Mentiras completas y verdades a medias



domingo 7 de febrero de 2010

Letras españolas o el peligro de ser literato en este país

Mi amigo, el insigne escritor Miguel Baquero, comenta en su blog una anécdota entrañable y divertida —como todas las suyas— acerca del emblemático edificio de la Puerta del Sol que alberga en su azotea el anuncio de Don Pepe. Buscando entre los recovecos de mi memoria termino por recordar que en los bajos de dicho edificio —que en su época era el Hotel París— se alojaba el Café de la Montaña, lugar asiduo de tertulias literarias en el Madrid de finales del siglo XIX. Y junto a ese recuerdo llega hasta mí la figura de Valle Inclán. Porque, casualmente, he pasado recientemente por el Callejón del Gato, lugar en el que el genial escritor coligió la idea primigenia del esperpento como figura literaria. Y al leer al entrada de Miguel Baquero ha vuelto a mi memoria un peculiar y esperpéntico —por qué no decirlo— episodio, uno de los muchos, que jalonan la historia de las letras españolas.

A comienzos del siglo XX los intelectuales de la época frecuentaban asiduamente las llamadas tertulias de café, única forma de conocerse y entrar en contacto con los círculos culturales en el Madrid de la época. Pero, en contra de lo que se podía pensar, dichas reuniones no eran precisamente un dechado de virtudes, buenas maneras y saber estar. En tales cenáculos corrían que daba gusto las envidias, los contrastes y la diversidad de opinión, de corte político la mayor parte de las veces. La esgrima dialéctica estaba a la orden del día y las enemistades también. Valle Inclán, al igual que la gran mayoría de los intelectuales de la época —Pío Baroja, Unamuno, Azorín, Jacinto Benavente…— frecuentaba de forma asidua dichas reuniones. Una tarde de julio de 1899, en el Café de la Montaña, coinciden entre otros Valle Inclán y el periodista Manuel Bueno. En la mesa en la que ambos se reúnen se charla, entre muchas otras banalidades, de la reciente disputa entre un aristócrata llamado López del Castillo y un artista portugués llamado Leal da Camara. Una disputa que terminó en emplazamiento de duelo con padrinos y toda la parafernalia. En un momento de la conversación, Manuel Bueno aboga porque el asunto quedará en aguas de borrajas ya que el portugués es menor de edad y las leyes de honor le impiden participar en un duelo. Valle Inclán, bastante exaltado por la deriva de la conversación, le espeta al periodista «no sea usted majadero, que no tiene ni idea de eso». El periodista, visiblemente ofendido, se levanta de su asiento y alza su bastón amenazante. El viejo cascarrabias coge una botella y hace ademán de agredir con ella al periodista al grito de «majadero, majadero». Manuel Bueno se defiende como puede y, en el fragor de la pelea, descarga un fuerte bastonazo sobre el brazo de Valle Inclán. A resultas del mismo, el escritor gallego tuvo que ser atendido en la cercana Casa de Socorro de la calle Navas de Tolosa donde se le apreció una herida contusa al lado de la muñeca del brazo izquierdo. La leyenda popular apunta a que, con el bastonazo, se le clavó en la carne un gemelo de la camisa y que dicha circunstancia le provocó una herida que terminó por gangrenarse obligando a amputar el brazo. El parte médico de ese día, emitido por el doctor Manuel Barragán Bonet, desmiente tal hipótesis. Lo cierto es que, una vez personados en la Casa de Socorro, se le atiende, se le venda el brazo y aquí paz y después, gloria. Pero la mala fortuna quiso que la herida conllevase una fractura de cubito y radio que pasó inadvertida para los facultativos que lo atendieron y que hizo que, tras varias noches sumido el atroces dolores, el escritor se personase en la Casa de Salud del Paseo de la Castellana, descubriendo que la inadvertida fractura ha provocado una grave infección interna que amenaza gangrena y que se hace necesario amputar parte del brazo para atajarla.


La imaginería de la época, alimentada en gran medida por la socarronería del propio Valle Inclán, provocó un sin numero de teorías, a cada cual más disparatada, acerca de la pérdida de su brazo. Que si «se lo había comido un león durante una expedición en África», que sí lo había perdido «un día al rascarse dentro de la barba»… Pero lo cierto es que la verdad del asunto fue bastante más prosaica.

Para que luego digan que los escritores son gente sensible y civilizada. Pendencieros. Eso es lo que son. Unos pendencieros.

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viernes 5 de febrero de 2010

Anika entre libros

Anika entre libros nació como un pequeño chiringuito. No hay ánimo ofensivo, lo juro, en la afirmación. Nació siendo una modesta web en la que su creadora, Anika Lillo, infatigable lectora, volcaba y compartía con todo aquél que quisiese echarles un vistazo las fichas de lectura de las obras que iban cayendo en sus manos. Nadie sospechaba por aquel entonces —creo que ni la propia Anika— que su buen hacer, su excelente criterio y su arrolladora personalidad terminarían por convertir aquella modesta web en uno de los mayores portales literarios de referencia en Internet. Pero, por fortuna para muchos, Anika entre libros termino por convertirse en algo más que eso. Anika entre libros se convirtió también —gracias a la propia Anika y a la legión de excelentes colaboradores de los que ha sabido rodearse— en un lugar de encuentro en el que todo escritor incipiente encontró siempre las puertas abiertas para acudir en busca de ayuda, de comprensión, de afinidad… Anika Lillo siempre ha tenido una palabra amable, un buen gesto para todo el que ha acudido a ella. Poco a poco, Anika ha ido ampliando su web e incluyendo en ella entrevistas, reseñas, menciones… Ha ido dando cobijo y voz a muchos autores que en su momento no disponían —disponíamos— de tales medios. Muchos escritores —españoles principalmente, pero no faltan ejemplos foráneos— tenemos mucho que agradecerle a Anika Lillo. Y todo ello por amor al arte. En el sentido más literal del término. Que yo sepa, Anika Lillo jamás cobró un duro a nadie por ofrecer su tiempo, su afecto y su ayuda; por publicar una reseña o anunciar un lanzamiento literario de una editorial o un autor modesto. Y con ello se ha ganado con creces el respeto, el cariño y el agradecimiento de muchos de aquellos que nos dedicamos a este peculiar oficio de juntar letras.

Por ese motivo, cuando desde la editorial Aladena se me propuso participar en una antología colectiva de relatos cuyos beneficios irían destinados a sufragar parte del coste material —que no humano. Ese no tiene precio— que supone el mantenimiento de la maquinaria y los medios que soportan el portal Anika entre libros, no pude negarme. Y debido a que tanto yo como otros cuantos compañeros de profesión no pudimos decir que no, muy pronto verá la luz un excelente volumen de relatos que, bajo el genérico título de CIELO E INFIERNO, recopilará los textos de un nutrido grupo de autores que le está tan agradecidos como yo a Anika Lillo por su inestimable labor y que, por ello, han querido aportar su granito de arena. El elenco es realmente impresionante: Pilar López Bernués - Empar Fernández - Marta Querol Benech - Rosa Ribas - Iván Martínez Hulin - Santiago Morata - Clara Tahoces - Patrick Ericson - Olalla García - Jerónimo Tristante - M. A. León Asuero - Antonia J. Corrales - Susana Vallejo - Tobias Grumm - Mª Dolores García Pastor- Yanitzia Canetti - Mario Escobar Golderos - Francisco Narla - José Antonio Cotrina - Eloy M. Cebrián - Juan Gómez-Jurado - Irene Rodríguez Aseijas.

