Mentiras completas y verdades a medias



viernes 29 de enero de 2010

Enésimo palo de ciego

El gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero propone alargar en dos años la vida laboral de los trabajadores lo que para cualquier españolito de a pie supone dos años más de cotizaciones y dos años menos de prestaciones. Dos años más en los que el resto de ciudadanos tendremos para pagar los dislates políticos y económicos originados por una pandilla de descerebrados que ha mostrado sobradamente su incapacidad manifiesta para hacerse con las riendas de un problema que, de ser lo que dicen que son (políticos y estadistas), estarían obligados a gestionar con la solvencia adecuada. Sin embargo, ni para eso valen. Porque en lugar de arremeter contra la sangrante política de jubilaciones anticipadas (banca, controladores, astilleros, minería, funcionariado o Telefónica), en lugar de colegir que, en épocas de vacas flacas, «San Joderse cae en martes» y todos a aguantar su parte alícuota del problema, pues no señor: el que ya se beneficiaba de una determinada situación va a seguir beneficiándose mientras que el que, por agravio comparativo, ya le jodía tener que prolongar su situación laboral hasta los 65, ahora le clavan la puya y el descabello de jubilarse a los 67.

«La huelga general del 20 de junio es la necesaria e inevitable expresión del contundente rechazo de los trabajadores y trabajadoras de este país a las intenciones del Gobierno, inequívocamente dirigidas a la supresión de los derechos laborales y al recorte de las prestaciones[…]», (UGT, huelga general del 20 de junio de 2002)

Por menoscabos de similar grosor, calibre y gravedad contra la clase trabajadora no ha mucho que la gente se echó a la calle y le montó una huelga general al anterior ejecutivo. Me pregunto dónde están ahora los sindicatos. Como decía el genial Parmenio, un ingenioso contertulio del blog del periodista Santiago Gonzalez: «El silencio sindical es símbolo de su buena crianza. No es de buena educación hablar con la boca llena».

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martes 17 de febrero de 2009

Corralito

¿Qué garantía, qué clase de confianza puede ofrecer una entidad bancaria que se niega a cumplir un acuerdo previo con un cliente argumentando que, aún habiéndolo pactado previamente, no está en disposición de llevarlo a cabo?

Imaginen la siguiente situación: a través de un acuerdo financiero, una persona acepta la recepción de un determinado montante económico cedido por una entidad bancaria —un crédito hipotecario, por ejemplo—, con la condición de proceder a su restitución en plazo y forma preacordada. Llegado el momento, ese alguien se excusa de su restitución arguyendo dificultades de liquidez y lo mejor que puede ofrecer para paliar la situación es posponer un plazo de dos años la devolución de ese importe , haciendo caso omiso, pasándose por el forro y convirtiendo en papel mojado las condiciones previamente pactadas.

Eso es lo que, invirtiendo los papeles, ha ocurrido con SCH Banif Inmobiliaria. Ni más ni menos.

En otros países, a eso se le llama corralito.

Al parecer, desestabilizar la economía de una entidad bancaria no es permisible. Desestabilizar la de una familia hasta el punto de abocarla al impago de sus obligaciones la convierte en acreedora de un delito punible.

Como postre y para colmo de la desvergüenza, durante esos dos años de moratoria, SCH continuará cobrando las oportunas comisiones por administración y custodia del fondo —aunque la entidad ha ofrecido una rebaja porcentual como muestra de buena fe—, es decir, como apunta el analista Fabian Sinibaldi, «administran mal mi activo, pierdo dinero, no me dejan recuperar lo que queda y además me cobran por retenerlo en contra de mi voluntad.». Lo sangrante del asunto resulta ser que, según las últimas cuentas publicadas por la entidad, sus beneficios ascienden a 8.876 millones de euros. Y aún así, la premisa parece ser arañar hasta el último céntimo.

Mal. Vamos muy mal. Y no queremos hacernos conscientes del pozo en el que nos encontramos inmersos.

