Mentiras completas y verdades a medias



domingo 7 de febrero de 2010

Letras españolas o el peligro de ser literato en este país

Mi amigo, el insigne escritor Miguel Baquero, comenta en su blog una anécdota entrañable y divertida —como todas las suyas— acerca del emblemático edificio de la Puerta del Sol que alberga en su azotea el anuncio de Don Pepe. Buscando entre los recovecos de mi memoria termino por recordar que en los bajos de dicho edificio —que en su época era el Hotel París— se alojaba el Café de la Montaña, lugar asiduo de tertulias literarias en el Madrid de finales del siglo XIX. Y junto a ese recuerdo llega hasta mí la figura de Valle Inclán. Porque, casualmente, he pasado recientemente por el Callejón del Gato, lugar en el que el genial escritor coligió la idea primigenia del esperpento como figura literaria. Y al leer al entrada de Miguel Baquero ha vuelto a mi memoria un peculiar y esperpéntico —por qué no decirlo— episodio, uno de los muchos, que jalonan la historia de las letras españolas.

A comienzos del siglo XX los intelectuales de la época frecuentaban asiduamente las llamadas tertulias de café, única forma de conocerse y entrar en contacto con los círculos culturales en el Madrid de la época. Pero, en contra de lo que se podía pensar, dichas reuniones no eran precisamente un dechado de virtudes, buenas maneras y saber estar. En tales cenáculos corrían que daba gusto las envidias, los contrastes y la diversidad de opinión, de corte político la mayor parte de las veces. La esgrima dialéctica estaba a la orden del día y las enemistades también. Valle Inclán, al igual que la gran mayoría de los intelectuales de la época —Pío Baroja, Unamuno, Azorín, Jacinto Benavente…— frecuentaba de forma asidua dichas reuniones. Una tarde de julio de 1899, en el Café de la Montaña, coinciden entre otros Valle Inclán y el periodista Manuel Bueno. En la mesa en la que ambos se reúnen se charla, entre muchas otras banalidades, de la reciente disputa entre un aristócrata llamado López del Castillo y un artista portugués llamado Leal da Camara. Una disputa que terminó en emplazamiento de duelo con padrinos y toda la parafernalia. En un momento de la conversación, Manuel Bueno aboga porque el asunto quedará en aguas de borrajas ya que el portugués es menor de edad y las leyes de honor le impiden participar en un duelo. Valle Inclán, bastante exaltado por la deriva de la conversación, le espeta al periodista «no sea usted majadero, que no tiene ni idea de eso». El periodista, visiblemente ofendido, se levanta de su asiento y alza su bastón amenazante. El viejo cascarrabias coge una botella y hace ademán de agredir con ella al periodista al grito de «majadero, majadero». Manuel Bueno se defiende como puede y, en el fragor de la pelea, descarga un fuerte bastonazo sobre el brazo de Valle Inclán. A resultas del mismo, el escritor gallego tuvo que ser atendido en la cercana Casa de Socorro de la calle Navas de Tolosa donde se le apreció una herida contusa al lado de la muñeca del brazo izquierdo. La leyenda popular apunta a que, con el bastonazo, se le clavó en la carne un gemelo de la camisa y que dicha circunstancia le provocó una herida que terminó por gangrenarse obligando a amputar el brazo. El parte médico de ese día, emitido por el doctor Manuel Barragán Bonet, desmiente tal hipótesis. Lo cierto es que, una vez personados en la Casa de Socorro, se le atiende, se le venda el brazo y aquí paz y después, gloria. Pero la mala fortuna quiso que la herida conllevase una fractura de cubito y radio que pasó inadvertida para los facultativos que lo atendieron y que hizo que, tras varias noches sumido el atroces dolores, el escritor se personase en la Casa de Salud del Paseo de la Castellana, descubriendo que la inadvertida fractura ha provocado una grave infección interna que amenaza gangrena y que se hace necesario amputar parte del brazo para atajarla.


La imaginería de la época, alimentada en gran medida por la socarronería del propio Valle Inclán, provocó un sin numero de teorías, a cada cual más disparatada, acerca de la pérdida de su brazo. Que si «se lo había comido un león durante una expedición en África», que sí lo había perdido «un día al rascarse dentro de la barba»… Pero lo cierto es que la verdad del asunto fue bastante más prosaica.

Para que luego digan que los escritores son gente sensible y civilizada. Pendencieros. Eso es lo que son. Unos pendencieros.

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viernes 5 de febrero de 2010