Si todo marcha como corresponde, el volumen se pondrá a la venta el próximo mes de abril. Háganse con un ejemplar. No sólo contribuirán al mantenimiento de una ilusión compartida por muchos, sino que, además, disfrutarán del buen hacer de un montón de excelentes autores. Se lo digo yo, que me consta fehacientemente :-)

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sábado 23 de enero de 2010

Las abuelas del Corte Inglés

Suelo asistir con cierta asiduidad a los diversos actos literarios que se programan en la sala de Ámbito Cultural ubicada en la séptima planta del Corte Inglés de Serrano, 52. El último de ellos, la presentación de los dos volúmenes de relatos de Carlos Salem, Yo también puedo escribir una jodida historia de amor y Yo lloré con Terminador 2. Al principio, su presencia me causaba cierta sorpresa. Mujeres que frisan los sesenta cuando no los han sobrepasado holgadamente, que acuden al lugar con puntualidad británica, arregladas, peinadas de peluquería, muy peripuestas y adornadas con sus mejores galas, en ocasiones acompañadas por caballeros de porte distinguido que se intuye son sus maridos. O sus parejas. No quiero decir que ese perfil deba tener vedado el acceso a la cultura, faltaría más. No es eso. Lo que me causaba extrañeza era su aparente anacronismo —es un auténtico show verlas allí junto a poetas melenudos, tipos de mirada esquiva amantes de la novela negra, escritores y otra gente de mal vivir— y, sobre todo, su perenne presencia fuese cual fuese la finalidad del acto. Una conferencia sobre literatura semiótica, una presentación de un libro de poesía, el lanzamiento de una novela de género hard boiled o una charla sobre novela histórica. Poco a poco, uno se acostumbra a su presencia. Y terminas por entenderla. O te la explican. Y descubres —o te descubren— que hasta tienen un nombre: canaperas. Son mujeres ahítas de tiempo libre que, de la misma forma que acudirían al bingo o a misa de siete, por puro entretenimiento, acuden a todo acto literario del que tienen conocimiento para pasar el rato y, ya que están allí, merendar a base de los canapés y las bebidas con las suelen agasajarte una vez terminado el evento. Con el tiempo terminas hasta por reconocer los mismos rostros. Y os juro que para los habituales de este tipo de actos, su presencia acaba siendo hasta entrañable. Ojo, que incluso hasta para esto hay clases. Las de presencia grata son las canaperas modosas y discretas comme il faut que demuestran su saber estar e incluso animan el cotarro con su presencia. Hacen un bulto elegante, vamos. Hay otro tipo de canapera kamikaze, auténticamente despreciable, que no paran de hablar de sus cosas —de sus nietos, de las pécoras de sus nueras o de su última operación de vesícula— durante el acto y que no duda en abrirse paso a codazos en cuanto aparece el camarero con las bandejas de canapés y arrasar con todo lo que pilla. Sólo les falta llevar un Tupper en el bolso. Cuestión que no dudo hayan hecho alguna vez.

Pero el día que falten hasta las echaré de menos. De veras.

¿El acto propiamente dicho? Muy bien. Tuve ocasión de reencontrarme con buenos y viejos amigos a los que no veía desde hacía algún tiempo: el propio Carlos Salem, Javier Puebla, David Torres, Fernando Marías, Daniel Martínez, editor de Salto de Página, Silvia Pérez Trejo, Javier Gutierrez… Ofició como presentador Jorge Benavides. Carlos estuvo bastante comedido para lo que es él y el acto, muy ameno, concluyó con la lectura de tres de los relatos que componen las antologías. Excelentes relatos. Cómo escribe el cabrón de Salem. Qué envidia. Con decir que, tras la lectura y durante la rueda de preguntas final, se arrancaron mostrando un auténtico interés hasta las canaperas, que normalmente permanecen con la boca cerrada —hasta la salida de los canapés, obviously—. Una vez terminado el evento acabamos todos donde corresponde a individuos de tal calaña: en la barra de un bar bebiendo cervezas.



No quiero terminar esta entrada sin recomendar encarecidamente un libro de reciente aparición. Su título es La pluma de Monteverdi y se trata de la opera prima de una excelente autora llamada Irene Mora que os aseguro dará mucho que hablar. Una novela de ambientación histórica que gira en torno al misterio inherente en el extraño legado que recibe una joven llamada Helena: un cofrecillo que contiene una exquisita pluma de escribanía que dicen perteneció al compositor Claudio Monteverdi. Al cofrecillo lo acompaña el peculiar diario de Ariadna, una sevillana que en 1598 viajó hasta Italia para conocer al músico. Y hasta ahí os puedo contar. El resto deberéis leerlo. Y os recomiendo que lo hagáis.

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lunes 21 de diciembre de 2009

Amigos

La otra noche estuve en una celebración de esas tan propicias en estas fechas. En Pummarola, en Pozuelo. Uno de esos eventos en los que a veces te ves arrastrado a la fuerza sólo que, por fortuna, no fue éste el caso. Todo lo contrario. Acudieron la inigualable Cristina Salama, el muy entrañable Guzmán Alonso y los excelentes escritores y mejores personas Irene Mora y Alfonso Ruiz de Aguirre. Y un servidor. ¿El motivo? ¿Acaso necesitan un motivo cuatro amigos para verse y compartir una gratísima velada? En todo caso, la excusa fue el desearnos unas felices fiestas, vernos, ponernos al día y echarnos unas risas. Y vaya si cumplimos. Con creces. Sobre todo lo de las risas. Irene publica en enero, con La esfera de los libros, una fascinante novela histórica titulada La pluma de Monteverdi. Para Irene es su primera novela y a estas alturas del partido todo son dudas, nervios y esperanzas. Resulta enternecedor verla tan radiante cuando habla de su próxima publicación, con la que alcanzará una merecida notoriedad, estoy más que seguro de ello. Alfonso acaba de terminar una novela cuyo título provisional es No me llames princesa —acertadísimo, por cierto—. Tras unas cuantas cervezas y la confianza que da el conocernos desde hace tiempo —si no me equivoco va ya para cinco años—, Alfonso me ofreció leer el manuscrito —ya sé que a día de hoy ninguno lo es (manuscrito), pero me resisto a cambiar el término. Me resulta tan atractivo como insustituible— para darle una opinión formada —«Perdónalo, señor, que no sabe lo que dice…»—. Un servidor, con esa mezcla de honor y compromiso que supone ser buen amigo, aceptó el lance y dos días después tenía una copia en la bandeja de entrada de mi cuenta de correo. De tres sentadas. Me he calzado las 400 páginas de tres sentadas. Qué pedazo de novela. Jamás comprenderé cómo Alfonso aún no ha conseguido llamar la atención de una editorial de primera línea. Cosas de los hados y el Destino, supongo. Pero terminará haciéndolo. No me cabe la menor duda. Su carrera lo avala y sus anteriores textos lo apostillan. No hay más que leer cualquier obra suya como Arde Troya o El difamador para hacerse consciente de lo que a los demás nos resulta más que evidente.

Y hablando de amigos. Francisco Castillo ha publicado una novela que comencé a leer ayer. Se titula Cazar al Capricornio. Y vive Dios, ¡qué pinta tiene! Al fin alguien en este país ha decidido liberarse de complejos y escribir una novela de espías, aventuras y operaciones encubiertas como Dios manda. Una novela que si nos llega de fuera con el nombre de Graham Greene, Tom Clancy o John Le Carré en la portada y su protagonista se llama, un suponer, Alan Cummings y es de la CIA —en lugar de Antonio Alba, del CNI, como es el caso— meamos colonia. Pero, aquí, varias editoriales importantes la rechazaron porque «su trama es demasiado arriesgada, fantasiosa e increíble para estar ambientada en España». El amigo Castillo aglutina en un mismo artificio narrativo el atentado contra Carrero Blanco, la desaparición, años después, de unos peculiares documentos durante el incendio del edificio Windsord y un verosímil intento de que España tuviese su propia carrera espacial. Y lo hace con una envidiable soltura, una impecable labor de documentación y un oficio digno del mayor de los elogios. Casi ná.

Ya comentaré cuando termine su lectura, pero por lo que llevo hasta ahora… chapeau por Francisco.

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viernes 11 de diciembre de 2009

Presentación de Impar y rojo

Ayer tarde se celebró en la sempiterna Estudio en Escarlata la presentación de la última y esperada novela de Óscar Urra, Impar y rojo, continuación de la saga Julio Cabria iniciada con la excelente A timba abierta —finalista del premio Memorial Silverio Cañada 2008 a la mejor primera novela negra—. El acto estuvo bastante concurrido y contó con la presencia del autor — obvia—, del siempre cordial Domingo Villar —que está que lo rompe con su excelente La playa de los ahogados— ejerciendo de maestro de ceremonias y de unos cuantos amigos y conocidos más. Por allí pululaba la viborilla de Mercedes Castro, de la que puedo adelantar, en el más puro estilo Qué me dices, que el año que viene, hacia la primavera, pondrá en la calle una nueva novela. Y no. No es de la saga Clara Deza. También estaban —no podía ser de otra manera. Eran los padres putativos de la criatura— dos de los integrantes —Pablo y José— de esa Santa Trinidad que compone el staff de Salto de Página. Buena gente toda.


