Mentiras completas y verdades a medias



jueves 4 de marzo de 2010

Back to the house...: rock en estado puro. Génesis y evolución

En 1989, durante el rodaje de la película Roadhouse, —un típico blockbuster ochentero bastante deficiente en muchos aspectos salvo en el musical—, se cruzan los caminos de los músicos Tito Larriva y el guitarrista tristemente desaparecido Jeff Healey. Las bandas de ambos (The Cruzados y Jeff Healey Band) participan en el film como actores y como músicos —aunque el papel de Healey es bastante más extenso limitándose el de Larriva a poco menos que un cameo— . Ambos músicos congenian y a resultas de esa relación, Larriva le cede a Healey una canción, The house that love built, que el genial guitarrista ciego terminaría por incluir en su álbum Feel this (1992). Un grandioso y contundente tema de rock al que Jeff Healey le imprimió su sello más característico: un sonido de guitarras endiabladamente incendiarias.

[Lo lamento. No he encontrado ninguna versión enlazable del tema original]

Años más tarde, durante el rodaje de la película Desperado (1995), su director Robert Rodriguez invita a participar en la banda sonora del film a Tito & Tarántula, la re-re-re-refundada banda de Tito Larriva tras su paso por The Plugz y The Cruzados. Con el fin de incluirlo en la película, Larriva decide revisitar su antiguo tema. Lo reescribe y lo transforma. La inspiración de ambas versiones es idéntica —hay frases, versos y estribillos que prácticamente se repiten de manera literal—, pero su evolución musical y melódica lo convierte en algo muy diferente, más maduro, más profundo, más intimista, con más alma, acercándolo más a ese sonido fronterizo que Larriva cultiva con innegable maestría. El tema gana bastante con su evolución. Mucho. Y con él nace uno de los más grandes y más minusvalorados temas del rock de los últimos 20 años: Back to the house that love built


En el año 2004, Robert Rodriguez decide producir y lanzar Mexico and Mariachis, un disco recopilatorio con música inspirada e inspiradora de su trilogía El Mariachi. Para su inevitable inclusión en el disco, la canción Back to the house... conocerá una nueva versión acústica. Según palabras del propio Robert Rodriguez, durante un descanso en el rodaje de Desperado había escuchado a Larriva ensayar el tema con una guitarra acústica y el resultado le había resultado fascinante. Y esa fue la versión que quiso incluir en el recopilatorio. La canción sigue siendo una indudable joya, pero su interpretación pierde gran parte de su garra respecto a la versión original —particularmente en su estribillo—.


Una última curiosidad. Husmeando por esa extraordinaria biblioteca de Alejandría visual en la que ha terminado por convertirse Youtube me he encontrado con Bloosers, un ignoto grupo de origen checoslovaco que interpreta una más que digna y elogiable versión del tema, con unas guitarras casi tan potentes como la versión original. Disfrútenlo.

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miércoles 3 de febrero de 2010

Mashup!

No, no he estornudado. Se llama así. Mashup o Bastard Pop. El invento consiste en poner en práctica diversos arreglos de producción musical consistentes en tomar la base rítmica de una canción y la línea melódica de otra y mezclarlas con mayor o menor fortuna. La cosa se puso muy de moda en los años 90 durante la explosión del Hip Hop y el Rap surgiendo multitud de temas en los que, sobre las bases de canciones más menos conocidas, los B-Boys soltaban su fraseo. Posteriormente y gracias a la accesibilidad de las nuevas tecnologías, el entretenimiento fue popularizandose, expandiendo hacia otro tipo de géneros musicales y tornándose más complejo con la mezcla de elementos de tres o más canciones.. Existen verdaderos artistas del Mashup que miman hasta el más mínimo detalle del ritmo y el tempo de los temas que mezclan, encajando cada fraseo en los correspondientes compases y logrando como resultado auténticas virguerías. Hoy ha llegado a mis oídos una de ellas y quiero compartirla con vosotros.


Aunque hay otros ejemplos bastante buenos, curiosos y originales.



Buscadlos por YOUTUBE. Pasaréis un rato entretenido.

