Cuando la estética sustituye a la ética (II). Según depende
Resulta evidente que el asunto adolece de más caras y aristas de lo que aparenta. ¿Tú que opinas?
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| Mentiras completas y verdades a medias |
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Leo en la prensa la noticia de la huida de Oscar Lizcano, excongresista colombiano prisionero de las FARC desde hacía ocho años. Un nuevo éxito tras el rescate en fechas recientes de Ingrid Betancourt. Me alegro por ellos.
Sociopatas en el sentido más canónico del término —entendido como aquel comportamiento que rechaza cualquier clase de sentimiento empático hacia tus semejantes—, dos de los jóvenes que rociaron con líquido inflamable y prendieron fuego a Rosario Endrinal, una indigente que pernoctaba en el vestíbulo de una sucursal bancaria, han sido, al fin, juzgados y su caso, visto para sentencia. Ambos, en sus alegaciones finales, piden perdón. Declaran que se trató de una lamentable serie de circunstancias puntuales, que fue una única y estúpida locura cometida bajo la influencia del alcohol y que se les fue la mano cuando sólo pretendían molestar un poco. Pero la mano no se va si no la mueves en una determinada dirección. Fuentes cercanas a su entorno afirman que, de forma habitual, ambos inculpados solían insultar y vejar a todo mendigo que se cruzaba en su camino. Que lo grababan con la cámara de su móvil a modo de trofeo. Y que lo llevaban a cabo por el mero placer de hacerlo. Los dos individuos aseguran estar muy arrepentidos de sus actos y no me cabe la menor duda de ello. Estoy convencido de que están realmente arrepentidos del revuelo organizado, del lío en el que se han metido, de haber arruinado sus vidas, de haber mostrado a todo el mundo la autentica naturaleza que se esconde tras el monstruo que se aloja en su interior, pero... ¿están realmente arrepentidos de haber infligido dolor y causado la muerte a otro ser humano? Yo, sinceramente, albergo serias dudas de ello.Etiquetas: Bárbaros, Espanto, miserables