Anika entre libros

Anika entre libros nació como un pequeño chiringuito. No hay ánimo ofensivo, lo juro, en la afirmación. Nació siendo una modesta web en la que su creadora, Anika Lillo, infatigable lectora, volcaba y compartía con todo aquél que quisiese echarles un vistazo las fichas de lectura de las obras que iban cayendo en sus manos. Nadie sospechaba por aquel entonces —creo que ni la propia Anika— que su buen hacer, su excelente criterio y su arrolladora personalidad terminarían por convertir aquella modesta web en uno de los mayores portales literarios de referencia en Internet. Pero, por fortuna para muchos, Anika entre libros termino por convertirse en algo más que eso. Anika entre libros se convirtió también —gracias a la propia Anika y a la legión de excelentes colaboradores de los que ha sabido rodearse— en un lugar de encuentro en el que todo escritor incipiente encontró siempre las puertas abiertas para acudir en busca de ayuda, de comprensión, de afinidad… Anika Lillo siempre ha tenido una palabra amable, un buen gesto para todo el que ha acudido a ella. Poco a poco, Anika ha ido ampliando su web e incluyendo en ella entrevistas, reseñas, menciones… Ha ido dando cobijo y voz a muchos autores que en su momento no disponían —disponíamos— de tales medios. Muchos escritores —españoles principalmente, pero no faltan ejemplos foráneos— tenemos mucho que agradecerle a Anika Lillo. Y todo ello por amor al arte. En el sentido más literal del término. Que yo sepa, Anika Lillo jamás cobró un duro a nadie por ofrecer su tiempo, su afecto y su ayuda; por publicar una reseña o anunciar un lanzamiento literario de una editorial o un autor modesto. Y con ello se ha ganado con creces el respeto, el cariño y el agradecimiento de muchos de aquellos que nos dedicamos a este peculiar oficio de juntar letras.

Por ese motivo, cuando desde la editorial Aladena se me propuso participar en una antología colectiva de relatos cuyos beneficios irían destinados a sufragar parte del coste material —que no humano. Ese no tiene precio— que supone el mantenimiento de la maquinaria y los medios que soportan el portal Anika entre libros, no pude negarme. Y debido a que tanto yo como otros cuantos compañeros de profesión no pudimos decir que no, muy pronto verá la luz un excelente volumen de relatos que, bajo el genérico título de CIELO E INFIERNO, recopilará los textos de un nutrido grupo de autores que le está tan agradecidos como yo a Anika Lillo por su inestimable labor y que, por ello, han querido aportar su granito de arena. El elenco es realmente impresionante: Pilar López Bernués - Empar Fernández - Marta Querol Benech - Rosa Ribas - Iván Martínez Hulin - Santiago Morata - Clara Tahoces - Patrick Ericson - Olalla García - Jerónimo Tristante - M. A. León Asuero - Antonia J. Corrales - Susana Vallejo - Tobias Grumm - Mª Dolores García Pastor- Yanitzia Canetti - Mario Escobar Golderos - Francisco Narla - José Antonio Cotrina - Eloy M. Cebrián - Juan Gómez-Jurado - Irene Rodríguez Aseijas.

Si todo marcha como corresponde, el volumen se pondrá a la venta el próximo mes de abril. Háganse con un ejemplar. No sólo contribuirán al mantenimiento de una ilusión compartida por muchos, sino que, además, disfrutarán del buen hacer de un montón de excelentes autores. Se lo digo yo, que me consta fehacientemente :-)

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miércoles 3 de febrero de 2010

Mashup!

No, no he estornudado. Se llama así. Mashup o Bastard Pop. El invento consiste en poner en práctica diversos arreglos de producción musical consistentes en tomar la base rítmica de una canción y la línea melódica de otra y mezclarlas con mayor o menor fortuna. La cosa se puso muy de moda en los años 90 durante la explosión del Hip Hop y el Rap surgiendo multitud de temas en los que, sobre las bases de canciones más menos conocidas, los B-Boys soltaban su fraseo. Posteriormente y gracias a la accesibilidad de las nuevas tecnologías, el entretenimiento fue popularizandose, expandiendo hacia otro tipo de géneros musicales y tornándose más complejo con la mezcla de elementos de tres o más canciones.. Existen verdaderos artistas del Mashup que miman hasta el más mínimo detalle del ritmo y el tempo de los temas que mezclan, encajando cada fraseo en los correspondientes compases y logrando como resultado auténticas virguerías. Hoy ha llegado a mis oídos una de ellas y quiero compartirla con vosotros.


Aunque hay otros ejemplos bastante buenos, curiosos y originales.



Buscadlos por YOUTUBE. Pasaréis un rato entretenido.

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domingo 31 de enero de 2010

El futuro ya está aquí

Lo decían los Radio Futura. Y parece que se ha cumplido. Los hábitos de lectura aparentan migrar hacia una nuevos lugares más allá de la terra cognita tradicional. Y como dice el aforismo: O te aclimatas o te aclimueres. Así que he decidido sumarme con entusiasmo a la nueva tendencia y para ello he creado una nueva sección en esta web denominada E-Books (arriba, en el menú horizontal, la cuarta opción. De nada). Breve por el momento, pero espero que vaya creciendo poco a poco con el tiempo. Para empezar, están incluidas las quince primeras páginas de mis novelas publicadas en los formatos más populares (ePub, MOBI y PDF) y un regalo de inauguración: un volumen recopilatorio de relatos titulado Ocho vueltas de tuerca completamente inédito (el volumen, no los relatos. Al menos, no todos). Si disponéis de aparatejo podéis descargarlos e incorporarlos a vuestro lector. Que disfrutéis.

PS.- Si detectáis algún error en la maquetación de los ficheros le estaría muy agradecido a quien pudiese enviarme un email comentándomelo.