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miércoles 2 de diciembre de 2009

These colours don't run

La noche en la que Iron Maiden tocaron como nunca. O cómo uno de los momentos más vergonzosos de la música rock se convirtió en algo épico.

El Ozzfest es un festival anual de música rock que se celebra en Estados Unidos —y, ocasionalmente, en Europa— desde 1996. Surgió a raíz de la negativa de los organizadores del festival de Lollapalooza de incluir en la edición de ese año la participación del músico Ozzy Osbourne (por motivos nunca aclarados del todo). Como desagravio, Sharon Osbourne, esposa del mencionado músico, y su hijo Jack decidieron organizar su propio festival paralelo obteniendo una respuesta tan positiva por parte del público que les llevó a convertir el Ozzfest en una cita anual.

En la edición del año 2005, uno de los principales invitados y cabeza de cartel del Ozzfest es el grupo británico Iron Maiden. Pocos días antes de la celebración del festival, Bruce Dickinson, cantante y frontman de la banda, se descolgó con unas declaraciones quizá poco afortunadas en uno de los medios para el que fue entrevistado. Las declaraciones versaban sobre la participación de la familia Osbourne en un popular reality show (The Osbournes) auspiciado por la cadena MTV y se refería a dicha participación con palabras despectivas calificando el espectáculo poco menos que de «circo estúpido y bochornoso». Como es de suponer, las declaraciones de Dickinson no cayeron muy bien en el entorno de la familia Osbourne, a la postre, organizadores del Ozzfest.

El conflicto parecía servido.

El 20 de agosto de 2005, pocas horas antes de la actuación de Iron Maiden, Sharon Osbourne, en compañía de su hija Kelly, convoca a una serie de amigos cercanos a Ozzy Osbourne (los miembros del grupo Black Label Society y alguno más) y los insta a boicotear el espectáculo de los británicos. Se arman con docenas de huevos, cubitos de hielo y tapones de botellas y al más puro estilo mafioso —desplazando de su sitio a algunos de los asistentes que llevaban allí esperando durante horas para coger los mejores puestos— hacen uso de sus pases de backstage para ocupar las primeras filas del pit, las más próximas al escenario.

El show da comienzo en torno a las 22:00. Ajenos a la encerrona, el grupo Iron Maiden arranca su actuación con el tema Murders in the rue Morgue. Nada más comenzar, una lluvia de huevos, vasos de cerveza y escupitajos cae sobre ellos mientras un imbécil apodado «Big Dave», perteneciente al círculo más íntimo de los Osbourne y que suele ejercer como presentador y maestro de ceremonias de los conciertos de Ozzy y de la Black Label Society, se dirige a la mesa de sonido, desenchufa los cables que surten de electricidad al escenario y comienza a berrear por megafonía coreando el grito de «¡Ozzy, Ozzy!». La primera en la frente. Una vez restablecido el fluido eléctrico, Iron Maiden trata de hacer caso omiso a la provocación y continuar con el show, pero se les nota tensos, furiosos por la falta de seriedad y profesionalidad de la propia organización. Arrancan con su segundo tema, el emblemático The Trooper y, como viene siendo habitual, Dickinson interpreta el tema vestido de soldado de caballería británico mientras ondea la bandera de la Union Jack, una puesta en escena acorde con la letra de la canción y que la banda ha venido practicando durante los últimos quince años. Desde el grupo de personas más cercano al escenario arrecian los abucheos y alguien del círculo de Ozzy salta al escenario enarbolando una bandera americana y las palabras Don't fuck with Ozzy garabateadas en su pecho desnudo. El servicio de seguridad de los Maiden lo reduce de inmediato y lo expulsa del escenario. La lluvia de huevos arrecia y el incidente termina por hacer explotar a un indignadísimo Dickinson que desde el escenario grita «Bastards!, this is the fucking british flag and these colours don't run» (proféticas palabras que, a posteriori, darían lugar al título de un tema de su siguiente álbum).


