La última jornada se inició en el FNAC de Málaga con una sesión de cuentacuentos conducida por la escritora
Eva Pérez en la que colaboró con la lectura de un relato el novelista
Jorge Magano que, con su voz engolada y su varonil apostura, supo cautivar al público (
Jorge, que ya me paso yo a por el cheque si eso...). Los cuentos, magníficos, particularmente el segundo de ellos.

El siguiente acto, en la librería
Luces, fue la extraordinaria conferencia «
El estereotipo del asesino en serie en el cine y la literatura: Realidad y ficción» impartida por el eximio profesor de Psicología Criminal D.
Francisco Pérez Fernández (más conocido como
Pakosky en determinados círculos y contextos). Paco, magnífico en su papel de orador. La charla resultó fascinante máxime si tenemos en cuenta el interés de los temas tratados ante un publico que en gran medida era lector, cuando no autor, de novela negra y policíaca. Por desgracia, la conferencia hubo de ser interrumpida antes de tiempo por problemas de agenda, pero creo que recojo el sentir de todos los que estuvimos presentes si afirmo que fue uno de los actos que más expectación creó y que todos nos quedamos con las ganas de haber asistido a su conclusión.

Sin movernos del sitio, después asistimos a la presentación de
Fabuland, el nuevo libro del escritor
Jorge Magano. Una excelente novela de género fantástico, orientada hacia un público juvenil, con cuya lectura puede disfrutar cualquier tipo de público. Tras una breve introducción a cargo de
Juan Ramón Gálvez, la presentación fue llevada a cabo por
Patrick Ericson. Un acto ameno e interesante donde no faltó la extensa participación del público.

A mediodía, para reponer fuerzas, comida en el restaurante
El mago. Exquisita a pesar del peculiar diseño de la vajilla. Y a primera hora de la tarde,
Tengo una respuesta para ti, quizá el acto más peculiar de las jornadas. Un evento que consistía en
dejar pastar por el FNAC a más de una decena de escritores —que temeridad, por Dios. Sólo faltaba el cartel del «
Peligro. Autores sueltos»— ubicándolos estratégicamente al lado de pilas, previamente preparadas, de ejemplares de sus libros para que cualquier asistente pudiese preguntar al autor por sus obras, charlar un rato con él y poder llevarse los libros firmados si así lo deseaba. El acto resultó un éxito para todos los congregados. En mi caso, agoté la pila de ejemplares de
El documento Saldaña y el personal del FNAC tuvo que reponerla de nuevo. Y me consta que al resto de autores también les fue bastante bien.



Nótese la alta cuna y la excelente educación —de colegio de pago, por lo menos— de algunos de los autores presentes.

Tras la firma de ejemplares llegó el último acto de las jornadas, de nuevo en la librería
Luces: la presentación de
Génesis, el ritual rosacruz de
Patrick Ericson quien, en un abracadabrante juego de manos, intercambió el papel de presentador y presentado que había interpretado esa misma mañana junto a
Jorge Magano. Acto ameno y divertido dado el gracejo de los intervinientes y en el que
Ericson esbozó el contenido de su novela y las bases históricas y documentales sobre las que se asentaba la trama.

Extenuados tras dos días de imparable ajetreo, nos dirigimos al hotel con el tiempo justo para una ducha y un cambio de indumentaria antes de la cena de clausura. En los rostros de todos se dibujaba el cansancio, pero también una extrema felicidad por los momentos compartidos. Restaba redondear lo vivido con un estupendo fin de fiesta por todo lo alto. Como así fue. Una velada presidida por las risas, las bromas y el cachondeo permanente donde hubo de todo, desde un generoso y emotivo brindis enunciado por
Jero Tristante hasta una declamación de sonetos interpretada por
David G. Panadero y su portentoso chorro de voz (un descojone, vamos). Para terminar, copas y baile hasta la madrugada, esa hora mágica en la que todos los gatos son pardos y la vergüenza se diluye entre las brumas del alcohol como si jamás hubiese existido (¿verdad,
Pakosky?).



[Vídeos por cortesía de Chari (Neftis)]
CODAAl día siguiente, en el AVE de vuelta, exhausto pero feliz, reflexioné sobre lo vivido durante los últimos tres días. Sobre la ilusión puesta en el lance, sobre los amigos encontrados, sobre los momentos disfrutados, sobre el cariño recibido, sobre la complicidad bien entendida, sobre el respeto que la labor del escritor genera cuando ésta es dada a conocer de manera adecuada. En definitiva, sobre la excelencia de actos como los que se habían llevado a cabo. Y no me cupo la menor duda. Iniciativas como éstas son necesarias. Por todo lo que aportan y, sobre todo, por todo lo que son capaces de aportar en un futuro. Y por ello, el staff de
Mejor con un libro cuenta con mi agradecido reconocimiento por el empeño, la voluntad y el tesón empleados en lograr que las jornadas llegasen a buen puerto y cumpliesen su objetivo. Que no era tarea sencilla, pero que ellos fueron capaces de acometer con una solvencia digna de encomio.
Gracias, amigos. Por todo.