igual hacer el bien o el mal. No es que sienta una atracción especial por hacer el mal. Le da igual. Para él, ejercer cualquiera de las dos opciones tiene las mismas consecuencias: ninguna. Ni celos, ni remordimientos, ni placidez, ni bienestar. Su único objetivo es actuar en beneficio propio y con el fin de satisfacer sus propios intereses, inmediatos las más de las veces. El cómo y las consecuencias de esa actuación son lo de menos.

Y sin disculparla, soy perfectamente capaz de comprender esa actitud. Y, en cierta medida, de ponerme en su lugar. Yo fui capaz de crear alguien así. Se llamaba Mihail Vassiliev.

Pero por mucho que trato de imaginar, me declaro absolutamente incapaz de llegar tan siquiera a una aproximación de lo que pasa por la cabeza de un individuo capaz de ejercer violencia sexual contra niños y gozar con ella. Evidentemente algún chip de su cabeza no funciona correctamente, pero asumo que, al igual que el psicópata, es perfectamente capaz de distinguir lo que está bien de lo que no. De no ser así, no tratarían de ejercer tales actividades con la más estricta cautela y secreto. Y tengo meridianamente claro que, no teniendo mermadas sus facultades y siendo consciente de lo que su actuación comporta, sus actos deben ser condenados con todo el peso de la ley. El mayor peso posible.

Hoy leo en la prensa que el Tribunal Supremo ha decidido reducir en trece años la sentencia a un acosador sexual conocido como Nanysex que se hizo tristemente popular a raíz de su detención hace unos cuatro años al descubrirse que abusaba de niños cuya edad oscilaba entre algunos meses y los dos años aprovechando su condición de cuidador de los mismos, es decir, de canguro. Heroica gesta. Lo sorprendente es que el juez basa su decisión de reducir la condena en el hecho de que en la sentencia previa se aplicó incorrectamente el agravante de “abuso de confianza”. Claro. Ese suele ser el principal motivo por el que dejas a tus hijos en manos de alguien. Porque no te inspira la menor confianza. Y debido a esa circunstancia, supuestamente lógica, legítima y entendible, Nanysex -no olvidemos que el amigo es reo convicto y confeso- ha podido ver reducida su condena en trece años.

Quizá sea yo el que no entienda de estas cuestiones. Quizá se me escape algún detalle que no logro abarcar, pero hay cosas que, leídas de mañana temprano, te revuelven el cuerpo de mala manera.

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martes 27 de octubre de 2009

La zapatones

Nunca he sentido simpatía alguna por esa charlotada que llaman Halloween. No sé. Quizá porque no acabo de encontrarle la gracia a festejar el lado más sangriento y gore de la vida o porque su auge me pillara ya en edad de merecer, pero el caso es que el tradicional Día de Difuntos siempre me ha perecido una celebración mucho más digna en la que me da la impresión de que se honra con mayor respeto la memoria de aquellos que ya no están con nosotros. Pero, en cualquier caso, ésta no deja de ser una apreciación puramente personal y cada uno es perfectamente libre de conmemorar lo que le salga de los mismos. Faltaría más.

Lo que ya me parece el colmo del cinismo es la actitud de monseñor Sánchez, obispo de Guadalajara, que en unas recientes declaraciones viene a decir que «la celebración de la fiesta de Halloween provoca el riesgo de que un rito importado y de origen pagano desplace costumbres cristianas, arraigadas y beneficiosas para la sociedad». (FUENTE)

Y dos huevos duros.

Lo dice precisamente el representante de un culto que, desde tiempo inmemorial, ha practicado sin el menor empacho la astuta táctica del «quítate tú para ponerme yo», asimilando de forma oportunista entre sus onomásticas todo tipo de conmemoraciones de carácter local, fenómenos astrológicos, solsticios, fiestas paganas y celebraciones varias con el ánimo de desplazar y desvirtuar su carácter y sentido primigenio. Por ese motivo y no otro, el nacimiento de Jesucristo se celebra el 25 de diciembre cuando otras fuentes de cierta solvencia —por ejemplo, Clemente de Alejandría o Flavio Josefo. También está ahí la Biblia, uno de los textos más desvirtuados y manipulados de la Historia y aún así, plagado de indicios. Aconsejo la lectura de este documento aún a pesar del aparente sesgo de la fuente— especulan con cierta convicción que nació en otra fecha muy distinta. Pero es que la popular y ampliamente extendida celebración del Solsticio de Invierno era una celebración demasiado golosa como para dejarla escapar y no incorporarla a la propia liturgia, añadiendo adeptos a la causa aunque fuese de forma morosa.

Siempre hablan los que más tiene que callar. O como reza el dicho popular: «habló de puta la zapatones».