Durante el resto de la actuación, el fluido eléctrico se interrumpirá hasta seis veces más con el consiguiente cabreo de los músicos y del respetable, que no sólo no está disfrutando del espectáculo por el que ha pagado sino que, además, va haciéndose cada vez más consciente del esfuerzo de la banda por entregar, en una alarde de profesionalidad bien entendida —y algo de mala hostia, a qué negarlo— lo mejor de sí mismos. A cada nueva provocación, la banda responde con una descarga de música y rabia. Tocan como posesos, como demonios enloquecidos, volcando toda la rabia que los invade en la interpretación de los temas. Esa noche, la furia les hace sentirse pletóricos. Los solos de guitarra suenan como nunca. La voz de Dickinson se funde con el sonido de los instrumentos como si formase parte de ellos. Terminada la canción Hallowed by thy name y antes de encarar el siguiente tema, la organización les comunica que deben terminar su actuación ya que la extensión de su show ha sido reducida a 55 minutos. Dickinson, visiblemente cabreado, toma la palabra para dirigirse de nuevo al público. «They were supposed to play a shorter set than normal today, and only play 55 minutes, but Iron Maiden can't drive 55, or play 55, and we are going to play our whole fucking set tonight.». Sus palabras arrancan un rugido de aprobación en la audiencia


Inician la recta final del show. Tocan cuatro temas más bajo continuos apagones e interrupciones de electricidad. A cada nuevo corte abordan el siguiente tema sin saltarse un solo compás. Con cada interrupción el grupo se muestra más y más excelente, tocando cada canción con una rabia y una pasión asombrosas. Durante alguno de los cortes de fluido eléctrico, 40.000 voces corean, desde el punto interrumpido, la canción que estaba sonando en ese momento, ayudando con ello al grupo a completar el tema bajo la mirada agradecida y emocionada de los músicos. Terminado el concierto, Dickinson agradece a los «verdaderos fans» su apoyo incondicional y su modélico comportamiento durante el espectáculo, asegurando que si han aguantado «toda la mierda de esa noche» ha sido sólo por ellos. Sus palabras son recibidas con un atronador aplauso. Alguien cercano a la organización, a través de la megafonía, comienza de nuevo a gritar las palabras «¡Ozzy, Ozzy!». Su voz es sepultada por la de miles de asistentes que corean a voz en grito «¡Maiden, Maiden!». El grupo apenas ha abandonado el escenario cuando Sharon Osbourne entra en escena, recoge el micrófono y declara su agradecimiento a la banda Iron Maiden diciendo que son una banda fantástica, pero comete el error de apostillar que «Bruce Dickinson is a prick». No le da tiempo a decir nada más. Los asistentes rugen de furia y un mar de abucheos ahoga cualquier otra declaración, obligando a Sharon Osbourne a abandonar el escenario a la carrera entre lanzamientos de vasos de cerveza y distintos apelativos de los cuales el mas suave es «dirty bitch».

Según las palabras de un crítico musical presente en el concierto, «ha sido el concierto más memorable y, a su vez, el espectáculo más lamentable que he tenido ocasión de presenciar a lo largo de mis veinte años de profesión».

Solo cabe añadir que, tras la actuación de Iron Maiden le llegó el turno a Black Sabbath, el grupo de Ozzy Osbourne. El público comenzó a desalojar el pabellón en masa, incluyendo gente que prácticamente había acudido para asistir a la actuación de Black Sabbath. De los 40.000 asistentes iniciales quedaron menos de la mitad.


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jueves 17 de septiembre de 2009

Me han llamao Brusero

Mira que en esta vida me han llamado de todo, pero Brusero era de las pocas cosas que quedaban. El artículo pertenece a la edición de Castilla y León de El Mundo, día 02/08/2009. El detalle, en la foto. Más o menos en el centro. Pincha en ella para ampliarla.