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viernes 29 de enero de 2010

Enésimo palo de ciego

El gobierno de José Luís Rodríguez Zapatero propone alargar en dos años la vida laboral de los trabajadores lo que para cualquier españolito de a pie supone dos años más de cotizaciones y dos años menos de prestaciones. Dos años más en los que el resto de ciudadanos tendremos para pagar los dislates políticos y económicos originados por una pandilla de descerebrados que ha mostrado sobradamente su incapacidad manifiesta para hacerse con las riendas de un problema que, de ser lo que dicen que son (políticos y estadistas), estarían obligados a gestionar con la solvencia adecuada. Sin embargo, ni para eso valen. Porque en lugar de arremeter contra la sangrante política de jubilaciones anticipadas (banca, controladores, astilleros, minería, funcionariado o Telefónica), en lugar de colegir que, en épocas de vacas flacas, «San Joderse cae en martes» y todos a aguantar su parte alícuota del problema, pues no señor: el que ya se beneficiaba de una determinada situación va a seguir beneficiándose mientras que el que, por agravio comparativo, ya le jodía tener que prolongar su situación laboral hasta los 65, ahora le clavan la puya y el descabello de jubilarse a los 67.

«La huelga general del 20 de junio es la necesaria e inevitable expresión del contundente rechazo de los trabajadores y trabajadoras de este país a las intenciones del Gobierno, inequívocamente dirigidas a la supresión de los derechos laborales y al recorte de las prestaciones[…]», (UGT, huelga general del 20 de junio de 2002)

Por menoscabos de similar grosor, calibre y gravedad contra la clase trabajadora no ha mucho que la gente se echó a la calle y le montó una huelga general al anterior ejecutivo. Me pregunto dónde están ahora los sindicatos. Como decía el genial Parmenio, un ingenioso contertulio del blog del periodista Santiago Gonzalez: «El silencio sindical es símbolo de su buena crianza. No es de buena educación hablar con la boca llena».

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jueves 28 de enero de 2010

Indecencia

Hace siete años, un menor de edad apodado El Rafita, en compañía de otros, secuestraron a una joven de nombre Sandra Palo. La retuvieron en contra de su voluntad, la golpearon, la violaron, la atropellaron repetidas veces con un coche y terminaron por rociarla con gasolina y prenderla fuego cuando, aunque agonizante, aún se encontraba con vida. Poco puedo contar que no se sepa acerca de este lamentable caso que generó un gran revuelo mediático y un amplio debate social acerca de la Ley del Menor, su benevolencia, su idoneidad y sus consecuencias. Y que lo sigue generando.

Conozco al Rafita. No personalmente, pero conozco a esa calaña, a esa ralea. Los conozco bien. Bastante bien. Conocí al Chero, que murió arrollado al cruzar a pie la vía del tren de cercanías cuando huía de la policía. Conocí al Viñas que murió al venirse abajo el tejado de la fábrica abandonada en la que estaba robando las vigas metálicas para venderlas al chatarrero y pillar algo de pasta para ponerse. Conocí a varias personas que terminaron sus días con idéntico final interpretado a través de las más variopintas mises en escène: fallecieron de SIDA, de sobredosis, en una pelea de bar o en un ajuste de cuentas. Y que, hasta que llegó el momento, jodieron al prójimo por activa y por pasiva todo lo que les fue posible, en la mayoría de ocasiones por el mero placer de hacerlo.

Los conozco a todos ellos. Todos pertenecen a la misma zona oscura, al mismo barrio, al mismo lado de la calle.

Yo me crié en ese lado de la calle.

Y sé de lo que hablo: muchas de esas alimañas no merecen ni el aire que respiran

Sin embargo, Telecinco le ha pagado al Rafita mil quinientos euros de vellón por ser entrevistado interpretando una dolorosa pantomima vestida de aparente honestidad. Dolorosa, sobre todo, para María del Mar, la madre de Sandra Palo. Porque la entrevista mantiene un tono tan benigno como perverso al presentar al asesino como una víctima más: alguien arrepentido que merece la oportunidad de ser reinsertado. Cuando su último delito —el cuarto tras abandonar el centro de menores en el que estaba confinado— lo cometió hace poco más de quince días. Cuando el destino de esta clase de gentuza debería pasar por ser encerrados y perder la llave.

Supongo que estas palabras quizá levanten ampollas entre las almas redentoras, esos personajes que abogan por la recuperabilidad y la naturaleza honesta del ser humano. Que abogan por la dificultad de crecer en un hogar desestructurado y por lo complicado de salir del círculo vicioso que delimita un entorno social de marcado carácter delictivo. Gente de aparente nobleza y probable buena voluntad que jamás se ha asomado al abismo peligroso que cuelga de la mirada de un tío que se dirige a ti con la mayor chulería del mundo, una navaja en la mano y la certera seguridad de que, ante la menor duda, el pincho acabará en tu estómago. Argüirán que todo el mundo merece rehabilitarse, que merece la oportunidad de enmendar un error. Lo cual no deja de ser cierto. El problema es que hay cierta clase de basura que jamás se plantea ni se planteará que haya cometido un error. Una amplia mayoría son del todo irrecuperables. Me consta fehacientemente. Porque. a pesar de lo expuesto, esta gentuza no son dementes. Conservan la lucidez y el criterio necesario para determinar lo que está bien y lo que está mal. Pero para ellos la ofensa cometida no supone un acto execrable, cruel y malvado o un error de apreciación. Es tan sólo una fatalidad que asumen con el estoicismo del que culpa al destino, a los hados o a la sociedad de sus problemas. Soy rebelde porque el mundo me hizo así.