Abrió el acto el librero Juan Escarlatti agradeciendo la presencia a los asistentes y recordando que aquél era el último acto literario que se celebraría en la librería en el 2009 tras una temporada bastante intensa en cuanto a actividades literarias. Después tomó la palabra el editor, Pablo Mazo, para hacer una breve introducción tanto de la novela que se iba a presentar como de la trayectoria literaria del autor. Domingo Villar glosó algunas de las excelencias de la obra —tratando de no desvelar nada de la trama, cuestión que si de por sí resulta poco deseable en cualquier novela lo es menos aún en una novela negra— y de las virtudes narrativas de Urra. Hizo especial mención a la pulcritud de su prosa, a la estupenda recreación de ambientes y a los acertados diálogos de los que suele hacer gala el autor, cuestión con la que el resto de lectores de Urra estuvimos completamente de acuerdo. Por último tomó la palabra el propio autor para explicarnos algunos aspectos de la intrahistoria de Impar y rojo, de su forma de plasmarla en papel y de su visión de la novela negra. También relató en un ambiente bastante distendido y ameno algunas de las anécdotas que fueron surgiendo durante la redacción del texto. Urra cerró el acto con una original performance: el editor le hizo entrega de una carta que acababa de recibir, remitida por el propio Julio Cabria, y Óscar procedió a leerla en público. En ella le ponía poco menos que a parir por aprovecharse de él y de sus vivencias para pergeñar esos panfletos que escribía y le advertía que se cuidara muy mucho de continuar metiéndole en líos en un futuro.

Terminada la presentación, alrededor de unos vinos ofrecido por la organización, nos dedicamos a disfrutar en petit comité de una serie de charlas secretas, conversaciones a media voz y confesiones en corrillo, que obviamente, pertenecen al secreto del sumario. Como no podía ser de otra manera tratándose de novela policíaca.

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sábado 28 de noviembre de 2009

Presentación de El momento del unicornio.

Dicen que no hay dos sin tres. Esta semana ha sido bastante prolífica en cuanto a citas literarias. Ayer se celebró en Madrid la presentación del libro de relatos El momento del unicornio de Norberto Luis Romero, autor al que guardo un particular aprecio. Al cordial y entrañable Norberto lo conocí hace años, cuando aún se celebraba aquella famosa y añorada reunión semanal de pirados que conformaban la tertulia La Cruzada. En su descargo he de decir que me cayó bien de forma inmediata y que desde el primer momento se estableció entre nosotros una particular corriente de simpatía. Después, los azares del destino lo llevaron lejos de Madrid y a pesar de no haber perdido nunca del todo el contacto, hacía ya mucho tiempo que no teníamos ocasión de saludarnos en persona. Me apetecía muchísimo darle un abrazo. Y además, la presentación del acto corría a cargo del galateo David G. Panadero con el que también hacía tiempo que no me encontraba. Estupenda ocasión para matar dos pájaros —en el sentido más literal del término— de un tiro.

El evento se celebró en la sempiterna librería Estudio en Escarlata, establecimiento que terminará por convertirse en lugar de culto de todos los pirados literarios de Madrid —al tiempo—. Llego con la hora justa y para mi satisfacción me encuentro con que el elenco de asistentes es realmente notable, con la presencia de un gran número de amigos y conocidos. Además de los antes mencionados estaban por allí Félix Palma —de nuevo— y Lorenzo Luengo, Pablo Mazo —editor y, sin embargo, bellísima persona—, Herme G. Donis… También me presentan a Óscar Sipán, artífice editorial del libro presentado, un tipo realmente encantador. La velada se promete animada.

La presentación comenzó con una breve intervención por parte de Óscar Sipán en la que explicó la labor llevada a cabo para reeditar —el volumen fue editado originariamente en 1995— esta antología de relatos y el porqué de la decisión de hacerlo. Después tomó la palabra David G. Panadero para explicar lo peculiar de la literatura de Norberto Romero, un autor con una voz muy personal y al que tradicionalmente han tratado de encuadrar dentro de la literatura de estilo gótico. Panadero insistió en lo equivocado del planteamiento, surgido quizá de la querencia de Norberto Romero por acercarse a los espacios más oscuros del alma humana en busca de una particular visión —evocadora, sombría e inquietante las más de las veces, pero particularmente bella. Si algo tiene la literatura de Norberto Romero es que jamás te deja indiferente— de las historias que narra y, particularmente, de las atmósferas que tan magistralmente sabe recrear. En ese aspecto coincidimos la gran mayoría de sus lectores: Norberto es, probablemente, uno de los mejores recreadores de atmósferas —crudas, turbias, desosegadoras, inquietantes, líricas y plenas de matices— que ha dado la literatura de los últimos veinte años. No estoy exagerando. Al menos, no demasiado. Para muestra, un botón. No en vano sus relatos son ampliamente reconocidos allende las fronteras, siendo publicados con cierta frecuencia en revistas literarias de numerosos países.

Para cerrar el acto, tomó la palabra el autor para, en pocas palabras, agradecer la presencia de los asistentes, agradecer al editor que hubiese dado una nueva oportunidad a un libro de relatos que él ya daba por perdido y reafirmar las aseveraciones de David G. Panadero, indicando que está totalmente en desacuerdo con la mayoría de etiquetas que tradicionalmente le han impuesto, dejando claro que no se considera ni gótico, ni borgiano, ni escritor de culto, ni escritor maldito. Tras esto, el acto se cerró con un vino —estupendo, por cierto. Tengo que preguntarle a Juan Escarlatti de dónde demonios lo sacó— degustado en grata compañía. ¿Qué más se puede pedir para redondear la tarde de un viernes?

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viernes 27 de noviembre de 2009

Presentación de El ocaso de las siete colinas

Con relación a los actos culturales celebrados en la capital decía el maestro Ortega y Gasset que «Un jueves por la tarde, en Madrid, o das una conferencia o te la dan». Siguiendo la estela de tan insigne tradición, ayer se celebró en Madrid la presentación de El ocaso de las siete colinas de Patrick Ericson. El acto, que fue presentado por el escritor Francisco Javier Illán Vivas, tuvo lugar en la librería Estudio en Escarlata. Durante el mismo, ambos se encargaron de desgranar con grandes dosis de inteligencia las esencias de la novela —la cuarta del autor si mal no recuerdo—, explicando que continua en la línea del tipo de literatura al que Ericson nos tiene acostumbrados en sus anteriores textos, esto es, literatura de entretenimiento puro y duro con grandes dosis de acción y misterios por doquier. Ese género plagado de grandes obras al que mucho purista imbécil sin criterio llama despectivamente best seller. Y si bien es cierto que el género es bastante proclive a llenarse de basura ramplona de tramas insulsas y esquemáticas, tomar la parte por el todo y tildar a un amplio conjunto de obras de literatura menor —como hasta hace poco se hacía con la denostada novela negra y mira cómo vamos, Stieg Larsson incluido— es probablemente una de las actitudes mas temerariamente snobs que pueden encontrarse a día de hoy en el ámbito literario. Y hacerlo con El ocaso de las siete colinas sería, además, una flagrante injusticia.

La novela de Ericson está planteada como un juego. Un peculiar personaje que se hace llamar Reverendo se hace con un par de ingenios nucleares provenientes de la extinta Unión Soviética con los que se propone organizar un atentado sin precedentes en la historia del terrorismo internacional. Antes de llevar a cabo su acción, lanza a través de Internet un texto denominado El manifiesto del terrorista en el que plantea, a través de extraño juego de rol inspirado en los textos del Apocalípsis, el reto de descubrir «a quién corresponde el Número de la Bestia». Aquél que descubra la clave, estará en disposición de evitar la catástrofe. El mensaje es interceptado por un peculiar equipo de la NSA americana que, tras verificar su autenticidad, se pone en marcha en una carrera contrarreloj con el fin de detener la amenaza, encontrando en su camino muchas otras facciones implicadas que albergan intereses similares a lo suyos, desde la curia vaticana hasta determinadas agencias que trabajan a la sombra de algunos gobiernos.