[Mil gracias a la fuente que me la ha remitido, que prefiere quedar en el "economato"]

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lunes 17 de agosto de 2009

Raras nostalgias

Uno de los recuerdos de mi infancia que atesoro con mayor nostalgia es una serie de dibujos animados llamada Ulises 31. Era una serie rara, bastante atípica para la época. No trataba de unos perros que ejercieran de mosqueteros ni de un gnomo llamado David que era siete veces más fuerte que tú. Aquello era otra cosa. Su origen, inspirado en La odisea de Homero, ya suponía toda una peculiar declaración de intenciones para ser una serie destinada —en teoría— al público infantil y su planteamiento resultaba original e interesante: Ulises vivía en el siglo 31, su barco es una nave espacial y en lugar de surcar los mares, surcaba el espacio interestelar. Simplemente brillante. No era la típica serie que hacía excesivas concesiones —algunas había— a aquello que podíamos denominar infantilidad. Había un robot payaso llamado Nono —ya he dicho que había algunas concesiones—, pero sus guiones planteaban situaciones hasta cierto punto demasiado crudas, con trasfondos y conflictos comprensibles en todo su contexto por un público más bien adulto y su ambientación era bastante oscura, casi tétrica. Desde el punto de vista conceptual, resultaba un salto tremendo si venías de ver Heidi o Marco.

Pero había algo más. Algo que sobresalía por encima de toda esa conjunción de aciertos y logros: su banda sonora. No, no me refiero a las sintonías de inicio y final. Me refiero a eso que, en las películas, los ingleses llaman score y que nosotros siempre hemos denominado la musiquilla de fondo de las escenas. Era realmente extraordinaria. Melodías emotivas, a medio camino entre el rock progresivo y la música épica —muy del gusto de la época—, plagadas de sintetizadores y guitarras distorsionadas combinadas con gusto exquisito. Hasta a mí, que por la época tan sólo era un melómano incipiente, me resultaban de lo más llamativo, llegando a repetir en mi video —por aquella época, un Betamax— una y otra vez una determinada escena tan sólo por el placer de escuchar la música que la acompañaba.

Tras investigar un poco —ahora mismo no podría afirmar por qué me ha dado, casi 30 años después, por tal gilipollez. Quizá algún deja vú musical, alguna melodía escuchada que ha hecho saltar el interruptor en mi cabeza. O será que chocheo. Las sinopsis neuronales es lo que tienen—, descubro que la música de Ulises 31 fue compuesta por Denny Crockett e Ike Egan. Ambos fueron en su día músicos de acompañamiento habituales de The Osmonds, banda que, además de ser considerada la respuesta blanca a The Jackson Five, fue una de las formaciones más celebradas del pop y el rock americano durante los años setenta. Al parecer, también han participado como asesores musicales en varias series de televisión. Son músicos de amplia trayectoria y reconocida experiencia.

Pero hablábamos del score de Ulises 31. Y precisamente a raíz de ese asunto salta la sorpresa. Descubro que un grupo musical francés llamado Parallax ha solicitado permiso a ambos para llevar a cabo un proyecto denominado Ulysse 31 soundtrack revisited con el fin de reinterpretar y reorquestar los mejores fragmentos del score de la serie Ulises 31. Por lo que veo no era yo el único pirado al respecto. Obtenido el permiso, aquí está el resultado de su trabajo. Y ahora uno tiene ocasión de volver a disfrutar de joyas como L’attaque des tridents o La poursuite. Pequeñas obras maestras.

Escúchalo. Merece muy mucho la pena.

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domingo 2 de agosto de 2009

Well now I'm trapped… again

Bien, ya estamos de vuelta de Pucela tras el concierto del monstruo.

Lo malo: el sonido un poco deficiente. Acoples muy frecuentes y las guitarras solistas apenas se dejaban oír. ¿El repertorio de anoche en Valladolid? Digamos que… bastante funcional y sin excesivas florituras. Expliquémonos. Un concierto de Springsteen difícilmente defrauda y lo cierto es que con un tipo con más de cuatrocientas (sí, cuatrocientas) canciones a sus espaldas de las cuales debe elegir veintisiete (sí, veintisiete) para casi tres horas de concierto (sí, casi tres horas) se hace imposible el incluir todas las que a cada uno nos gustaría escuchar. Pero temas emblemáticos como Because the night, Atlantic city, The river o mi eterna espina clavada, It’s hard to be a saint…, se quedaron fuera. Y algo imperdonable: según el repertorio seleccionado previamente para esa noche —publicado en su web oficial— estaba prevista Thunder road y se quedó fuera en favor de Seven nights of rock. Indudablemente salimos perdiendo con ese cambio de última hora —algo muy propio de Springsteen lo de variar el repertorio sobre la marcha según va tomando el pulso al público—. No puedo imaginarme el motivo del mismo. Y prefiero no pensar en ello.