Pero lo que resulta auténticamente deshonesto es que haya gente que haga negocio, que se lucre, que pelee por un share o que disfrute dando cancha mediática a esta caterva de malnacidos. Si la actitud de unos resulta despreciable, la de los otros debería ser incluso punible.

Todo esto resulta de una indecencia tan obscena que produce escalofríos. De furia.

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sábado 23 de enero de 2010

Las abuelas del Corte Inglés

Suelo asistir con cierta asiduidad a los diversos actos literarios que se programan en la sala de Ámbito Cultural ubicada en la séptima planta del Corte Inglés de Serrano, 52. El último de ellos, la presentación de los dos volúmenes de relatos de Carlos Salem, Yo también puedo escribir una jodida historia de amor y Yo lloré con Terminador 2. Al principio, su presencia me causaba cierta sorpresa. Mujeres que frisan los sesenta cuando no los han sobrepasado holgadamente, que acuden al lugar con puntualidad británica, arregladas, peinadas de peluquería, muy peripuestas y adornadas con sus mejores galas, en ocasiones acompañadas por caballeros de porte distinguido que se intuye son sus maridos. O sus parejas. No quiero decir que ese perfil deba tener vedado el acceso a la cultura, faltaría más. No es eso. Lo que me causaba extrañeza era su aparente anacronismo —es un auténtico show verlas allí junto a poetas melenudos, tipos de mirada esquiva amantes de la novela negra, escritores y otra gente de mal vivir— y, sobre todo, su perenne presencia fuese cual fuese la finalidad del acto. Una conferencia sobre literatura semiótica, una presentación de un libro de poesía, el lanzamiento de una novela de género hard boiled o una charla sobre novela histórica. Poco a poco, uno se acostumbra a su presencia. Y terminas por entenderla. O te la explican. Y descubres —o te descubren— que hasta tienen un nombre: canaperas. Son mujeres ahítas de tiempo libre que, de la misma forma que acudirían al bingo o a misa de siete, por puro entretenimiento, acuden a todo acto literario del que tienen conocimiento para pasar el rato y, ya que están allí, merendar a base de los canapés y las bebidas con las suelen agasajarte una vez terminado el evento. Con el tiempo terminas hasta por reconocer los mismos rostros. Y os juro que para los habituales de este tipo de actos, su presencia acaba siendo hasta entrañable. Ojo, que incluso hasta para esto hay clases. Las de presencia grata son las canaperas modosas y discretas comme il faut que demuestran su saber estar e incluso animan el cotarro con su presencia. Hacen un bulto elegante, vamos. Hay otro tipo de canapera kamikaze, auténticamente despreciable, que no paran de hablar de sus cosas —de sus nietos, de las pécoras de sus nueras o de su última operación de vesícula— durante el acto y que no duda en abrirse paso a codazos en cuanto aparece el camarero con las bandejas de canapés y arrasar con todo lo que pilla. Sólo les falta llevar un Tupper en el bolso. Cuestión que no dudo hayan hecho alguna vez.

Pero el día que falten hasta las echaré de menos. De veras.

¿El acto propiamente dicho? Muy bien. Tuve ocasión de reencontrarme con buenos y viejos amigos a los que no veía desde hacía algún tiempo: el propio Carlos Salem, Javier Puebla, David Torres, Fernando Marías, Daniel Martínez, editor de Salto de Página, Silvia Pérez Trejo, Javier Gutierrez… Ofició como presentador Jorge Benavides. Carlos estuvo bastante comedido para lo que es él y el acto, muy ameno, concluyó con la lectura de tres de los relatos que componen las antologías. Excelentes relatos. Cómo escribe el cabrón de Salem. Qué envidia. Con decir que, tras la lectura y durante la rueda de preguntas final, se arrancaron mostrando un auténtico interés hasta las canaperas, que normalmente permanecen con la boca cerrada —hasta la salida de los canapés, obviously—. Una vez terminado el evento acabamos todos donde corresponde a individuos de tal calaña: en la barra de un bar bebiendo cervezas.



No quiero terminar esta entrada sin recomendar encarecidamente un libro de reciente aparición. Su título es La pluma de Monteverdi y se trata de la opera prima de una excelente autora llamada Irene Mora que os aseguro dará mucho que hablar. Una novela de ambientación histórica que gira en torno al misterio inherente en el extraño legado que recibe una joven llamada Helena: un cofrecillo que contiene una exquisita pluma de escribanía que dicen perteneció al compositor Claudio Monteverdi. Al cofrecillo lo acompaña el peculiar diario de Ariadna, una sevillana que en 1598 viajó hasta Italia para conocer al músico. Y hasta ahí os puedo contar. El resto deberéis leerlo. Y os recomiendo que lo hagáis.

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jueves 21 de enero de 2010

Iniquidad

Yo era de los que solía enunciar con cierta frecuencia que el ser humano nunca dejaba de sorprenderme. Ya no. Ya suelo decirlo más bien pocas. Hace tiempo que dejó de sorprenderme para pasar a asquearme directamente. Apenas ha transcurrido una semana de la que ha sido y es, sin duda alguna, la catástrofe natural más terrible de los últimos 100 años y en el lugar del desastre los muertos aún se pudren a miles en las calles cuando ya ha comenzado a aflorar una de esas facetas tan hija de puta, tan pérfida, tan aciaga, tan propia del ser humano. Gracias a Dios no de todo el género, pero sí de muchos de sus elementos más despreciables.