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miércoles 21 de octubre de 2009

Descargas en Internet

Toda argumentación en favor de la legitimidad de las descargas en Internet, tras decenas y decenas de vericuetos y subterfugios dialécticos, suele reducirse a dos asunciones viciadas desde su concepción: 1) que, bajo determinadas circunstancias y premisas, podría resultar lícito no sufragar el coste de producción de un bien que se pretende disfrutar; 2) que la naturaleza, trascendencia e importancia global de un bien de carácter cultural convierte en legítima la posibilidad de que su creador pudiera no ser recompensado por su trabajo. Es decir, se trata de convertir en lícito y vigente la expresión «el fin justifica los medios», máxima de la maquiavélica doctrina del Bien Superior que, enarbolada desde la antigüedad por los más despreciables tiranos de la Historia, les ha permitido obviar razones y equidades elementales respetadas desde el Derecho Romano —«Nemo plus iuris ad alium transferre potest quam ipse haberet»—.

Dos asunciones viciadas. Dos puntales que no se sostienen a poco que se socaven.

Todo lo demás son pajas mentales y brindis al sol.

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martes 25 de agosto de 2009

Sinvergüenzas

Al igual que al hijoputa, si algo caracteriza al sinvergüenza es su ausencia de fecha de caducidad y la carencia de limitaciones sociales, políticas o geoestratégicas en su desarrollo. Los puedes encontrar en los más diversos ámbitos, estratos y situaciones. Desde el sinvergüenza de andar por casa como suele serlo el treintañero nihilista de escaparate —«Nada es, todo fluye», «El desencanto social» y todas esas mamonadas que te permiten seguir chupando del bote— que aún convive con sus padres porque «la sociedad no está preparada para cubrir las necesidades de su generación, una generación a la que abandonaron en un marasmo presidido por la desidia, la desesperanza y la ausencia de oportunidades» —¡pobrecitos!— hasta el sinvergüenza comme il faut, podríamos decir que casi con pedigrí, capaz de estafarle, sin el menor ápice de remordimientos, la pensión recién cobrada a una anciana. Este último espécimen estaría más cercano a la deplorable categoría de sinvergüenza-hijoputa, sumum del proceso evolutivo en este tipo de clasificaciones.

Hoy la prensa reseña el caso de uno de estos ejemplares. De los de pata negra. Al parecer, un individuo ha llevado a los tribunales a sus hijos de 29 y 31 años a los que reclama una pensión mensual de 600 euros para poder sobreponerse a la calamitosa situación económica por la que pasa. Es decir, el menda le pide pasta a los hijos, estos se niegan y él los lleva a juicio. El peculiar enunciado, que ya chirría un poco por sí mismo, se viene abajo estrepitosamente cuando se descubre que, además, el susodicho abandonó a los demandados siendo niños, a la tierna edad de 7 y 9 años respectivamente, perdiendo desde entonces todo contacto con ellos. Hasta ahora que le han hecho falta. Y, según parece, eso fue lo mejor que puedo pasarle a los chavales pues el pater familias era de los de mano más bien larga.

La Audiencia de Murcia, además de desestimar el caso, ha condenado al demandante a abonar las costas del juicio. Y encima, el jeta solicita la condonación de las costas alegando «razones humanitarias».

Como declamaba recientemente un popular humorista en un sketch televisivo, «Poco tan dao, chaval. Poco tan dao».

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lunes 27 de julio de 2009

Qué magnífica oportunidad para quedarse callada.

Al parecer, Teresa Cunillera, a la sazón diputada y vicepresidenta primera del Congreso, carga las tintas contra Arturo Pérez-Reverte porque el mencionado escritor y academico, en una columna publicada hace un par de semanas («Esa gentuza»), pone de manifiesto que determinada clase política tira más bien a bajuna y sinvergüenza —el título del artículo es suficientemente revelador— y hace gala siempre que puede de su experto adiestramiento en el fino arte del chupar del bote y cobrar por el morro. El belicoso escritor, no carente de razón, centraba el objetivo de sus torpedos en los asiduos al Congreso de los Diputados.

Tan sólo una semana antes de que se publicara el artículo que escribió Pérez-Reverte y que ha sido objeto de las iras de la diputada, la señora Cunillera había sido galardonada por la prensa con el dudoso honor de ser una de las finalistas del premio «Desconocido en el Parlamento», otorgado por los periodistas a aquellos diputados cuyo reiterativo desprecio hacia sus obligaciones políticas se produce de forma más pertinaz y descarada. Al parecer, en lo que llevamos de legislatura, la señora Cunillera aún no se ha presentado en el congreso. O lo ha hecho en muy contadas ocasiones. Justo lo que Pérez Reverte denunciaba en su artículo.

«Habló de puta, la Zapatones», que decía un amigo, sería una frase que resumiría de forma bastante precisa la situación. Conociendo a Pérez Reverte, poco me equivoco si auguro ardorosas épocas de réplica y contrarréplica. Y de mentarse a las madres.