A quién pueda sospechar similitudes, no: no es un remedo de Ángeles y Demonios. Puede albergar alguna similitud en cuanto a ciertas premisas y planteamientos, pero ahí termina toda coincidencia. En esta novela, Patrick Ericson maneja de forma envidiable el ritmo de una trama cuyo desarrollo tiene más en común con el planteamiento de la serie de televisión 24 que con la obra de Dan Brown y en la que los temas son tratados de una forma menos superficial, más profunda, apoyando todos los aportes con hechos contrastables, perfectamente documentados y manejándose de una forma más que efectiva y solvente en el terreno de una ficción con la que es capaz de lograr algo no muy habitual ni fácil de conseguir por parte de aquellos que le damos a la tecla: recabar el continuo interés del lector sin concederle un minuto de respiro.

No esperen ustedes hallar una obra sesuda, de pensar, de esas que trascienden —quiera Dios que sea lo que signifique esa gilipollez—. Estamos hablando de puro entretenimiento, de literatura de palomitas. Eso sí, de la mejor literatura de palomitas, de la de pata negra. Que hasta para eso hay que tener arte y, sin duda alguna, Patrick Ericson lo tiene. Desde esta modesta tribuna recomiendo sinceramente su lectura. Si se deciden a ello, les auguro que van a pasar un rato muy entretenido.

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jueves 26 de noviembre de 2009

Presentación de El violinista de Mauthausen

Ayer tarde se presentó en Madrid, en el salón de actos del acogedor Hotel Kafka, El violinista de Mauthausen, la novela ganadora del premio Ateneo de Sevilla 2009. Este año el galardón recayó sobre mi apreciado amigo y compadre de letras Andrés Pérez Dominguez, al que hacía algo más de un año —desde que tuvimos ocasión de compartir mesa en la anterior edición de Getafe Negro— que no tenía ocasión de saludar en persona. Con el deseo de darle un fuerte abrazo y la enhorabuena por el premio —del que me alegré mucho. Aún no he tenido ocasión de leer esta novela, pero he leído otras de Andrés y, teniendo en cuenta el oficio y la solvencia de la que suele hacer gala en sus textos, no me cae la menor duda de lo merecido del galardón—, me encaminé hacia el Hotel Kafka. Para mi desgracia, llegué al lugar con demasiada antelación —a los maniáticos de la puntualidad nos resulta cada día más imposible estimar la densidad el caótico tráfico de Madrid y el que, como yo, se acerca a la ciudad desde la periferia de las afueras del extrarradio, tiene que salir de casa con tiempo sobrado si no quiere que un imprevisto le haga llegar tarde. Y si no se te cruzan imponderables, siempre sueles llegar con demasiada antelación a todos lados. Bueno, a lo que vamos, que me disperso— y me dispuse a dar un paseo por los alrededores del lugar de reunión. En una de las calles adyacentes me topé de bruces con el propio Andrés. Abrazos, felicitaciones y toma de cañas de rigor. Mientras, en un bar cercano, nos poníamos al día de las novedades, aparecieron por la puerta del local la entrañable Begoña Minguito y el editor de la criatura, Miguel Ángel Matellanes. Una ronda más y marcha en grupo hacia el Hotel Kafka.

En el lugar, saludos por doquier a viejos amigos y algunos nuevos. Es lo que suele tener de agradable este tipo de eventos, que sueles encontrarte con gente a la que aprecias. Por el lugar pululaba el dicharachero Félix Palma —aún aclimatándose a su reciente mudanza— y la simpatiquísima Vanessa Monfort —ambos ejercían de maestros de ceremonias ya que, en el mismo acto, se presentaba también la novela ganadora del Ateneo Joven, Amerika de Lorenzo Luengo—, el siempre cordial David Torres, Rafael Reig, Ramón Pernas... Más o menos, la mayor parte de los que siempre nos encontramos en estos saraos.

El acto, muy divertido. Félix Palma y Lorenzo Luengo, simulando el papel de enemigos irreconciliables, se enzarzaron en una celebrada gresca al alimón en la que no faltaron puyas, tarascadas y cruces de acusaciones con la que, aparentemente, pretendían explicar de dónde había surgido su mutua enemistad y que en realidad evocaba a grandes rasgos el argumento de Amérika. Ingeniosa puesta en escena. Vanessa Monfort nos transmitió con bastante convicción y vehemencia la pasión que le había suscitado la lectura de El violinista de Mauthausen y Andrés puso el broche final, hablando de su novela como un thriller intimista —según la definición de una amiga común, la escritora Antonia J. Corrales— en la que prima la presencia de los personajes sobre el desarrollo de la trama y aclarando algunos de las aspectos de la génesis y el desarrollo de su novela —que tras lo comentado confirma mi impresión inicial de que debe de ser una novela extraordinaria. Deseando estoy de ponerle el ojo encima—. El acto concluyó con las cervezas, los vinos de rigor y conversaciones cruzadas en las que, como corresponde y es habitual, los escritores allí reunidos —sin que los editores presentes, como Matellanes, pudieran escucharnos, of course— pusimos a parir al establishment editorial . Y es que, si no, las reuniones de escritores no serían lo mismo.

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domingo 1 de noviembre de 2009

Yo lloré con Terminator 2

Finalizada la pasada edición de la Semana Negra de Gijón, Carlos Salem y yo compartimos —amén de las correrías sucedidas a lo largo de varios días— plaza contigua en el autobús de regreso. Durante el trayecto —largo trayecto. Larguísimo trayecto— surgieron decenas de conversaciones: delirantes, escabrosas, ociosas..., pero, sobre todo, desternillantes. Con Salem no puede ser de otra manera. Uno de los temas que se trataron fue el de la clase de personas y actitudes que odiamos profunda e, incluso, irracionalmente. Yo sugerí que si alguien merecería desaparecer de la faz de la tierra esos serían los tunos. Y los mimos. Particularmente los mimos. Al hilo de tal apunte, sobre la marcha, comenzamos a hilvanar el esbozo argumental de un relato. Puro entretenimiento. Llegados a nuestro destino, yo olvidé la cuestión. Pero Carlos no. Fruto de esa extravagante digresión nació El albañil cósmico, uno de los relatos que compone la excelente antología Yo lloré con Terminator 2 y que Carlos, amigo y caballero, ha tenido a bien dedicarme.

[Debatiendo arduamente sobre el existencialismo del yo]

Al género en el que se inscribe la antología, el autor ha tenido el acierto de bautizarlo como cerveza-ficción, una suerte de relatos de profunda vocación canalla, nacidos al calor de la barra de un bar y en los que no todo resulta ser lo que parece. Narrados en un tono que podíamos denominar puro Salem —con todo lo que eso conlleva. Cualquier lector habitual suyo sabe a qué me refiero—, dentro de la antología podemos encontrar, entre muchas otras perlas, obras maestras como el relato que da título a la compilación o el titulado Acabo de escapar del cielo. En ellos podemos encontrar reminiscencias tan dispares como el Parodi de Borges o el Chinaski de Bukowski, esencias que Salem sabe manejar con exquisita solvencia sin perder un ápice de su propia identidad, un malabarismo que muy pocos autores son capaces de llevar a cabo. En este tipo de relatos, el relato-canalla, los hay que nacen con la única aspiración de ser canallas y otros, que surgen con la de ser relatos. Si deseas saber en que clasificación se integran los que componen la antología Yo lloré con Terminator 2 tendrás que comprarla y leerla. Pero sea cual sea tu juicio al respecto, de una cosa estoy seguro: no te sentirás defraudado.

El libro se presentará el próximo día 4 de noviembre en Madrid. Si quieres conocer los detalles, quizá asistir a su presentación y, particularmente, cumplir con la inexcusable liturgia de hacerte con un ejemplar firmado por su autor, consulta el apartado Agenda a la izquierda de esta página.

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miércoles 14 de octubre de 2009

Getafe Negro 2009

El próximo día 19 de octubre arranca la segunda edición del festival Getafe Negro, que junto a la Semana Negra de Gijón, El Congreso Negro de Salamanca y BCNegra forman los cuatro puntales festivaleros sobre los que se asientan los encuentros sobre género negro y policiaco en España. A pesar de su breve recorrido, gracias al buen hacer de sus dos principales comisarios, Lorenzo Silva y David Barba, Getafe Negro se está convirtiendo en un sólido referente para todos los amantes del género. En esta edición, Getafe Negro mantendrá como eje central una aproximación a la novela negra sueca y el fenómeno generado a su alrededor y los actos convocados estarán plagados de relevantes figuras que participaran en los debates y mesas redondas previstas durante el festival por lo que recomiendo encarecidamente la asistencia a todos los actos que sea posible. Para conocer el programa completo definitivo —que será dado a conocer pública y oficialmente el jueves, 15—, accede a la web oficial del festival.