La codicia.

No me estoy refiriendo al tema de los saqueos, una actividad que, aunque deplorable, resulta plenamente comprensible en un contexto de extrema necesidad como el que discurre en Haití. En estos días se ha tratado de vivir o morir, literalmente, y contra eso no hay argumentos. Hablo de aquél que se lucra con la desgracia ajena, que cuanto más extrema resulta, más beneficios le reporta y al que la magnitud y la trascendencia de la misma —no olvidemos que no es sólo que Haiti haya sufrido una catástrofe natural. Es que ha desaparecido del mapa como nación, como entidad y casi como identidad— se la trae completamente al pairo. Ya comienzan a llegar las primeras noticias, los primeros ecos, de cómo las mafias revenden productos de primera necesidad a precios desorbitados, cobran por gestionar alguna conducción de agua rota de la que se han apropiado y sobre la que han montado vigilancia armada y trafican y abusan sexualmente con menores huérfanos. Y lo que nos quedará aún por leer.

Cada día me asquea más el ser humano, pero, sinceramente: no sé de qué coño me sorprendo.

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lunes 18 de enero de 2010

La insoportable levedad del ser. Y del estar


Nuestro ínclito timonel de Occidente, señor de la Tierra y el Viento, avezado experto en el complicado arte de hablar sin decir nada, ha concedido recientemente una entrevista a El País. El escalofriante documento fue publicado ayer, domingo. En él pueden hallarse perlas como estas:

  • «...Para el que pierda el empleo hoy, lo peor llega hoy...».
    (Ya. Y para el que lo perdió hace seis meses, lo peor le llegó hace seis meses. ¿Y?)


  • «...P. ¿Puede precisar qué quiere usted decir cuando habla de la solidaridad de la zona euro?
    R. Solidaridad.
    (...)
    P. ¿Normalización es poner fin a los crucifijos en las aulas de la escuela pública?
    R. Normalización.
    ...».
    (La elocuencia personificada.)


  • «...Ahora estamos en la plena intensidad de la vivencia de la crisis...»
    (NOTA: declaraciones del mismo individuo hace menos de diez días: «...España está a punto de salir de la crisis, si no lo ha hecho ya...» (Rueda de prensa, 08/01/2010, segundo 37)

Lo dejo aquí en aras de mi propia salud mental.

En serio, ¿alguien es capaz de leer tal sarta de vacuidades, obviedades, tonterías y misdirections —lamento el término foráneo, pero es el más preciso que conozco para describirlo—, de contemplar tal capacidad para decir una cosa y su contraria casi en el mismo párrafo sin demostrar una enorme perplejidad y/o sufrir un profundo y desasosegante ataque de vergüenza ajena?

Lo siento. Yo me confieso incapaz.

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viernes 15 de enero de 2010

Chiste. O no.

Hay un viejo chiste que últimamente recuerdo con bastante frecuencia. Venía a ser, más o menos, algo así.

—Oye Juani, mira, te lo tengo que decir: tu marido se está tirando a medio barrio...
— ¡Ay Dios mío, qué vergüenza! ¡Con lo mal que folla! ¡Ahora va a enterarse todo el mundo!


Ese chiste no deja de venirme a la memoria cada vez reflexiono sobre la presencia de José Luis Rodriguez Zapatero en la Presidencia Europea. Antes, parafraseando a Roosevelt, sólo era «nuestro inútil». Ahora se está enterando todo el mundo. No hay más que leer los editoriales de la prensa internacional (Wall Street Journal, Financial Times, Frankfurter Allgemeine Zeitung, The Economist, Eurobserver).

Y sólo llevamos 15 días.

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jueves 14 de enero de 2010

Naturaleza selectiva


La tragedia ha llegado como suele: inesperada, implacable e impredecible. No puedo evitar pensar que la naturaleza, salvaje a veces, indolente otras, ingobernable siempre, posee extraños y oscuros criterios a la hora de sembrar la desolación que acostumbra cuando decide desperezarse. Que posee un oculto y desconocido mecanismo de selección que le conduce a golpear siempre donde sabe que hará más daño. Donde la miseria suele ser ya de por sí un insalvable handicap para la vida diaria. Como ha ocurrido en Haiti. Para detener el golpe de sus zarpazos poco podemos hacer. Somos minúsculos David ante un imponente Goliath que siempre nos superará en fuerza y presencia. Es a la hora de lamernos las heridas infligidas cuando tenemos la oportunidad de poner de nuestra parte. Hoy es otro el damnificado. Pero nunca olvides que mañana puedes ser tú. La naturaleza nunca hará distingos en ese sentido. Ahora es el momento de aportar algo. Antes de que sea más tarde. Echemos una mano. No hablamos de limosna. Hablamos de solidaridad.

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martes 12 de enero de 2010

Quid pro quo

¿Tú leerías una novela que comenzase así?