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lunes 19 de enero de 2009

La evolución de los especimenes

Publicado el 10/01/2008

Zapatero acusa de antipatriotas a quienes hablan de crisis económica

«Crear alarmismo injustificado es lo menos patriótico que conozco» fue la frase más suave que le dedicó al presidente del PP, a quien pidió «unas gotas más» de patriotismo y de «honestidad intelectual» para reconocer que las turbulencias actuales son pasajeras. [...] Zapatero negó que estemos ante una crisis. Echó mano de la macroeconomía y de la expectativa de buenos datos de consumo navideño para replicar a quienes hablan de recesión. Lo que ocurre, insistió, es que «la construcción está bajando hasta niveles de normalización y con ello el patrón de crecimiento de la economía español se está saneando».



Publicado el 29/04/2008

Zapatero vuelve a tachar de antipatriotas a quienes exageran la situación económica

Según declaraciones efectuadas en el programa 59 segundos de TVE-1, la actitud de quienes exageran la actual situación económica puede ser tildada de «antipatriótica, inaceptable y demagógica».

«Tenemos superávit en las cuentas del Estado y en las de la Seguridad Social porque hemos hecho una buena política económica durante los últimos cuatro años», argumentó Zapatero. «Y aunque estamos peor que hace un año, nuestra economía tiene potencial de futuro. Ya hemos superado a Italia, y vamos a superar también a Francia en renta per cápita», pronosticó. «La previsión de paro que se puede esperar en los próximos años siempre será mejor que la mejor que tuvo el PP de Aznar».



Publicado el 18/01/2009

"Hemos utilizado todo el margen que teníamos contra la crisis", declara Pedro Solbes

Pedro Solbes (Alicante, 1942) acaba de hacer el ejercicio de realismo que se le reclamaba hace meses. El pasado viernes lanzó las peores cifras de la historia reciente, con caída del PIB en 2009, un paro de cuatro millones y un superávit público que se ha volatilizado. Desde su despacho en el Ministerio de Economía, el vicepresidente económico parece más cómodo con la verdad, aunque duela.



Pandilla de hijos de puta. Es lo que suele ocurrir cuando, en pleno ataque de soberbitis altanera, se escupe hacia arriba. Que suele terminar cayéndote encima.

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jueves 18 de diciembre de 2008

Nuestros banqueros no son de este mundo

Leo en la prensa:

«El Gobierno ha utilizado un Real Decreto de prevención del fraude fiscal para rebajar la fiscalidad de los grandes accionistas de los bancos, los miembros de sus cúpulas, sus altos ejecutivos y toda su familia incluyendo tíos y sobrinos. Dicha fiscalidad se reducirá de un 43% a un 18%».

Es decir que, según la actual ley fiscal vigente en este país y al margen de fraudes manifiestos, todo español (deportista, abogado, médico, escritor, músico o tornero fresador) que percibiere rentas por encima de un determinado importe —los famosos gravámenes y coeficientes— estará obligado a entregar a la Hacienda pública un 43% de sus ingresos. Hacienda somos todos. Y todos somos iguales aunque uno seamos más iguales que otros. La cuestión es que, hasta ahora, era así también para los banqueros. A partir de ahora, no. Por decreto ley propugnado y aprobado por un gobierno que se dice socialista y obrero. Con dos cojones.

Al parecer, nuestros banqueros no son de este mundo, O al menos, no son españoles. En cuanto a fiscalidad se refiere.

Estamos hablando de un sector que entre ayudas estatales e inyecciones de liquidez ha recibido o está en trámite de recibir 250.000 millones de euros. Y que, a pesar de ello y con la que está cayendo, siguen publicando sus balances trimestrales, no con pérdidas, sino con obscenos porcentajes de beneficios.

No, es evidente: los banqueros de este país no son de este mundo. Ni los políticos tampoco. Son de otro al que deploraría pertenecer.

PS.- Y encima el escritor Francisco Casavella, último premio Nadal, va y se muere. Mierda.