Lo bueno: Todo lo demás, que fue mucho. Demasiado. Excelente noche de rock and roll en estado de gracia con destellos de magia pura. Momentos inconmensurables como Spirits in the night o ese arranque con Badlands que puso en pie a todo el estadio. Impagable la interpretación de Trapped y el guiño-broma-coña de tocar Great balls of fire tras recoger un cartel de un grupo de seguidores ubicados en primera fila en el que podía leerse —literalmente—: You ain’t got ball to play «Greats balls of fire». Si tuvo pelotas. Para eso y para más.

Y ahora a descansar que estoy hecho mierda. Feliz, pero hecho mierda.

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lunes 27 de julio de 2009

Pura magia

Pura magia. Un torrente eléctrico se introduce en tus oídos, te traspasa, sacude tu cuerpo y eriza tu piel. La secuencia de notas estremece cada una de tus terminaciones nerviosas y hace estallar tus sentidos. Trallazos cadenciosos, armónicos, que provocan un estado de bizarra euforia, un sentimiento vibrante que agarrota tu garganta hasta formar un nudo imposible de aflojar. Las escalas suben y bajan recorriendo rangos imposibles, desde el sonido más bronco y estremecedor hasta el más agudo y brillante, combinándose entre sí, conjugándose para formar líneas melódicas capaces de conmover hasta el rincón más profundo de tu alma. Y cuanto todo acaba, cuando todo termina, un escalofrío recorre tu espalda dejando tras de sí el poso de una emoción que transciende más allá de tu consciencia. Y lo único que deseas es volver a escucharlo, volver a sentirlo de nuevo. Una y otra vez.







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viernes 26 de junio de 2009

Man in the mirror

Nunca fue santo de mi devoción. Al margen de sus innegables capacidades como músico, compositor y coreógrafo, la orbita musical en la que se movía —un pop demasiado orientado a las pistas de baile— nunca llamó mi atención. Tal circunstancia nunca fue óbice para reconocer que Michael Jackson compuso e interpretó algunas de las mejores canciones de los últimos 30 años y supo rodearse de una pléyade de músicos y colaboradores de lujo que fueron desde Eddie Van Halen hasta Jimmy Smith, Steve Stevens o Slash.

Al margen de gustos personales, una cuestión indiscutible acerca de este icono de la música, tan brillante en su vida profesional como controvertido, excéntrico y siniestro en su vida privada, fue su increíble capacidad para concebir y generar el más puro espectáculo, convertirlo en magia y ponerlo al alcance de tu mano para que lo rozases con la punta de los dedos. En mi opinión, Michael Jackson no era el rey del pop que tantos proclamaban. Era el auténtico emperador de la magia y la fantasía. Sus trabajos, sus espectáculos, sus montajes visuales, sus videos musicales siempre eran un paso adelante, una vuelta de tuerca, un más difícil todavía al alcance del genio y el ingenio de muy pocos... Maravillas como el vídeo de Smooth criminal, aun a pesar los años transcurridos, se encuentran a años luz de la gran mayoría de mierdas clamorosas que se hacen hoy en día.

Ya sabemos lo que nos espera ahora. Recopilatorios, reediciones, temas inéditos... Exprimir una y otra vez el muerto hasta obtener zumo de lucro. Y aún así, nada de eso logrará terminar con la magia del mito. Aun habrá gente que, al igual que como con el otro rey, Elvis Presley, proclamara haberlo visto vivo y en perfecto estado al otro lado de la calle y se crearán las más diversas teorías conspiranoicas acerca de lo falso de su muerte y su retiro voluntario y secreto a una isla perdida del Caribe. Al tiempo. Es lo que ocurre con la estela de los genios. Que jamás tuvo ni tendrá fecha de caducidad.