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martes 9 de junio de 2009

Estremecedor

Uno de los spots más descarnados e perturbadores que he tenido ocasión de contemplar acerca de la violencia contra las mujeres. El más vivo ejemplo de cómo presentar una situación cotidiana mil veces vista por nosotros y darle la vuelta hasta agarrarte por los cojones. Parece ser que, de tarde en tarde, la publicidad sí puede servir para algo. Mi enhorabuena a los creativos del spot.

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martes 12 de mayo de 2009

Medicación

—Buenas, tengo un terrible dolor de muelas y probablemente infección. Tengo puntitos blancos de pus en la encía. En otras ocasiones, el dentista me ha dicho que no puede hacer nada hasta que la infección remita. ¿Sería tan amable de darme una caja de DICORVIN, que me fue muy bien la otra vez que me lo prescribieron para el mismo problema?.
—Por supuesto, ¿me da la receta?
—Uh... No tengo receta.
—Lo lamento, caballero, pero no puedo expenderle un antibiótico sin receta médica.
—¿AUGMENTINE? ¿AMOXYPLUS? ¿Algo para que remita la infección?
—Lo lamento de veras. Es la ley.
—Bueno, al menos deme algo para este dolor hasta que pueda acudir al médico. El NOLOTIL en ampollas me suele calmar bastante.
—Como no, caballero. ¿Me da la receta?
—No, no tengo
—Lo lamento, pero no puedo expendérselo.
—¿TORADOL, quizá?
—Tampoco.
—¿ADOLONTA?
—Me temo que no.
—ENTONCES, ¿QUÉ COÑO PUEDE EXPENDERME SIN RECETA?
—Pues mire, ahora que lo dice, tengo por aquí unas píldoras del día después que, si quiere...

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Píldora del día después

Principio activo: LEVONORGESTREL

Reacciones adversas: náuseas, dolor hipogástrico; fatiga; cefalea; sangrado no relacionado con menstruación; modificaciones del estado de animo y libido; migrañas; palpitaciones, dolor torácico; HTA, venas varicosas; molestias abdominales; acné, cambios de pigmentación; síntomas urinarios; vaginitis, aumento de la sensibilidad mamaria, secreción mamaria; pérdida de peso; alteración del ciclo menstrual.

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PS.- En los últimos días estoy bastante ausente. Lo sé. Al tiempo dedicado a pulir y corregir mi última novela —que quiero esté terminada del todo a lo largo este mes— y a los distintos compromisos que me van surgiendo he tenido que sumarle la inesperada y desafortunada visita de un cabrón de virus informático que me ha mantenido ocupado full time durante cuatro días hasta que he podido deshacerme de él. A los que me han preguntado por EMAIL gracias por el interés mostrado, pero no, no pienso dejar el blog. Tan sólo que hay etapas y etapas. Y ésta es de las que voy de culo.

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lunes 13 de abril de 2009

Recusaciones

Que González Sinde no sea la persona más adecuada para ostentar el cargo que le ha sido asignado no lo discuto. Por muchos motivos. Que uno de ellos sea su pública y manifiesta animadversión hacia las descargas incontroladas —note el lector que empleo el término «incontroladas» sin entrar en cuestiones acerca de su legalidad o, más bien, legitimidad— de contenidos en Internet es harina de otro costal. De un costal amoral que ni valora ni respeta el fruto del esfuerzo ajeno.

Quizá acudan voces acusándome de indocumentado tecnológico, de no tener ni idea de lo que hablo, de no tener consciencia ni entidad de lo que supone la Red. Pero antes de que muchos de los adalides de lo que se esconde tras ese espurio postulado que supone «la libre circulación de la cultura» supieran lo que era un MODEM, yo ponía de mi bolsillo el dinero y los medios para que la gente se comunicase libremente ejerciendo de backbone en una red de mensajería electrónica y lo hacía de forma altruista, por el mero placer de defender una idea en la que creía (Fidonet 2:341/52 para los curiosos). Yo he sido el cauce a través del que fluía información en varias redes telemáticas cuando en este país el acceso masivo a Internet era tan sólo una quimera. Yo he navegado con Mosaic y accedido a Compuserve como único camino para jugar en las ligas mayores de la información. Yo me he conectado a Internet a través de Trumpet Winsock.

Yo he plantado la semilla de esa sociedad de la información mucho antes, mucho más y con mucha más conciencia de lo que algunos pelagatos a los que se les llena la boca de socialización cultural lo harán durante el resto de su vida.

Y pudo asegurar que no resulta agradable contemplar como determinadas personas prostituyen y bastardean el noble concepto en el que yo empleé nueve años de mi vida.

Que no me vengan con hostias.