En esta edición de Getafe Negro y de forma previa a la inauguración oficial se celebrarán dos mesas redondas encargadas de preparar y calentar el ambiente que se avecina para la semana que viene y en las que se hablará del presente y el futuro del género negro. La primera de ellas se celebrará el próximo jueves, 15 de octubre, a las 20:00, en el Corte Inglés de la calle Preciados. Intervienen: Tomás García Yebra, David Torres y Marta Sanz. Modera Javier Puebla. La segunda se celebrará el viernes, 16 de octubre, a las 19:30, en el Salón de Actos del Instituto Cervantes (C/ Alcalá, 49 - MADRID). Intervienen: Óscar Urra, Marcelo Luján, Francisco Zamora Loboch y José Ángel Mañas. Modera Pedro de Paz.

Bienvenidos a Getafe Negro.

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miércoles 9 de septiembre de 2009

Ladrones de gallinas

Anoche se celebró en el BUKOWSKI CLUB un recital de narrativa llevado a cabo por la banda mafioso-literaria conocida como Ladrones de gallinas, a la cual fui invitado como cuatrero de honor y aspirante a componente. Dicen que aprobé con nota y que ahora, de cara a futuros golpes, soy miembro de pleno derecho de este descastado lumpen. Como acredita la imagen adjunta, la asistencia fue bastante numerosa para tratarse de un martes a las diez de la noche —gracias a todos por el esfuerzo— y tuve la gran fortuna de encontrarme con un montón de compañeros de letras, de caras amigas a las que hacía tiempo que no echaba la vista encima y que me apetecía mucho revisitar: el inigualable Miguel Baquero —un auténtico artista del relato, el rey de los detalles minúsculos—; el gran —literalmente— Jorge Díaz, autor de esa joya titulada Los números del elefante; la pizpirieta Marta «UB», el entrañable Antonio Rómar, el trío maravillas que compone el staff editorial de Salto de PáginaDaniel, Pablo y José: fue un placer saludaros—... Un montón de buena gente. Lo dicho. La velada, magnífica. Y la calidad de las piezas narradas, increíble. Las de Daniel Herrera, Gonzalo Torrente, José Rafael Rodríguez, Luis Boullosa... Todas. Sin excepción. Aunque si se me permite hacer hincapié en alguna en concreto, la de Carlos Salem, titulada Yo lloré con Terminator 2 y protagonizada por Poe, uno de sus personajes recurrentes, me pareció magistral. El humor surrealista del más genuino Salem en estado puro.

Sea cuando sea, acudid a la próxima convocatoria, que la habrá. No os hacéis una idea de lo que os estáis perdiendo.

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domingo 6 de septiembre de 2009

Los vuelos del silencio

Se llama Jorge Real Sierra y está condenado a 59 años de prisión, acusado del truculento —la historia podría inspirar el guión de un pavoroso thriller— asesinato de un matrimonio inglés en Alcoy en el año 2002. Actualmente cumple condena en la prisión de Córdoba.

No pretendo abrir un debate acerca de la opinión que me merece ese episodio de su vida ni de si albergo dudas o certezas acerca de su culpabilidad o inocencia. Su mención aquí se debe a otras cuestiones. Durante su estancia en prisión, Jorge Real ha escrito una novela. Su título: Los vuelos del silencio. Cabe destacar que el libro no revela ni contiene ninguna mención oportunistamente morbosa al crimen por el que fue condenado sino que narra la apasionante historia de David, un joven que, en su Venezuela natal, se convierte en piloto de avionetas al servicio de los cárteles de la droga y cuyas peripecias, a medio camino entre la autobiografía y la ficción, están inspirados en el propio periplo vital del autor. Al menos, así lo afirma él. Los derechos de la novela han sido adquiridos por Plaza & Janes y el libro saldrá a la venta el próximo 19 de septiembre.

Por cuestiones que no vienen al caso, hace meses tuve la posibilidad de leer un primer borrador de la novela. Y su lectura me dejó clavado desde la primera página. Uno de esos textos que a uno le hubiese encantado firmar. Los vuelos del silencio es una novela apasionante escrita con un pulso narrativo de virtuoso que desgrana con suma precisión el entramado del tráfico de drogas en Sudamérica y la evidente implicación de organizaciones y figuras como la CIA, el FBI, John Negroponte, Pablo Escobar o George Bush padre durante una época, los años setenta y ochenta, en la que se derrocaban gobiernos, se financiaban guerrillas y se hacía desaparecer a la gente con el único fin de mantener en alza un lucrativo negocio.

La obra y su inquietante trasfondo, como escalofriante testimonio de una época y unas circunstancias muy concretas, no tienen precio. Vaya en estas líneas la más sincera recomendación de su lectura. Como suelo decirles, no se arrepentirán.

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viernes 14 de agosto de 2009

Un oficio peligroso

Durante la Semana Negra, Carlos Salem, ese extraordinario tipo, tan delirante como genial, se movió por Gijón grabadora en ristre tratando de recoger declaraciones de algunos de los autores que por allí andábamos. Obvio decir que dadas las circunstancias —y, en muchas ocasiones, las horas y el estado personal— en las que dichas declaraciones fueron capturadas, ese conjunto de pseudoentrevistas contiene perlas de muy distinto calibre. En estos días, Carlos Salem colabora con el programa La Octava Planta de la cadena SER y no ha tenido mejor ocurrencia que editar dichas grabaciones, compilarlas en un espacio que ha decidido denominar Un oficio peligroso y emitirlas durante su colaboración en el programa. Raúl Argemí, Paco Taibo II, Juan Ramón Biedma… Algunas de esas grabaciones son pata negra. La Octava Planta se emite durante este mes de agosto, de 21:00 a 23:00. Si a alguien le apetece escuchar algunas de las perlas que ya han sido emitidas, puede hacerlo en el blog de Carlos Salem, Matar y Guardar la Ropa.

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miércoles 15 de julio de 2009

Semana Negra, here i go

Lo dicho. Que desde hoy y hasta el domingo, 19, estaré por Gijón pasándolo de pu... digo, trabajando muy duramente y que, con toda probabilidad, durante estos días, no podré hacer acto de presencia por el blog. Ya contaré a mi vuelta. Todo lo que se pueda contar. Y pondré fotos. Lo más comprometidas que pueda. De los demás, of course.

Abrazos.

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lunes 6 de julio de 2009

Semana Negra

El próximo viernes, 10 de julio, dará comienzo en Gijón la esperada y ansiada Semana Negra, cita anual de larga tradición y extraordinario prestigio dedicada a la novela negra y policíaca. Para quien tenga la fortuna de poder estar presente, aquí puede consultar el programa de actos. Un servidor de ustedes ha sido invitado para impartir una ponencia en un taller de creación literaria y mi intervención, que versará sobre la novela-enigma y Conan Doyle como exponente del género, tendrá lugar el jueves, 16. También estaré presente junto a otros autores en la presentación de la antología La lista negra (Salto de Página), acto que se celebrará en la Carpa Imagenio el viernes, 17, a las 19:00.

Pues eso, que desde el miércoles 15 hasta el domingo 19 estaré rondando por Gijón, cerrando bares en compañía de lectores y compañeros a los que aprecio y admiro. ¿Qué más se puede pedir?

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sábado 20 de junio de 2009

No puede ser de otra manera

Lo conocí —supe de él, más bien— cuando, hace años, me birló el premio Max Aub de relatos con su excepcional cuento Ojos Tristes. Nos encontramos en persona en la pasada edición de Getafe Negro donde tuvimos ocasión de compartir mesa redonda, unas cervezas y una animada charla. Y confirmé lo que ya había intuido en la distancia a través de varios correos electrónicos entrecruzados: que es buena gente. Leí su Clave Pinner y su Síndrome de Mowgli y entendí por qué me había birlado el Max Aub: porque, además de buena gente, es un escritor brillante.

Ahora Andrés Pérez Dominguez se ha erigido en ganador del premio Ateneo de Sevilla con una —no me cabe la menor duda— excelente novela titulada El violinista de Mauthausen. Y yo me alegro muchísimo. Me alegro de que, poco a poco y a base de constancia y trabajo, se vayan reconociendo los méritos de un auténtico narrador, de alguien para el que la escritura es algo más que juntar una palabra tras otra, de alguien que pone el alma en cada texto que escribe.