«No. No es cierto. Ni los retazos de una vida pasada ni el mundo que te rodea discurre a toda velocidad ante tus ojos cuando intuyes que estás a punto de morir. Al contrario. El tiempo parece detenerse, paralizarse, desvanecerse. Tu entorno pasa a convertirse en un lugar sordo, vacío, ajeno, en el que sólo puede percibirse la propia existencia y la circunstancia que te ha empujado ante ese fatal lance. Aquel hombre le estaba apuntando con un arma a la cara, pero, curiosamente, en el rostro de Justo Carretero se desdibujaba una mueca contraída que tenía más de estupor que de miedo. No terminaba de creer. No terminaba de comprender cómo la situación, amistosa y cordial, se había trocado en dramática en tan sólo unos segundos. Momentos antes consultaba unos documentos sobre la mesa de su despacho y ahora, tras alzar la vista, se encontraba frente al cañón de una pistola y, tras él, el rostro de alguien decidido a matar. No. No lo comprendía.»

Yo la estoy escribiendo.

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domingo 10 de enero de 2010

Amanece

Desde la ventana de mi estudio veo amanecer. He visto amanecer muchas veces, pero muy pocas me he detenido a contemplarlo. Las líneas de sombra van tornando desde la negrura más intensa hacia un gris sucio, desvaído. Lejos, en la distancia, el horizonte va perfilandose a impulsos breves, minúsculos, al tiempo que el cielo adquiere una suave tonalidad irisada de vetas color salmón. Es domingo. La ciudad aún duerme y las calles aparecen completamente vacías, sin vida, como azotadas por un cataclismo tan desconocido como inquietante. Silencio. Un silencio espeso, tan mudo como sordo, azota los rincones. Y frío. Un frío inmisericorde que cala los huesos y el alma. Imagino el fin del mundo y puedo encajar en esas reminiscencias parte de lo que veo. Poco a poco, el albor va venciendo a las tinieblas que hasta hace unos momentos aprisionaban los lugares hasta donde alcanzaba la vista. Todo comienza a funcionar de nuevo como un reloj perfectamente ajustado. Una luz se enciende en alguna ventana. La gente se pone en marcha. Todo parece retornar a la normalidad, a la falsa paz de lo cotidiano. Todo despierta. Un día más. Aunque a veces no pueda evitar preguntarme que para qué.

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martes 5 de enero de 2010

Tecnología audiovisual

«Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad», que decía Don Hilarión hace muchos años ya. En los últimos años, los adelantos técnicos en materia audiovisual se han impuesto a un ritmo vertiginoso permitiendo obtener resultados realmente espectaculares con poco trabajo (aparente). A día de hoy, con una foto y poco más de tres minutos (¡TRES MINUTOS!), se pueden lograr obras tan logradas como ésta.

O ésta:


Técnicamente desconozco cómo lo hacen, pero la magia de la postproducción cada día está más próxima a cualquiera. Y los resultados cada día más asombrosos. El límite parece que vuelve a estar en la imaginación. Donde lo ha estado siempre.

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lunes 4 de enero de 2010

Que Dios nos coja confesados

El pasado 1 de enero, José Luis Rodríguez Zapatero accedió a la Presidencia Europea.

En el año 93, la letra de una canción del grupo Celtas Cortos enarbolaba como algo sumamente catastrófico que «...Si en España el aumento del paro / ya va por el tercer millón...». En la actualidad la cifra de parados supera ampliamente los cuatro millones, al margen de todos aquellos que, manteniendo su empleo —por el momento—, pasan por una situación realmente crítica. Que son muchos. La del 93 fue una legislatura tan caótica en tantos ámbitos y aspectos que obligó a que, a finales del 95, se convocasen elecciones anticipadas para el 96 (algo que muchos parecen no recordar). Las dos mayores crisis económicas que ha sufrido este país en los últimos 20 años (92-93 y la que adolecemos desde el 2008) han sucedido ambas bajo mandato socialista. Podríamos dejarlo en pura casualidad si no fuese porque la recuperación económica más sólida que ha sufrido nuestra más reciente historia ocurrió a partir del año 96, momento en el cual el equipo socialista fue instado, mediante las urnas, a abandonar el gobierno. Aún así, algunos ilusos prefieren atribuir dicha recuperación a la coyuntura que, de forma global, provocó una bonanza económica en todos los mercados a nivel mundial... Vale, digamos que de acuerdo, pero...

¿Ahora va a resultar que alguien que representa a un partido político con antecedentes tan sospechosos —bien sean casuales o causales—, alguien con un equipo de gobierno con miembros capaces de postular con ademán impasible que «el dinero público no es de nadie», alguien tan acostumbrado a meter mano en la caja y dilapidar el Erario como si éste no tuviese fin —Planes E de dudosa efectividad; subvenciones de todo tipo y pelaje (a nacimientos, a inmigrantes, a parados, a jóvenes); repartos a diestra y siniestra, sin ton ni son ni previsión, como el famoso de los 400 Euros del IRPF (que hubiese sido preferible que se quedasen en las arcas públicas, pero que, al fin y al cabo, carece de importancia puesto que se terminarán recuperando a base de subir los impuestos, no lo duden. Do ut Des)— con evidentes fines partidistas y/o populistas, no sólo dice que nos va a sacar de la miseria en la que nos encontramos inmersos sino que además, en un plazo de seis meses, los que durará su legislatura como presidente europeo, va a convertirnos en el pasmo de Europa?