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miércoles 25 de febrero de 2009

Cuestión de perspectiva

Hace dos noches, en Lazkao (Guipúzcoa), ETA atentó contra la Casa del Pueblo del PSE de la localidad. La bomba causó numerosos destrozos aunque, por fortuna, no hubo que lamentar desgracias personales.

Emilio G. es un joven cuyo domicilio se encuentra ubicado justo encima del local que ocupaba la Casa del Pueblo. Emilio G. reformó y rehabilitó esa casa, poco a poco, día tras día, con sus propias manos y el sudor de su frente, hasta convertirla en su futuro hogar y el de su novia. Emilio G. es ahora dueño de un montón de escombros que amenazan ruina de un momento a otro. Emilio G. es testigo de cómo borrokillas, batasunos y demás ralea del pueblo bromean y se ríen de las circunstancias por las que atraviesan diversos vecinos afectados, todos con viviendas próximas al lugar del atentado y en una situación similar a la suya. Emilio G., humillado, furioso y armado con una maza, se presenta en la herriko taberna del pueblo, santuario y lugar habitual de reunión de la calaña antes mencionada, y al grito de «vosotros habéis jodido mi casa, ahora yo joderé la vuestra», la emprende a golpes con todo lo que se le pone delante: portones, cristales, un televisor, botellas, la maquina registradora, la cafetera... Tampoco hay que reseñar desgracias personales. Empate a uno.

Emilio G. es detenido y acusado de un delito de daños contra la propiedad. Quienes atentaron con una bomba de 8 kilos de Amonal contra el inmueble en el que se ubicaba su domicilio continúan libres.

Emilio G. tiene que contemplar cómo, dos días después, las calles del pueblo donde reside se llena de decenas de pasquines con su nombre acompañado de un texto acusatorio: «Erasotzaile faxista (agresor fascista)».

Tócate los cojones.

Me encantaría saber como se dice en euskera «Defensa propia». Para ayudar a hacer pasquines.


PS.- Me gustaría creer que este suceso es representativo de dos circunstancias: a) de que la gente en Euskadi ya está hasta los cojones y cada vez más se hace consciente de que estos cabrones están arruinado las vidas de sus propios conciudadanos en lugar de proceder a la defensa que tanto enarbolan y b) de que, aún a pesar del evidente riesgo que entraña enfrentarse a estos cobardes impresentables, la gente cada día está menos dispuesta a vivir con miedo y a guardarse la rabia.

De veras que me gustaría creerlo.

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viernes 20 de febrero de 2009

De pandereta, oiga,...

...lo de los jubilados que se apuntaron a una excursión a Portugal y terminaron en un mitin electoral de Anxo Quintana, líder del BNG. Surrealismo puro. No sé si podría ser constitutivo de delito de estafa pero, en estricto senso los jubilatas terminaron aflojando 15 euros de su bolsillo por asistir engañados a un mitin político (¡¡!!) y aún desconociendo los detalles exactos y la letra pequeña de los términos de contratación de la excursión programada, lo que es mala fe en este asunto... parece que la ha habido a puñados. Y rostro. Mucho rostro.

Y los ancianos indignadísimos —como no podía ser de otro modo— porque han tratado de tomarles el pelo con la cosa de que son viejos y no se enteran. Argumentan que han sido manejados como ganado, como moneda de cambio, como contingente de tropa y que han pagado 15 euros de su bolsillo —lo relevante tampoco es el importe, es el detalle— para terminar soportando las insidias de un grupo de sinvergüenzas idolatrándose de sí mismos al más puro estilo caciquil de tiempos pretéritos. Y razón no les falta. Al menos, los antiguos caciques te pagaban el viaje y te daban un bocadillo. Ahora, incluso te toca pagar a ti.

Si es que es para correrlos a gorrazos hasta la frontera. Con Portugal.

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martes 17 de febrero de 2009

Corralito

¿Qué garantía, qué clase de confianza puede ofrecer una entidad bancaria que se niega a cumplir un acuerdo previo con un cliente argumentando que, aún habiéndolo pactado previamente, no está en disposición de llevarlo a cabo?

Imaginen la siguiente situación: a través de un acuerdo financiero, una persona acepta la recepción de un determinado montante económico cedido por una entidad bancaria —un crédito hipotecario, por ejemplo—, con la condición de proceder a su restitución en plazo y forma preacordada. Llegado el momento, ese alguien se excusa de su restitución arguyendo dificultades de liquidez y lo mejor que puede ofrecer para paliar la situación es posponer un plazo de dos años la devolución de ese importe , haciendo caso omiso, pasándose por el forro y convirtiendo en papel mojado las condiciones previamente pactadas.

Eso es lo que, invirtiendo los papeles, ha ocurrido con SCH Banif Inmobiliaria. Ni más ni menos.

En otros países, a eso se le llama corralito.