Nunca fue santo de mi devoción. No importa. Es imposible no reconocer que hoy se ha marchado para siempre uno de los elementos más importantes del score, de la banda sonora de toda una generación.

Best wishes, Michael. Wherever you go.

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domingo 21 de junio de 2009

Sí, tú puedes. Por supuesto que puedes

En el peculiar blog de Rafael Fernández, el ezcritor, me encuentro con el impresionante vídeo de Tony Melendez. Una de las mayores muestras de superación personal que he visto en mi vida. Una auténtica invitación a agradecer, día tras día, todo aquello de lo que disponemos y que despreciamos impunemente o no le concedemos la importancia que realmente merece.

Simplemente admirable.


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martes 26 de mayo de 2009

Puñetazos en la cara

Hace poco encontré de forma casual el video de una artista conocida como Pink interpretando una canción que supongo muchos conocerán —parece ser que tiene un par de años largos—, pero que yo desconocía ya que el estilo de dicha cantante no entra dentro de mis preferencias musicales habituales. La estremecedora canción se titula «Dear Mr. President» y su fuerza no solo reside en lo hermoso de su voz y su melodía. Reside en la conmovedora forma en la que transmite su mensaje. Demagogo dirán unos, maniqueo otros. Me da igual. En mi opinión es uno de los más bellos puñetazos en la cara de determinadas conciencias que he visto en mi vida.

Disfrutadlo.

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viernes 22 de mayo de 2009

Rozar el cielo con los dedos

Beacon Theater, NYC. 19/03/2009. Warren Haynes, la actual Allman Brothers Band, y Eric "God" Clapton sobre un mismo escenario. Tocan Layla.

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martes 12 de mayo de 2009

La chica de ayer no cesa de llorar

Hasta siempre, maestro.

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miércoles 29 de abril de 2009

La persistencia de la memoria

Hacía años que no sabía de ella. Ni la más mínima pista. Los jirones de mi memoria habían perdido todo rastro de su reminiscencia, toda certeza de haber estado instalada alguna vez entre sus recovecos. Y hoy, casualmente, he vuelto a escucharla. Y he vuelto a estremecerme con la misma intensidad con la que lo hice la primera que la escuche, 25 años atrás. Otro tono, otro ritmo, otra voz. Pero el mismo sentimiento de encontrarse frente a algo grande. Algo muy grande.

Es lo que tienen las obras maestras. Y los genios.

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viernes 17 de abril de 2009

A vueltas con el talento

No me gusta la canción y no siento el menor interés por su interprete. Eso sí, no me canso de ver el videoclip, un derroche de originalidad y buen hacer.

Enjoy!

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martes 7 de abril de 2009

Talento. Sólo se necesita eso

Encontré un vídeo suyo por pura casualidad navegando por Youtube, ese ignoto cajón de sastre en el que uno suele encontrar lo que busca y lo que no. Y me bastó una única audición para reconocer el talento innato y la calidez que emana de sus letras, de su dulce voz y de sus canciones. Se llama Lelia Broussard y juega a comerse el mundo a bocados al tiempo que interpreta su música con un estilo mimoso y desenfadado, plagado de simpáticos mohines —aunque en ocasiones algo histriónicos, la verdad— y cuyas melodías recuerdan en cierta medida a la primera Suzanne Vega o a la Alanis Morissette más acústica. Y con una calidad, sin duda alguna, a la altura de ambas.

Enjoy it!



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jueves 22 de enero de 2009

Espectacular. Un auténtico monstruo.

Al parecer hay por ahí un individuo apodado RX2008 que se dedica a hacer remixes de canciones muy conocidas a partir de frases recopiladas en fragmentos de videos de políticos. Algunos defienden la teoría de que se trata de una campaña viral de una agencia de publicidad noruega. Otros, que es el curro individual de alguien que lo hace just for fun. Sea cierta una u otra cosa, en cualquier caso, el resultado es espectacular. Una genialidad sublime.