Enhorabuena, Andrés. No me cabe la menor duda que éste será uno más a añadir a la larga lista de éxitos que te esperan. No puede ser de otra manera.

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domingo 14 de junio de 2009

Ya iba tocando

El calor que hizo ayer en Madrid resultó determinante. No podía vivir más con esas greñas. Y hete aquí el resultado de la radical decisión tomada.

Anoche estuve de cena con la gente del foro literario Abretelibro y con Jerónimo Tristante. Qué buena gente la del foro y qué gran tipo el helmano Tristante. Mira que me cae bien el jodío. El muy cabrón me adelantó una breve sinopsis de la novela que anda montando y me dejó con la miel en los labios. Tiene una pinta estupenda. Será un éxito, como todo lo que sale de sus manos. Por la tarde, estuve paseando por la Feria del Libro con Cristina Salama y Ángel López Soto. Tuve ocasión de saludar y cambiar impresiones con gente estupenda como Marta Rivera de la Cruz, Ignacio del Valle, Fernando Marías, Alejandro M. Gallo o Alfonso Mateo Sagasta y conocí a nuevos amigos como Eva Roy —un cielo de mujer— y los que resultaron ser la gran y más grata sorpresa del día: Sergio Vera, un lector de Cuenca, y José Ángel, su padre, personas encantadoras donde las haya. Sergio, voraz lector de novelas, cuenta con una dificultad añadida: es ciego. Su padre le escanea pacientemente toda novela que cae en sus manos y él las «lee» con ayuda de un ordenador. Si eso no es afán de superación, que venga Dios y lo vea. Quedamos en encontrarnos en la Semana Negra de Gijón a la que tienen previsto asistir. Será para mí un auténtico placer tener ocasión de volver a saludarlos y firmarles esos ejemplares que han quedado pendientes.

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miércoles 3 de junio de 2009

MADRID SERIE NEGRA. Reportaje gráfico

Imágenes tomadas durante el transcurso de las I jornadas de novela policíaca y de misterio en Madrid. Por cortesía del amigo Ignacio del Valle

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domingo 31 de mayo de 2009

El señor Ken Follet se ha ganado todos mis respetos

Fiesta de Random House en la sala Florida Park con motivo de la Feria del Libro de Madrid. El evento estrella de la noche es la actuación de la banda de Ken Follet, Damn Right I Got The Blues. Llego al lugar en torno a las diez de la noche. Repito compañía de la velada anterior: Cristina Salama, Irene Mora y Alfonso Ruiz de Aguirre. Inmejorable compañía. Comienzo a sospechar que algunos nos hacemos escritores sólo por estos saraos. En la puerta me encuentro con Juan Gómez Jurado y su encantadora mujer. Tras los abrazos de rigor accedemos todos juntos al interior de la sala de fiestas. El lugar se encuentra semivacio, algo normal ya que somos de los primeros en entrar al recinto, pero poco a poco va llegando el resto de invitados hasta abarrotar la sala.


Intentamos coger el mejor sitio posible para ver la actuación —y tener un acceso estratégico a los canapés—. Una actuación por la que todo el mundo siente una gran curiosidad. Algunos medios reseñan la asistencia de un gran número de nombres conocidos. Yo no los vi aunque lo cierto es que tampoco presté demasiada atención. Gómez Jurado me presenta a Manel Loureiro, autor de Apocalipsis Z, y tengo ocasión de saludar a la encantadora Lola Beccaria y al siempre cordial Fernando Marías. A las once de la noche da comienzo la actuación de la banda. La expectación crece. Todos nos preguntamos si realmente será una actuación musical aceptable o simplemente el resultado de una boutade caprichosa de uno de los escritores más vendidos del mundo.


Y lo cierto es que fue una actuación muy digna.

Obviamente, no son músicos profesionales con años de carretera a sus espaldas, pero debo decir que dejaron el pabellón bastante alto. Temas clásicos de rock de los sesenta y los setenta. Sonido americano alternado con el Start me up de los Rolling y lo que para mí, guitarrista aficionado, fue la gran sorpresa de la noche: una honesta versión del Are you gonna my way de Lenny Kravitz. Actuación sobria, moderada, pero cumplida con creces. La guitarra solista, a cargo de Emmanuel, el hijo de Follet, bastante lograda. No es Clapton, pero se deja escuchar con agrado. El público, bastante entregado, coreando las canciones y con ganas de pasarlo bien. A las doce de la noche termina la actuación con la interpretación del popular Mustang Sally a modo de bis. Un par de cervezas más y para casita.

El señor Ken Follet se ha ganado todos mis respetos. Y no sólo como escritor.

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sábado 30 de mayo de 2009

El jardín de las letras

Edificio de Unidad Editorial. Fiesta organizada por El mundo y La esfera de los libros con motivo del inicio de la Feria del Libro de Madrid. Una estupenda ocasión de reunirte con viejos amigos y conocer a algunos nuevos. En la puerta me encuentro con Alfonso Ruiz de Aguirre, un tipo al que aprecio mucho más de lo que deseo reconocer y que tiene un pequeño, brevísimo, cameo en mi última novela. Está cabreado porque Karmele Marchante acaba de birlarle por segundos un excepcional sitio para aparcar. Entramos juntos al tiempo que comentamos nuestras últimas cuitas editoriales. Planes, proyectos, perspectivas. El jardín donde se celebra la fiesta se encuentra a rebosar. Comienza el desfile de rostros conocidos: Pedro J., Antonio Gala, algún que otro personaje televisivo cuyo nombre no recuerdo... Saludo al editor Miguel Ángel Matellanes, excelentemente acompañado, por cierto, y en una de las barras coincido con el simpático Juan Aparicio Belmonte. Nunca habíamos tenido ocasión de coincidir en persona pero ambos habíamos oído hablar del otro. Charlamos un rato y nos despedimos con la promesa de seguir charlando más tarde —acabaríamos coincidiendo varias veces a lo largo de la noche y siempre delante de una de las barras. Curioso—. Aparece, deslumbrante como siempre, Cristina Salama, acompañada de su socio, Guzmán, de la escritora Irene Mora y del fotógrafo Ángel López Soto. Alfonso y yo nos unimos al grupo. Ya está la cuadrilla de RLYA al completo. Una fiesta, para ser fiesta, no necesita más.

En un rincón vislumbro la presencia del superagente Eduardo Melón acompañado por mi dear and old fellow Javier Puebla. Me uno al grupo y comentamos una cuestión que, durante el resto de la noche, flotaría reiterativa en el ambiente: la reciente iniciativa del escritor Juan Gómez Jurado de luchar por la transparencia en las liquidaciones editoriales y sus esfuerzos encaminados a aglutinar la mayor cantidad de autores posible (ya hay más de cien) para establecer un frente común al respecto. Un asunto que en un futuro próximo dará bastante que hablar. En los corrillos no se hablaba de otra cosa. Al menos en los que yo frecuenté. Cada uno expone su opinión y pone sus objeciones. Y más de uno, su sorpresa ante lo acertado de la iniciativa y el hecho de que no se hubiese propuesto antes. Saludo a David Torres, otro tipo estupendo, tengo ocasión de charlar con un rato con Martín Casariego y me cruzo con Eugenia Rico, que se disculpa —innecesariamente— por haber tenido que marcharse anticipadamente el otro día de la conferencia de Madrid Serie Negra. Y entre bromas, risas y conversaciones jugosas con unos y otros va pasando la noche.

Madrugada. La carretera solitaria. Ventanillas abiertas y el aire tibio de la noche colándose por los resquicios. Del coche y de mi ánimo. Springsteen tronando en el compacto del coche, «...Rumble out on the promenade and the gamblin' comission is hangin' by the skin of its teeth...». Una sensación de euforia creciente me invade. Lo he pasado bien. Muy bien. Pero es hora de volver a casa. De vuelta a casa.

There's no place like home.

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viernes 29 de mayo de 2009

Actualidad literaria

Ayer tuvo lugar la clausura de Madrid Serie Negra, las jornadas sobre novela policíaca y de misterio que estos días se han celebrado en Madrid. Uno de los actos fue una mesa redonda en la que tuve el placer de participar y que versaba sobre el futuro de la novela negra. Los contertulios, estupendos, y el moderador de la mesa, templando y mandando con pleno acierto (un saludo, Julio). Surgieron temas muy interesantes durante las exposiciones y albergo la sospecha de que los asistentes, al igual que los ponentes, disfrutaron bastante del acto. Espero que esta interesante iniciativa se repita en años sucesivos.