Al parecer, desestabilizar la economía de una entidad bancaria no es permisible. Desestabilizar la de una familia hasta el punto de abocarla al impago de sus obligaciones la convierte en acreedora de un delito punible.

Como postre y para colmo de la desvergüenza, durante esos dos años de moratoria, SCH continuará cobrando las oportunas comisiones por administración y custodia del fondo —aunque la entidad ha ofrecido una rebaja porcentual como muestra de buena fe—, es decir, como apunta el analista Fabian Sinibaldi, «administran mal mi activo, pierdo dinero, no me dejan recuperar lo que queda y además me cobran por retenerlo en contra de mi voluntad.». Lo sangrante del asunto resulta ser que, según las últimas cuentas publicadas por la entidad, sus beneficios ascienden a 8.876 millones de euros. Y aún así, la premisa parece ser arañar hasta el último céntimo.

Mal. Vamos muy mal. Y no queremos hacernos conscientes del pozo en el que nos encontramos inmersos.

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lunes 19 de enero de 2009

La evolución de los especimenes

Publicado el 10/01/2008

Zapatero acusa de antipatriotas a quienes hablan de crisis económica

«Crear alarmismo injustificado es lo menos patriótico que conozco» fue la frase más suave que le dedicó al presidente del PP, a quien pidió «unas gotas más» de patriotismo y de «honestidad intelectual» para reconocer que las turbulencias actuales son pasajeras. [...] Zapatero negó que estemos ante una crisis. Echó mano de la macroeconomía y de la expectativa de buenos datos de consumo navideño para replicar a quienes hablan de recesión. Lo que ocurre, insistió, es que «la construcción está bajando hasta niveles de normalización y con ello el patrón de crecimiento de la economía español se está saneando».



Publicado el 29/04/2008

Zapatero vuelve a tachar de antipatriotas a quienes exageran la situación económica

Según declaraciones efectuadas en el programa 59 segundos de TVE-1, la actitud de quienes exageran la actual situación económica puede ser tildada de «antipatriótica, inaceptable y demagógica».

«Tenemos superávit en las cuentas del Estado y en las de la Seguridad Social porque hemos hecho una buena política económica durante los últimos cuatro años», argumentó Zapatero. «Y aunque estamos peor que hace un año, nuestra economía tiene potencial de futuro. Ya hemos superado a Italia, y vamos a superar también a Francia en renta per cápita», pronosticó. «La previsión de paro que se puede esperar en los próximos años siempre será mejor que la mejor que tuvo el PP de Aznar».



Publicado el 18/01/2009

"Hemos utilizado todo el margen que teníamos contra la crisis", declara Pedro Solbes

Pedro Solbes (Alicante, 1942) acaba de hacer el ejercicio de realismo que se le reclamaba hace meses. El pasado viernes lanzó las peores cifras de la historia reciente, con caída del PIB en 2009, un paro de cuatro millones y un superávit público que se ha volatilizado. Desde su despacho en el Ministerio de Economía, el vicepresidente económico parece más cómodo con la verdad, aunque duela.



Pandilla de hijos de puta. Es lo que suele ocurrir cuando, en pleno ataque de soberbitis altanera, se escupe hacia arriba. Que suele terminar cayéndote encima.

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jueves 8 de enero de 2009

Ni tanto ni tan calvo

Descubro con cierto estupor esta noticia. Según la legislación china —que tampoco es que sea garante de máxima justicia ni santo de mi devoción—, el delito de corrupción llevado a cabo por un cargo público está penado con la pena capital. Sentencia de muerte. La mayor medida de gracia a la que se puede optar es que, durante la suspensión cautelar de la condena (unos dos años desde que se dicta sentencia hasta que ésta se ejecuta), si demuestras arrepentimiento y buen comportamiento, la pena es conmutada por una misericorde cadena perpetua.

En este bendito país en el que vivimos, el delito de corrupción política esta penado con dos orejas, rabo, vuelta al ruedo y salida a hombros por la puerta grande como demuestra la reciente situación vivída por cierto impresentable marbellí que, nada más terminar de cumplir una irrisoria condena de 2 años y medio por trincar una jartá de Leuros, se dedicó a redimir su culpa y su vergüenza volviendo a chupar del bote y amortizando su amarguisima desdicha a base de apariciones televisivas en Ana Rosas, Corazones, Salsas Varias, Norias, y demás etcéteras. Of course, talón mediante. Y lo que más me repugna es que, en el fondo, somos nosotros mismos los que, con nuestra aquiescencia —tácita o no—, ayudamos a que personajillos como el mencionado sean aupados en pedestales para que vivan a cuerpo de rey y se ganen la vida a base de contarnos hasta la saciedad cómo nos han engañado, vacilado, timado y expoliado.

El problema no es que la Justicia sea ciega. Es que los ciegos somos nosotros.