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lunes 6 de octubre de 2008

Crecimiento negativo

Domingo por la mañana. Suena el timbre de la puerta. Al otro lado del umbral aparece un hombre de edad madura, sobrepasada la cincuentena, que sostiene en las manos una carpeta con las tapas transparentes. De entre los papeles que porta destaca particularmente su documento nacional de identidad, ostentosamente visible. Frunzo el ceño. Ningún vendedor ni agente comercial va mostrando tal documento a modo de acreditación. El hombre me mira a la cara y traga saliva antes de comenzar a hablar. Se le ve algo apurado. En su rostro destella la derrota del que lo ha perdido todo y la resolución del que no le queda nada más que perder. Me pide disculpas por molestarme y me explica que pertenece a un grupo de empleados de una fábrica ubicada en un polígono cercano. La fábrica ha cerrado y ha declarado suspensión de pagos. Llevan seis meses sin cobrar, de litigio en litigio, tras los cuales el Fondo de Garantía Salarial ha decretado las indemnizaciones correspondientes. Extrae un documento de la carpeta, a todas luces auténtico, y me lo muestra junto con su DNI. Es la sentencia. En ella se reseñan las cantidades a percibir. Una auténtica miseria. Me cuenta que no sabe qué hacer, que con su edad lo tiene muy jodido para encontrar un nuevo trabajo y más con la que está cayendo, pero que el motivo de su visita es otro: hay familias de compañeros que están pasándolo realmente mal y entre todos han decidido hacer una «caja de resistencia» para socorrer a los más necesitados. Para ayudar a ello, sortean una mantelería y una colcha. Extrae un pequeño talonario y me ofrece comprar dos tiras de boletos. El número premiado será aquél que coincida con el del sorteo de la ONCE. Me pide, con humildad, que lo ayude y me agradece sinceramente el haberlo escuchado. Siento un nudo en la garganta. Me conmueve la resquebrajada dignidad que aquel hombre trata de sostener a duras penas. La situación me recuerda otras épocas, tiempos pretéritos de azar y necesidad en los que era común el encontrar en los trenes de cercanías a hombres y mujeres repartiendo entre los viajeros pequeños naipes que, en caso de coincidir con uno extraído al azar de una baraja mayor, obtendría como premio una figurita, un puñado de caramelos o un pequeño y estrambótico regalo. Medios de subsistencia precarios para tiempos precarios en los que la solidaridad, más allá de la ínfima recompensa que suponía erigirte en ganador del sorteo, era el único valor apelable. Tiempos duros. Tiempos perros.

Pero no. La consigna es que no estamos en crisis. Es una mera recesión técnica presidida por un periodo de crecimiento negativo.

La puta que los parió a todos.

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sábado 6 de septiembre de 2008

Los hijos de la grandísima... Bretaña

Hace unos días el Financial Times rescató en una de sus páginas una especie de chascarrillo que corría de boca en boca desde hacía años para referirse a los países de Portugal, Italia, Grecia y España: PIGS, ingenioso acrónimo formado por las iniciales de cada uno de ellos y cuyo significado creo que resulta evidente para cualquiera con unas mínimas nociones de inglés. Y realmente no es el término aparentemente peyorativo lo que ofende sino el desprecio y la soberbia ancestral de quien lo enuncia. Porque la mención surgía a raíz de un análisis sobre las dificultades económicas por las que atraviesan los mercados de dichos países en un ominoso ejercicio de ver la paja en el ojo ajeno y omitir la viga en el suyo, Le dijo la sartén al cazo... Puestos a hacer alusiones, podrían señalar que su sector bancario pasa por el peor momento desde hace décadas —me acuerdo de Northern Rock y me entra la risa floja—, su inflación iguala la de los países por ellos mencionados, su crisis inmobiliaria no tiene nada que envidiar a la más desastrosa hecatombe y su tasa de ahorro familiar es la más baja desde hace un siglo, cuestiones todas que, al parecer, les hacen hozar en el barro como lo que ellos sí son. En cualquier caso, siempre hay contrapartida. Mientras ellos nos mientan al cerdo, nosotros podríamos mentarles a la madre del puerco, es decir, a la suya. Pero no merece la pena.

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martes 2 de septiembre de 2008

Qué buenos son los padres escolapios...