Hoy da comienzo la 68ª edición de la Feria del Libro de Madrid —o la Fiera del Libro como suele apodarla mi amigo Javier Puebla—. El evento se augura algo sombrío según indican las últimas cifras de ventas y lectura, acogotadas en gran medida por la famosa crisis que nos asuela (un 20% menos que el año pasado en este mismo periodo). Esperemos que, al igual que San Jordi, estas jornadas supongan un respiro para los libreros y aprovechen para vender todo lo que puedan y un poco más.

Esta noche se celebrará la tradicional fiesta de El Mundo con el que se da el pistoletazo de salida a las jornadas libreras de la Feria. Al igual que otros años, el lugar estará plagado de escritores, agentes, editores y otras gentes de mal vivir. La creme de la creme. Ya os contaré si surge algo de interés. Lo que también tiene una pinta estupenda es la fiesta de mañana de Random House. El invitado de honor es Ken Follet y lo peculiar del caso es que, en esta ocasión, su presencia en España no se produce por motivos literarios sino musicales: amenizará la velada con su grupo de blues Damn Right I Got The Blues. Cuanto menos, curioso. También os contaré lo que fuera o fuese reseñable.

Y hablando de la Feria, un servidor de ustedes estará firmando ejemplares de El documento Saldaña el próximo 6 de junio por la tarde (de 18:30 a 20:30 aprox. Ya concretaré detalles) en la caseta de la librería Estudio en Escarlata (caseta 41). Me alegrará poder saludar a todo el que quiera pasarse por allí.

Buen fin de semana a todos.

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miércoles 20 de mayo de 2009

Sos grande, Carlitos. Muy grande

Ayer se celebró en la Casa de América la presentación de Pero sigo siendo el rey, la última novela del simpar Carlos Salem. Sin ánimo de sumergirme en el típico peloteo endogámico entre amigos puedo decir sin faltar a la más pura verdad que se trata de una de las mejores novelas que he leído en mucho tiempo. El mejor Salem en su estado más puro y vibrante. Si queréis saber de qué va la novela, os remito a la ficha editorial. Pero me gustaría transcribiros algunas de las palabras que pronuncié ayer durante el acto de presentación, en el que Carlos me hizo el honor de permitirme ejercer de maestro de ceremonias.

«..."Pero sigo siendo el rey" podría inscribirse dentro del género de lo que llamamos novela negra. Y digo podría porque sus inicios son fieles a los cánones de dicho género. José María Arregui, un ex policía de puño fácil y querencia por el disfraz, reconvertido en detective privado, recibe en su despacho la visita de Zuruaga, un siniestro personaje que pretende contratarlo. Más canónico imposible. Pero ahí termina el tópico. Lo que viene a continuación, aún manteniendo el tono de una novela de intriga perfectamente engrasada, se adentra sin ambages en el más genuino "territorio Salem", un territorio a veces disparatado, a veces surrealista, hilarante siempre, conducido por una particular y cautivadora forma de narrar, un pulso continuamente sostenido y, sobre todo, una manera de concebir unos excelentes personajes a base de esculpirlos más que perfilarlos. La novela nos va conduciendo a través de un peculiar periplo por una España tan atemporal como ausente de referencias geográficas en la que encontraremos una gran variedad de personajes variopintos "made in Salem" como Sosiris, el adivino retrovisor, Cabo, el director de orquesta que perdió su sinfonía, la fiel Rosita o los primos Saravia, evidentes trasuntos de esa España que siempre encuentra un motivo para seguir enemistada y el que, como personaje, es el gran descubrimiento y el mayor logro de la novela: el mismo rey Juan Carlos [...] Casi dan ganas de hacerse monárquico y todo...»

Poco más puedo —y quiero— añadir. Bueno, sí, una cosa: cómprate la novela. Ya tardas.

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MADRID SERIE NEGRA

La semana que viene (26, 27 y 28 de mayo) se celebrarán en Madrid las jornadas MADRID SERIE NEGRA, una primera cita que llega con intención de continuidad y que se compondrá de una serie de charlas en torno a la situación presente y futura de la novela negra. Servidor está convocado para el jueves, 28, pero el resto de eventos serán igual de interesantes (sino más) que el mío. Si quieres echar un vistazo el programa completo, pincha en la imagen superior. No te lo pierdas.

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jueves 30 de abril de 2009

1969. Presentación

Ayer tarde, en la librería ABAC de la calle Alcalá, ejercí de presentador de 1969, la última novela de Jerónimo Tristante. Como ya he tenido ocasión de comentar en este blog, un libro absolutamente recomendable que hará las delicias de cualquier lector, sea aficionado al género negro o no. El acto resultó tremendamente divertido y contó con la siempre grata presencia de un gran número de amigos entre los que se encontraban muchos de los participantes del foro literario Abrete Libro, Eduardo Melón o Javier Puebla. Conversamos, bebimos como cosacos y nos reímos lo indecible. Para muestra, unos cuantos botones (lo del Licor 43 tiene su coña relacionada con un aspecto de la novela).

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martes 21 de abril de 2009

Lo ha vuelto a hacer

El muy cabrón lo ha vuelto a hacer. Ya consiguió atraparme hasta las trancas —como ferviente admirador de Holmes no podía ser de otra manera— con su extraordinaria saga Víctor Ros (El misterio de la casa Aranda y El caso de la viuda negra), dejarme sin aliento en el frente ruso siguiendo las desventuras de un espía enrolado en la división azul (El rojo en el azul) y sumergirme en la Edad Media siguiendo la estela de un caballero templario (El tesoro de los nazareos), Y ahora lo ha vuelto a hacer con 1969, su última y probablemente mejor novela hasta la fecha. Me ha vuelto a atrapar haciéndome seguir los pasos de Alsina, un viejo policía desencantado y pasado de vueltas que durante los últimos años del franquismo se topa casi por casualidad con un caso en el que, tras la aparentemente anodina muerte de una mujer, se oculta un oscuro y excepcional secreto. Un secreto que puede tambalear los cimientos de la sociedad.

Me estoy refiriendo a Jerónimo Tristante.

Me cae bien el fulano. Es un tipo que ha sido capaz de ganarse mi respeto como escritor y mi admiración como persona. O viceversa. No sólo porque, como él dice, compartamos una visión común de la literatura y, sobre todo, del mundo, sino porque, además de magnífico escritor, es buena gente y esa es una cualidad muy difícil de hallar hoy en día. A lo que vamos. Que el hermano Jero me ha hecho el honor de invitarme a oficiar como co-presentador (junto a otro de los grandes —en el sentido más literal del término—, David G. Panadero) de 1969 por lo que, además de recomendársela fervientemente, les emplazo a asistir al acto de presentación el próximo día 28 de abril, a las 20:00, en la librería ABAC de Madrid (C/ Alcalá, 109) y a hacerse inmediatamente con un ejemplar. Háganme caso. Les aseguro que no se arrepentirán.

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sábado 18 de abril de 2009

Presentación Premio Azorín 2009. La crónica

Madrid, 16 de abril de 2009. Hotel Intercontinental. 14:00. Se celebró la presentación de la novela ganadora del premio Azorín 2009 —de cuyo fallo ya dimos cumplida cuenta en este blog—, El arte de perder de la escritora Lola Beccaría. Amadrinaba el acto la encantadora Ana García Siñeriz a quien me alegró volver a saludar. La velada, agradable. Muy agradable, a qué negarlo. Me tocó compartir mesa y mantel, entre otros, con la dicharachera Carmen Ramírez, de Planeta, con Adolfo García Ortega, con la siempre agradable Ángela Vallvey, con Marta Sanz... A mi derecha, el enorme —en múltiples sentidos— Jorge Díaz y a mi izquierda, Espido Freire, liberada de su sempiterna melena en un sorprendente y muy favorecedor cambio de look. A la izquierda de Espido, Lucía Etxebarría. La comida, buena, y la conversación, jovial y bastante grata. El acto, interesante dentro de la tónica general de este tipo de eventos. Bastante emotivo. A Lola Beccaría se le escaparon un par de lágrimas al hablar de su novela y de las circunstancias que influyeron en su concepción y contó un par de anécdotas bastante graciosas.

Ahora lo que toca es leer el libro que dicen que es bastante bueno.