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jueves 18 de diciembre de 2008

Nuestros banqueros no son de este mundo

Leo en la prensa:

«El Gobierno ha utilizado un Real Decreto de prevención del fraude fiscal para rebajar la fiscalidad de los grandes accionistas de los bancos, los miembros de sus cúpulas, sus altos ejecutivos y toda su familia incluyendo tíos y sobrinos. Dicha fiscalidad se reducirá de un 43% a un 18%».

Es decir que, según la actual ley fiscal vigente en este país y al margen de fraudes manifiestos, todo español (deportista, abogado, médico, escritor, músico o tornero fresador) que percibiere rentas por encima de un determinado importe —los famosos gravámenes y coeficientes— estará obligado a entregar a la Hacienda pública un 43% de sus ingresos. Hacienda somos todos. Y todos somos iguales aunque uno seamos más iguales que otros. La cuestión es que, hasta ahora, era así también para los banqueros. A partir de ahora, no. Por decreto ley propugnado y aprobado por un gobierno que se dice socialista y obrero. Con dos cojones.

Al parecer, nuestros banqueros no son de este mundo, O al menos, no son españoles. En cuanto a fiscalidad se refiere.

Estamos hablando de un sector que entre ayudas estatales e inyecciones de liquidez ha recibido o está en trámite de recibir 250.000 millones de euros. Y que, a pesar de ello y con la que está cayendo, siguen publicando sus balances trimestrales, no con pérdidas, sino con obscenos porcentajes de beneficios.

No, es evidente: los banqueros de este país no son de este mundo. Ni los políticos tampoco. Son de otro al que deploraría pertenecer.

PS.- Y encima el escritor Francisco Casavella, último premio Nadal, va y se muere. Mierda.

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miércoles 26 de noviembre de 2008

Dicen que fue de pena

Ayer, a los 85 años, falleció Violante. Dicen que fue de pena.

Probablemente el nombre de esta mujer les diga poco. Residía en su casa de la huerta murciana junto a su marido, Pedro Camacho, desde 1946. En abril del 2006 el ayuntamiento acordó expropiar el terreno en el que se asentaba su casa para integrarlo en un nuevo plan urbanístico, muy posiblemente, de carácter especulativo. El consistorio acordó asignar a la pareja una nueva vivienda de protección oficial, a lo que el matrimonio no se negó —«así tendrá que ser», dicen que dijeron—, pero puso ciertos reparos a que el nuevo realojo se llevase a cabo en un piso. Tras sesenta años de vivir en la huerta, acostumbrados a unos determinados hábitos de vida, la nueva ubicación les resultaba extraña, incómoda, ajena. Solicitaron una reubicación en otro lugar, «en una casa sencilla, humilde, pero en la huerta», incluso de menor valor que el piso que inicialmente se les asignaba, pero, al menos, en similares condiciones y prestaciones a las de su anterior vivienda —su patio, su huerto, su limonero, sus plantas, sus animalillos— sin las que, habituados a ellas como lo habían estado durante sesenta años, en un terreno que legítimamente era suyo —no lo olvidemos—, la vida diaria se les haría muy cuesta arriba. Con el terreno ya expropiado y la piqueta a punto de caer sobre los muros de la casa de Pedro y Violante, el ayuntamiento se negó a atender la solicitud de los dos ancianos aduciendo que ese tipo de infraviviendas estaban en franca extinción dentro de la huerta murciana y que no podían proporcionarles una de similares características a la del objeto de la expropiación. Pleitearon. Y, en primera instancia, un juez, en una sorprendente —por lo humanitario de las razones esgrimidas— sentencia, les concedió la razón, permitiéndoles permanecer en su casa, reseñando en el auto «las graves consecuencias que para la salud del matrimonio de ancianos podría conllevar su desalojo y no realojo en condiciones similares» y procediendo a la paralización del derribo «en tanto no tenga lugar su realojo provisional en vivienda de similares condiciones a las del entorno de la expropiada». El consistorio recurrió dicha sentencia. Y ganó. El pasado mes de junio, el tribunal superior de Murcia instó de nuevo al desalojo de la pareja de ancianos «en aras del bien común» aun a sabiendas de que «el abandono de su vivienda podía ocasionar perjuicios a la pareja».

El pasado 17 de julio, los ancianos desalojaron de forma definitiva la que había sido su vivienda durante los últimos sesenta años de su vida. Al día siguiente, la casa fue derribada. Hace un mes, Violante ingresó en un hospital aquejada de diversas dolencias. El 10 de noviembre, el propio parte médico incidía en el alarmante deterioro sufrido por la mujer y su directa relación con el desalojo sufrido pocos meses antes.

Ayer, a los 85 años, falleció Violante. Dicen que fue de pena.