Que Dios nos coja confesados

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sábado 2 de enero de 2010

Orgullo

Marina me contó hace unos días que le gustaba inventarse historias. Que las cosas que veía, de repente, le sugerían ideas nuevas y que no podía evitar darles vueltas en la cabeza hasta encuadrarlas en una o varias ficciones. Y que le gustaría escribirlas. Mantuvimos una conversación en la que, con esa curiosidad tan propia de los niños, tan directa, tan ausente de dobleces, cortesías o medias tintas, me preguntó si, cuando yo era pequeño, ya sabía si quería ser escritor. Yo le expliqué lo mejor que supe —hablar con niños nunca ha sido mi fuerte— cómo surgió en mí la inquietud por escribir y le aconsejé en la medida de mis posibilidades cómo y en qué debía centrar sus esfuerzos para que las historias que quería escribir fuesen mejores.

Hoy me ha contado un argumento de su invención para un cuento.

Entendámonos. Obviamente, no es Proust. Aún. Con once años no se dispone de los recursos, el bagaje ni, sobre todo, las lecturas necesarias para manejarse con solvencia y oficio a la hora de encarar una historia, ni siquiera como diletante. Pero hay un poso, una chispa que deja intuir ciertas maneras. Posee una capacidad de inventiva fuera de lo común para su edad y trata de suplir sus carencias con mucha, mucha voluntad.

Parece que está verdaderamente entusiasmada con la cuestión. Admitiendo lo que puede de tener de fiable el entusiasmo de una niña de once años. Veremos adónde llega. Yo desconozco si, como referente, habré tenido algo que ver con esa decisión suya. Sea así o no, no puedo sentir otra cosa más que orgullo.


Feliz 2010 a todos.

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lunes 28 de diciembre de 2009

Últimos días

En estos últimos días he actualizado poco este blog, lo sé. O al menos, algo menos de lo habitual. Todo tiene su explicación. Por un lado, tampoco había mucho que contar. Durante las navidades, los eventos e historias que suelo reseñar en estas páginas se minimizan. No suelen producirse presentaciones, ni actos literarios, ni gaitas. Desde un punto de vista personal, tampoco ha habido novedades dignas de ser mencionadas. Y ya lo dijo el sabio: «si no tienes nada digno que decir, cierra la bocaza» —o algo así—. Y por otro lado, he estado algo ocupado echando a andar un side project en compañía de mi helmano Jerónimo Tristante, una gamberrada irreverente y tremendamente divertida —al menos para nosotros— llamada PANDEMONIO DE CAOS que os aconsejo visitéis.

Aun así, no quería dejar de pasar la oportunidad de despedir el año y la década que se marcha sin intercambiar un cordial deseo de bienaventuranza con todos aquellos que habitualmente cometen el dislate de visitar este blog y agradecer desde aquí el apoyo brindado —lo crean ellos o no— con sus visitas y comentarios. Saber que hay alguien ahí, al otro lado, es de ese tipo de cosas que hacen sentirse a uno algo menos solo cuando se pone a desvariar juntando palabras.

Nos vemos el año que viene. Espero. Feliz 2010 a todos. Sí, a ti también.

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lunes 21 de diciembre de 2009

Atrapado

Atrapado en casa. Por primera vez en mi vida. Nieve. Hielo. No hay cojones a salir de aquí. Caos. Desconcierto. Coches atravesados. Autobuses cruzados en mitad de las avenidas. Calles bloqueadas, intransitables. La gente chilla y blasfema juramentos en arameo. El Apocalipsis debe ser algo parecido a esto.

La calefacción puesta. El calor comienza a envolverte. Paladeo un chupito de hierbas —algo estrictamente terapéutico. Por la cosa de combatir el frío, ya me entienden—. Comienza a llover. El agua repiquetea en el tejado de la buhardilla. Enya desgrana una suave melodía en el equipo de música. En casa. A salvo.

It’s not too bad at all.


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Amigos

La otra noche estuve en una celebración de esas tan propicias en estas fechas. En Pummarola, en Pozuelo. Uno de esos eventos en los que a veces te ves arrastrado a la fuerza sólo que, por fortuna, no fue éste el caso. Todo lo contrario. Acudieron la inigualable Cristina Salama, el muy entrañable Guzmán Alonso y los excelentes escritores y mejores personas Irene Mora y Alfonso Ruiz de Aguirre. Y un servidor. ¿El motivo? ¿Acaso necesitan un motivo cuatro amigos para verse y compartir una gratísima velada? En todo caso, la excusa fue el desearnos unas felices fiestas, vernos, ponernos al día y echarnos unas risas. Y vaya si cumplimos. Con creces. Sobre todo lo de las risas. Irene publica en enero, con La esfera de los libros, una fascinante novela histórica titulada La pluma de Monteverdi. Para Irene es su primera novela y a estas alturas del partido todo son dudas, nervios y esperanzas. Resulta enternecedor verla tan radiante cuando habla de su próxima publicación, con la que alcanzará una merecida notoriedad, estoy más que seguro de ello. Alfonso acaba de terminar una novela cuyo título provisional es No me llames princesa —acertadísimo, por cierto—. Tras unas cuantas cervezas y la confianza que da el conocernos desde hace tiempo —si no me equivoco va ya para cinco años—, Alfonso me ofreció leer el manuscrito —ya sé que a día de hoy ninguno lo es (manuscrito), pero me resisto a cambiar el término. Me resulta tan atractivo como insustituible— para darle una opinión formada —«Perdónalo, señor, que no sabe lo que dice…»—. Un servidor, con esa mezcla de honor y compromiso que supone ser buen amigo, aceptó el lance y dos días después tenía una copia en la bandeja de entrada de mi cuenta de correo. De tres sentadas. Me he calzado las 400 páginas de tres sentadas. Qué pedazo de novela. Jamás comprenderé cómo Alfonso aún no ha conseguido llamar la atención de una editorial de primera línea. Cosas de los hados y el Destino, supongo. Pero terminará haciéndolo. No me cabe la menor duda. Su carrera lo avala y sus anteriores textos lo apostillan. No hay más que leer cualquier obra suya como Arde Troya o El difamador para hacerse consciente de lo que a los demás nos resulta más que evidente.