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viernes 12 de diciembre de 2008

Minutos musicales (II)

En días como estos, en los que tan de moda se ponen experimentos musicales como El Reno Renardo (Son buenos. Nada que objetar), los amiguetes Eladio y Eduardo me descubren a Los del Páramo, grupo burgalés de los años 80 que ya por aquella época hacía una especie de agro-rock divertidísimo, incorrectísimo politicamente (como tiene que ser todo humor que se precie) y muy en la misma línea paródica de lo que los Renardo harían años después. Y si no, escuchen, escuchen...







¡Eh! ¡Nisio! ¡Cagüen dios que voy!... No vuelves a pisar mi finca con tu tractor»)

Grandes. Son muy grandes.

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jueves 13 de noviembre de 2008

Publicidad - Nuevo golpe de efecto

Esto es lo último de la agencia de publicidad Shackleton. No podéis perdéroslo. El nuevo hit de las navidades: Todo se va a la mierda de los Leman Brothers (juas juas juas juas).



(Es pegadiza la puta de la canción, ¿eh?)

Shackleton es una peculiar agencia que basa sus campañas publicitarias en enfoques virales, llamativos, innovadores y, sobre todo, presididos por un admirable sentido del humor (y envidiables índices de éxito).

Del cerebro de sus creativos ya han surgido otras campañas como la del descacharrante iJAM —en mi opinión, una de las más ingeniosas—, la de la web HEDUCACION.COM y, si no recuerdo mal, suya fue también la famosa campaña de Amo a Laura.

Que las disfrutéis (si no lo habéis hecho ya).

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miércoles 22 de octubre de 2008

Rockin' over the world


Pura fachada. Mi virtuosismo es bastante más limitado que el que aparenta la imagen.

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lunes 11 de agosto de 2008

Minutos musicales (I)



A finales de los ochenta surgió en España un grupo musical del que quizá alguien guarde aún memoria. La formación estaba compuesta por cuatro jóvenes sevillanos capaces de alzarse en un escenario con un descaro y una naturalidad bastante fuera de lo común y donde lo más sorprendente resultaba ser la edad media de sus componentes: no superaba los quince años. Habida cuenta de la existencia de grupos de la época como Parchis (chis chis), Regaliz, Boom Boom Chip y demás morralla para consumo infantil, el hecho no debería resultar demasiado llamativo. Y no lo era. Lo verdaderamente llamativo era lo que eran capaces de hacer con esa edad: un rock and roll puro de innegables influencias stonianas, fresco y desenfadado. ¿Su nombre? Parachokes. Sus miembros: los hermanos Zapata (Hugo y David), Ramón Arias (excelente guitarra con un feeling increible) y Carlos Pérez. Se mantuvieron en la cresta de la ola durante cuatro años dando lugar a dos magníficos álbumes —que yo aún conservo... ¡en vinilo!—. En 1994, aduciendo motivos personales, el grupo sufrió un periodo de «reestructuración» —jamás se habló de disolución— y nunca más se supo.

No sé porqué hoy han venido a mi memoria y me ha dado por buscar con San Google algún dato acerca del destino de sus componentes. Y acabo de descubrir que David Zapata, el vocalista, anda empeñado en el esfuerzo de «resucitar» el grupo, me ha parecido entender que con una nueva formación. He tenido ocasión de escuchar cuatro temas de su nueva época y... ¿qué quieren que les diga? Sin ser malo —que no lo es—, no es lo mismo. Quizá ellos ya no sean ellos o quizá yo ya no sea yo. No lo sé. Pero lo que he podido escuchar no supera ni de lejos joyas como ésta.

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martes 5 de agosto de 2008

Ni en mis peores pesadillas


Incidiendo en la mención hecha en el post anterior sobre el tema Stairway to heaven de Led Zeppelin, un ¿amigo? me envía esto encontrado en el omnipresente Youtube. Al parecer, un grupo australiano llamado The Beatnix —una banda-tributo de The Beatles— perpetra su propia versión del tema, tamizada toda ella de sonidos de reminiscencias beat. Mira que los grititos del Robert Plant, así que así, pero es que en esta versión, los "uuuuuuuuuuh" de los coros levantan ampollas.

Todavía tengo palpitaciones. Voy a por una tila.



El cuerpo del delito

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