Y ocurrió en una sociedad en la que una gaviota, una cigüeña o una cagada de lince es capaz de paralizar la construcción de una autopista. Pero la vida de un ser humano, no.

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lunes 10 de noviembre de 2008

Vergüenza torera

Amanece un nuevo día, plomizo y gris. Un día triste. Un día en el que una noticia copa los titulares de gran parte de los medios de comunicación: la muerte de dos soldados españoles en Afganistán a manos de un suicida fundamentalista. Triste por lo que siempre tiene de lamentable la muerte del cualquier ser humano, pero más penosa aún por la ignominiosa situación a cuya merced van a quedar, sin duda alguna, los familiares de los soldados fallecidos y los propios heridos. Por la vergonzosa dinámica en la que, pasados los primeros momentos de dolor y duelo, van a tener que sumergirse. Porque si ya es penoso tener que vivir día a día con la pavorosa incertidumbre de tener un hijo, un hermano o un padre cumpliendo con su cometido en una zona de conflicto armado, más doloroso resulta aún el que, tras haber enviado tropas a una zona de combate —aunque sea en misión de paz—, la situación de los soldados allí desplazados pase de facto a quedar relegada a una especie de tierra de nadie, a un profundo y oneroso limbo legal en el que todo el mundo se lava las manos en el caso de que ocurran desgracias como las sucedidas en el día de hoy. A efectos legales y administrativos, dichos soldados —muertos o heridos— no serán reconocidos como victimas de terrorismo porque, en efecto, se encuentran en zona de combate; pero tampoco serán considerados bajas de guerra porque, en efecto, no están en una guerra: se encuentran allí en misión de paz. Y así, a raíz de esa perfidia administrativa, entrarán en un circulo vicioso de lo más corrompido donde la administración, en lugar de reconocer la labor de nuestros soldados allí desplazados con la gratitud que estos merecen, se dedicará a pasarse la patata caliente de un lado a otro sin saber que hacer ni albergar la más mínima voluntad de hacerlo.

Si quieren conocer con mayor precisión de qué les hablo, recurran a la lectura del excepcional libro Lobo en el purgatorio escrito por Alfonso Ruiz de Aguirre en el que se narran las surrealistas desventuras —autenticas. El libro es un ensayo, no una novela— sufridas por dos soldados del ejercito español destinados en Iraq tras resultar heridos en una emboscada en Diwaniyah en el 2004 y el vergonzoso trato recibido tras regresar a su tierra —que es la nuestra—, donde absolutamente todas las entidades y administraciones —empezando por el propio ejército— les dieron de lado después de haberse jugado la vida en un país tan extraño como inhóspito por orden de sus mandos y en aras de la legalidad vigente.

Esperemos que, en esta ocasión, el gobierno español tenga la decencia de no negar lo evidente. Aunque sólo sea por mero respeto a los fallecidos, a los heridos y a todos nosotros.

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viernes 24 de octubre de 2008

Arrepiéntete. Es gratis.

Sociopatas en el sentido más canónico del término —entendido como aquel comportamiento que rechaza cualquier clase de sentimiento empático hacia tus semejantes—, dos de los jóvenes que rociaron con líquido inflamable y prendieron fuego a Rosario Endrinal, una indigente que pernoctaba en el vestíbulo de una sucursal bancaria, han sido, al fin, juzgados y su caso, visto para sentencia. Ambos, en sus alegaciones finales, piden perdón. Declaran que se trató de una lamentable serie de circunstancias puntuales, que fue una única y estúpida locura cometida bajo la influencia del alcohol y que se les fue la mano cuando sólo pretendían molestar un poco. Pero la mano no se va si no la mueves en una determinada dirección. Fuentes cercanas a su entorno afirman que, de forma habitual, ambos inculpados solían insultar y vejar a todo mendigo que se cruzaba en su camino. Que lo grababan con la cámara de su móvil a modo de trofeo. Y que lo llevaban a cabo por el mero placer de hacerlo. Los dos individuos aseguran estar muy arrepentidos de sus actos y no me cabe la menor duda de ello. Estoy convencido de que están realmente arrepentidos del revuelo organizado, del lío en el que se han metido, de haber arruinado sus vidas, de haber mostrado a todo el mundo la autentica naturaleza que se esconde tras el monstruo que se aloja en su interior, pero... ¿están realmente arrepentidos de haber infligido dolor y causado la muerte a otro ser humano? Yo, sinceramente, albergo serias dudas de ello.