Ahí van unas fotos del evento


Acabada la presentación, Jorge y yo terminamos enredados hablando de literatura, libros y textos propios y ajenos. ¿Dónde? En efecto, en la barra del bar del hotel. ¿Dónde si no? Estupendo tipo, Jorge —¿Lo había dicho ya?—, y excepcional narrador. Sus números del elefante es una excelente novela que permanecerá vigente durante mucho tiempo, no me cabe la menor duda. Tanto nos enredamos hablando de lo divino y lo humano que nos dieron las siete de la tarde. Jorge tenía esa noche una cita con unos amigos con los que suele quedar a menudo para cenar y echar unas risas y me invitó a acompañarles. Acertada decisión la de aceptar. Tuve la ocasión de conocer al periodista Ramón Ongil, a Marina, a Iraida —espero haberlo escrito bien—, a Manu... También estaba por allí Ana D'Atri, mi editora, y tuve la siempre grata oportunidad de saludar a mi estimado Antonio Gómez Rufo al que hacía tiempo que no veía. Toda una maravillosa pandilla del golfos y cierrabares. Me lo pasé de miedo y me reí lo indecible. Tanto que seguramente repita en alguna de esas cenas ocasionales.

Al fin y al cabo, para algo tenía que servir la literatura, ¿no?.

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domingo 5 de abril de 2009

La importancia de las cosas

Ayer noche hubo fiestuki en el Hotel Kafka. Marta Rivera de la Cruz celebraba la segunda edición de su muy recomendable novela La importancia de las cosas y los amigos no quisimos perdernos tamaño acontecimiento, compartiendo con ella lo grato del momento. En el popular centro cultural que tan hábilmente dirige el entrañable Edu Vilas se dio cita lo más granado, la creme de la creme de la escena literaria madrileña. Es decir, lo más golfo y cierrabares de cada casa. Por allí anduvo David Torres acompañado del simpático y locuaz Álvaro, la editora Puri Plaza, el escritor y guionista Jorge Díaz, autor de la fascinante novela Los números del elefante —se la recomiendo encarecidamente—. Tampoco faltaron Fernando Marías, Vanessa Monfort y otros muchos —más de los que tuve ocasión de saludar— habituales de estos saraos.

y por supuesto, no faltó el más crápula de todos: un servidor de ustedes.

Para muestra, un botón.


Enhorabuena, Marta, por esa más que merecida segunda edición. Nos vemos en la fiesta de la tercera.

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martes 31 de marzo de 2009

Acto en librería Bertrand (Alcalá de Henares)

El próximo jueves, 2 de abril, a las 19:00 tendrá lugar en la librería Bertrand de Alcalá de Henares ( CENTRO COMERCIAL ALCALA MAGNA – C/ Valentín Juara Bellot, 4 (junto a la nueva comisaría y la nueva plaza de Toros) ) una charla-coloquio que bajo el título de «Literatura en Internet» girará alrededor de las distintas posibilidades comunicativas y literarias que ofrece la red de redes. Los invitados serán: Nacho Fernández (LITERATURAS.COM), alguien en representación de la revista literaria Alex_Lootz, alguien por parte de la revista literaria Revista de Libros y un tal Pedro de Paz, novelista al que quizá alguno de ustedes conozca de algo.

Una buena oportunidad para contemplar —y participar en, si así se desea— un interesante debate.

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miércoles 25 de marzo de 2009

Jornadas "Mejor con un libro". Crónica en tres actos (y III)

La última jornada se inició en el FNAC de Málaga con una sesión de cuentacuentos conducida por la escritora Eva Pérez en la que colaboró con la lectura de un relato el novelista Jorge Magano que, con su voz engolada y su varonil apostura, supo cautivar al público (Jorge, que ya me paso yo a por el cheque si eso...). Los cuentos, magníficos, particularmente el segundo de ellos.

El siguiente acto, en la librería Luces, fue la extraordinaria conferencia «El estereotipo del asesino en serie en el cine y la literatura: Realidad y ficción» impartida por el eximio profesor de Psicología Criminal D. Francisco Pérez Fernández (más conocido como Pakosky en determinados círculos y contextos). Paco, magnífico en su papel de orador. La charla resultó fascinante máxime si tenemos en cuenta el interés de los temas tratados ante un publico que en gran medida era lector, cuando no autor, de novela negra y policíaca. Por desgracia, la conferencia hubo de ser interrumpida antes de tiempo por problemas de agenda, pero creo que recojo el sentir de todos los que estuvimos presentes si afirmo que fue uno de los actos que más expectación creó y que todos nos quedamos con las ganas de haber asistido a su conclusión.

Sin movernos del sitio, después asistimos a la presentación de Fabuland, el nuevo libro del escritor Jorge Magano. Una excelente novela de género fantástico, orientada hacia un público juvenil, con cuya lectura puede disfrutar cualquier tipo de público. Tras una breve introducción a cargo de Juan Ramón Gálvez, la presentación fue llevada a cabo por Patrick Ericson. Un acto ameno e interesante donde no faltó la extensa participación del público.

A mediodía, para reponer fuerzas, comida en el restaurante El mago. Exquisita a pesar del peculiar diseño de la vajilla. Y a primera hora de la tarde, Tengo una respuesta para ti, quizá el acto más peculiar de las jornadas. Un evento que consistía en dejar pastar por el FNAC a más de una decena de escritores —que temeridad, por Dios. Sólo faltaba el cartel del «Peligro. Autores sueltos»— ubicándolos estratégicamente al lado de pilas, previamente preparadas, de ejemplares de sus libros para que cualquier asistente pudiese preguntar al autor por sus obras, charlar un rato con él y poder llevarse los libros firmados si así lo deseaba. El acto resultó un éxito para todos los congregados. En mi caso, agoté la pila de ejemplares de El documento Saldaña y el personal del FNAC tuvo que reponerla de nuevo. Y me consta que al resto de autores también les fue bastante bien.

Nótese la alta cuna y la excelente educación —de colegio de pago, por lo menos— de algunos de los autores presentes.

Tras la firma de ejemplares llegó el último acto de las jornadas, de nuevo en la librería Luces: la presentación de Génesis, el ritual rosacruz de Patrick Ericson quien, en un abracadabrante juego de manos, intercambió el papel de presentador y presentado que había interpretado esa misma mañana junto a Jorge Magano. Acto ameno y divertido dado el gracejo de los intervinientes y en el que Ericson esbozó el contenido de su novela y las bases históricas y documentales sobre las que se asentaba la trama.

Extenuados tras dos días de imparable ajetreo, nos dirigimos al hotel con el tiempo justo para una ducha y un cambio de indumentaria antes de la cena de clausura. En los rostros de todos se dibujaba el cansancio, pero también una extrema felicidad por los momentos compartidos. Restaba redondear lo vivido con un estupendo fin de fiesta por todo lo alto. Como así fue. Una velada presidida por las risas, las bromas y el cachondeo permanente donde hubo de todo, desde un generoso y emotivo brindis enunciado por Jero Tristante hasta una declamación de sonetos interpretada por David G. Panadero y su portentoso chorro de voz (un descojone, vamos). Para terminar, copas y baile hasta la madrugada, esa hora mágica en la que todos los gatos son pardos y la vergüenza se diluye entre las brumas del alcohol como si jamás hubiese existido (¿verdad, Pakosky?).








[Vídeos por cortesía de Chari (Neftis)]

CODA

Al día siguiente, en el AVE de vuelta, exhausto pero feliz, reflexioné sobre lo vivido durante los últimos tres días. Sobre la ilusión puesta en el lance, sobre los amigos encontrados, sobre los momentos disfrutados, sobre el cariño recibido, sobre la complicidad bien entendida, sobre el respeto que la labor del escritor genera cuando ésta es dada a conocer de manera adecuada. En definitiva, sobre la excelencia de actos como los que se habían llevado a cabo. Y no me cupo la menor duda. Iniciativas como éstas son necesarias. Por todo lo que aportan y, sobre todo, por todo lo que son capaces de aportar en un futuro. Y por ello, el staff de Mejor con un libro cuenta con mi agradecido reconocimiento por el empeño, la voluntad y el tesón empleados en lograr que las jornadas llegasen a buen puerto y cumpliesen su objetivo. Que no era tarea sencilla, pero que ellos fueron capaces de acometer con una solvencia digna de encomio.

Gracias, amigos. Por todo.

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