Según las estadísticas, 451 muertos en carretera durante este verano. 89 menos que el verano anterior. Y a mí, sinceramente, me alegra mucho que la tendencia de ese tipo de balances sea descendente. Cuanto más mejor. Hasta llegar a cero, si es posible. Lo que ya no me ufana de igual manera es que la DGT se apunte el tanto sugiriendo que el resultado pueda deberse a los beneficiosos resultados de sus campañas y a la labor de concienciación que llevan a cabo entre los ciudadanos. Mire, Sr. Navarro y Sr. Rubalcaba, desengáñense. En este país cada día se conduce peor. Se lo dice alguien que, a diario, sufre la desgracia de tener que hacer kilómetros a cascoporro —concretamente ciento treinta al día; 3.000 Km. al mes— para desplazarse a trabajar. Por esas carreteras de Dios se ven autenticas animaladas. El civismo de los conductores de este país es de autentica vergüenza y sus conocimientos más elementales sobre conducción, prácticamente nulos. Como decía mi padre, profesional del volante durante 48 años: «En los últimos años, de la autoescuela se sale con un carné en la mano y sabiendo lo justo para matarte. Si luego no pones de tu parte para aprender a conducir de verdad, malo...». El trazado de algunos tramos de carretera sigue siendo infame desde los tiempos del caudillo. Las sanciones —y los lugares donde éstas se producen— continúan teniendo un claro afán recaudatorio en lugar de disuasorio y los motoristas siguen dejándose los sesos contra unos quitamiedos asesinos cuya ineficacia está plenamente demostrada sin que la campaña para su sustitución se esté llevando a cabo de una forma todo lo ágil y eficaz que sería deseable. Y todavía se extrañan de que nos sigamos matando en carretera.

¿El autentico motivo del éxito en la reducción de la mortalidad? Que este año nadie ha tenido un duro para poder marcharse de vacaciones lo que, obviamente y ante la ausencia de desplazamientos, ha reducido los siniestros totales producidos en carretera. Así que hagan el favor de dejar de hacer el paripé y de venir colgándose medallas que no les corresponden. Pero qué morro tienen. Siguiendo su regla de tres, yo también estimo que, en los últimos años, en las zonas próximas a Chernobil, los accidentes de tráfico se han reducido en un 100%. Eso sí que es eficacia y lo demás, tonterías.

Que no le engañen. El autentico mérito lo tiene la falta de parné. Y que se dejen de payasadas. No, si al final incluso tendremos motivos para estar agradecidos a la crisis. El que no se consuela es porque no quiere.

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viernes 18 de julio de 2008

Donde dije digo...

"El vicepresidente y ministro de Economía, Pedro Solbes, no dudó ayer en emplear la palabra "crisis" para definir la situación actual de la economía española, "la más compleja que nunca hemos vivido, por la cantidad de factores que están encima de la mesa", apuntó en declaraciones a Punto Radio. Entre los responsables del espinoso escenario, Solbes destacó las subidas del petróleo y de las materias primas y la crisis financiera mundial." (FUENTE)

Por arte de birlibirloque hemos pasado de no sufrir una crisis económica a ser ésta "la más compleja que nunca hemos vivido". En cuestión de días. Manda cojones.

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jueves 10 de julio de 2008

Pero, ¿de qué demonios están hablando?



Nos toman por tontos. Seguro. Estoy convencido de ello. Y realmente no sé que me molesta más: si que el gobierno se rodee de analistas incapaces o de mentirosos compulsivos. Llevan meses jugando al gato y al ratón con nosotros, vacilándonos con el tema de la crisis, desaceleración, estancamiento o como diablos lo quieran eufemizar. Aún así, desde el gobierno tienen la desvergüenza de hablar de «ralentización» cuando, para el ciudadano de a pie, la crítica situación lleva gestándose más de seis años, concretamente desde que entramos en la zona euro; cuando el IPC REAL en los últimos cinco años acumula un incremento en torno al 68% (mientras que los números oficiales cifran dicho incremento alrededor de un 12%); cuándo el euribor, índice por el que se rigen el 90% de los créditos hipotecarios de este país, ha conocido dos años consecutivos de constantes e imparables subidas; cuando la pérdida del poder adquisitivo de las familias lleva varios años resistiendo el embate de un socavamiento progresivo pero imparable, ¿nos hablan de «turbulencias incipientes» y de «desaceleración»?

A base de eufemismos y de cogérnosla con papel de fumar, el día que mi banco se quede con mi casa por no poder pagar la hipoteca, no será «embargo». No señor. Según el gobierno, será «reubicación de dirección postal». Como si lo viera.

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