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miércoles 24 de septiembre de 2008

Desvergüenza

Ex alcaldesa de Marbella. En sus distintas intervenciones en los medios acredita aspecto de vedette venida a menos tras la época del destape y ademanes patibularios. Su nombre suele salir a relucir a poco que se remueva la mierda en diversos asuntos con distintos niveles de turbiedad. Años atrás reformó su casa por un importe de 900.000 euros —aún me pregunto qué tipo de obras debe implicar una reforma cuyo valor es el equivalente al de cuatro viviendas de coste medio—. Ante su negativa a abonar la deuda contraída, un juzgado de Marbella embargó de forma preventiva su vivienda. Hoy, ante la inminente salida a subasta del inmueble, la Doña consigna en depósito el importe de la deuda para evitar la expropiación. 940.000 euros. De golpe. Puestos uno sobre otro en una cuenta del Juzgado de Marbella. Lo que yo no ganaré en toda mi vida trabajando —ni aunque pudiese contar con tres existencias y dos reencarnaciones—, una persona sin mayor oficio ni beneficio que el de haber ostentado en el pasado un cargo público de relevancia media —alcaldesa de una población de Málaga— lo consigue con un chasquear de dedos. Lo cual, en estos tiempos de crisis, no deja de tener su mérito. Con dos ovarios.

No sé qué me molesta más: si la evidente desvergüenza o la desfachatez de restregárnoslo por las narices.

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jueves 14 de agosto de 2008

Una bellísima persona



(c) Gallego & Rey
Jesús Neira, el ciudadano que intervino en una supuesta agresión a una mujer en plena calle, se debate entre la vida y la muerte en un hospital de Madrid. La mujer aparentemente agredida declara que su presunto agresor «es una bellísima persona que tuvo un mal momento». Una «bellísima persona» que deja en coma a golpes a otra por salir en defensa de alguien al que él mismo estaba agrediendo momentos antes.

Una «bellísima persona»...

Pero lo que más me enerva de este asunto son otras declaraciones —recogidas por la prensa— de la supuesta agredida:

"Si Jesús Neira no hubiera intervenido, no hubiera ocurrido nada. En ningún momento son malos tratos", apuntó la mujer.

¿Pues qué quieren que les diga? Allá con su pan se lo coma la próxima vez que la «bellísima persona» la maje a palos en una esquina, pero flaco favor hacen estas declaraciones al resto de victimas de violencia doméstica: auténtica apología del desentendimiento. Cada uno a lo suyo y Dios a lo de todos. La consigna es «no intervenir» para que «no ocurra nada».

Por fortuna para todos, aún quedan personas como Jesús Neira. Aunque intuya que a él y a su familia estas circunstancias le supongan un pobre consuelo. Máxime escuchando declaraciones como las emitidas por la descerebrada esta.

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martes 5 de agosto de 2008

Tanto gilipollas y tan pocas balas



Remitiéndonos a la cita de un clásico del cine como Ford Fairlane —no empecemos con acusaciones de apología de la violencia que nos vamos conociendo—, nos llegan las declaraciones de Joan «Pepito Piscinas» Puig en defensa de Lluis Suñe, llamando «malnacidos» a los extremeños por su ingratitud ante los manifiestos y continuos gestos de solidaridad del pueblo catalán para con ellos. El asunto lo denuncia y enuncia, todo alegre y ufano, un personaje con el mismo aspecto —y la misma calidad intelectual— que el hermano desheredado de Bartolo, el personaje creado por los humoristas Cruz y Raya, cuya mayor autoridad moral proviene de pintar esvásticas sobre logotipos de compañías aéreas, lanzarse a bomba en piscinas ajenas o autorrecalificarse terrenos de su propiedad siendo concejal en Blanes.

No, si al final terminarán por hacer bueno al impresentable de Lluis Suñe.

Qué mala suerte para los honestos ciudadanos de Cataluña el tener que soportar a semejantes menesterosos culturales, bobos y mezquinos, entre sus dirigentes políticos. Qué mala suerte.

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jueves 31 de julio de 2008

Apadrina a un imbécil

Responde al nombre de Lluís Suñe, a la sazón portavoz de ICV-EUiA en el Ayuntamiento de Torredembarra. Adolece de demagogia extrema, indigencia intelectual, mala baba e idiocia suprema. Dice representar a una coalición política que se ufana de su compromiso con las causas honestas, con la justicia social y con la lucha en contra de la desigualdad. Posee maneras de señorito chulesco y se dedica a emplear la imagen de dos niños, con apariencia de necesitados por más señas, para poner en imágenes la expresión de un pensamiento insidioso, hiriente y malintencionado —«una broma», argumenta el susodicho—. Por sus hechos los conoceréis. Desapareció hace horas cuando, ante la tremenda metedura de pata, agachó las orejas y salió por la puerta de atrás —que junto con la socorrida «sostenella y no enmendalla» (véase la didactica ponencia «Solbes y el uso de cien circunloquios posibles para referirse a algo que no existe y que se llama "crisis"») suele ser la típica actitud cobarde de todo político que se precie—. Se desconoce su actual paradero. Se desea que se siga desconociendo por los siglos de los siglos.

En caso de ser hallado, se gratificará a quién se lo quede.

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