Y hablando de amigos. Francisco Castillo ha publicado una novela que comencé a leer ayer. Se titula Cazar al Capricornio. Y vive Dios, ¡qué pinta tiene! Al fin alguien en este país ha decidido liberarse de complejos y escribir una novela de espías, aventuras y operaciones encubiertas como Dios manda. Una novela que si nos llega de fuera con el nombre de Graham Greene, Tom Clancy o John Le Carré en la portada y su protagonista se llama, un suponer, Alan Cummings y es de la CIA —en lugar de Antonio Alba, del CNI, como es el caso— meamos colonia. Pero, aquí, varias editoriales importantes la rechazaron porque «su trama es demasiado arriesgada, fantasiosa e increíble para estar ambientada en España». El amigo Castillo aglutina en un mismo artificio narrativo el atentado contra Carrero Blanco, la desaparición, años después, de unos peculiares documentos durante el incendio del edificio Windsord y un verosímil intento de que España tuviese su propia carrera espacial. Y lo hace con una envidiable soltura, una impecable labor de documentación y un oficio digno del mayor de los elogios. Casi ná.

Ya comentaré cuando termine su lectura, pero por lo que llevo hasta ahora… chapeau por Francisco.

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jueves 17 de diciembre de 2009

Tonto es el que dice tonterías

El subdirector general de Patrimonio Histórico Artístico del ministerio de Defensa, D. Álvaro Martínez-Novillo, exhortó al Museo del Ejército de Toledo para que retirase las referencias a Francisco Franco de los textos que ilustran algunas exposiciones, citando especialmente el texto referido desembarco de Alhucemas. ¿El motivo? Según los argumentos del señor subdirector general, tales circunstancias contravienen la Ley de la memoria Histórica de forma concreta y explícita. Leamos la argumentación.

«El art. 15.1 de la Ley 52/2007 –conocida como de la Memoria Histórica– es muy terminante en cuanto a las “menciones conmemorativas, de exaltación, personal o colectiva, de la sublevación militar, de la Guerra Civil y de la Represión de la Dictadura” (…) no se pueden ni deben citar en textos murales como ejemplo a soldados que, por las razones que fueran, vulneraron el ordenamiento constitucional vigente en su momento. Por ello, si se quiere citar el desembarco de Alhucemas, se citará sin referencia expresa al dictador. Y esto no es censura, sino respeto y acatamiento al marco legal vigente mientras no se demuestre lo contrario»
Hay gente que no es más imbécil porque si no, rebosaría por ambos lados.

Este tipo de cosas —tratar de borrar las huellas de aquella parte de tu Historia que no te gusta y hacer como si nunca hubiese existido— las hacían muy bien los romanos y lo llamaban Damnatio Memoriae. Si este tipo de propuestas las enunciase cualquier estúpido sin cultura ni conocimientos previos —un tertuliano de radio, un suponer—, la estupidez sería objeto de mofa y achacable a la ignorancia inherente al medio y al emisor, pero que tamaña sarta de sandeces provenga de alguien cuyo supuesto y aparente cometido es mediar y proteger nuestro patrimonio histórico, es lo que me causa un poco más de miedito.

Porque alguien debería contarle a este estulto con cargo a Patrimonio Nacional que Alhucemas transcurrió 11 años antes de lo que la ley menciona y condena de forma explícita. Y que para suerte o desgracia, participase quien participase en él, el desembarco de Alhucemas forma parte de un evento histórico trascendental para la historia de este país como lo fue la Guerra de África —por desgracia, esa gran desconocida—. Tan trascendental como que fue el desencadenante de la cadena de acontecimientos que explican —no defienden ni argumentan: explican— gran parte de los últimos 100 años de historia de este país: el expediente Picasso, el golpe de Primo de Rivera, la dictablanda, la obligada abdicación de Alfonso XIII, la llegada de la República y la Guerra Civil.

Lo realmente peligroso es que este tipo de anatemas y prohibiciones llevan un tiempo poniéndose muy de moda entre la progresía ful que las defiende quedándose en la superficie del asunto: la condena a un régimen despreciable y totalitario. Pero no entienden que no se trata de celebrar, ensalzar o ni siquiera conmemorar la presencia de un dictadorzuelo pequeñito y gritón o de algún que otro personaje nefasto para la historia y trayectoria de España —que los hubo sin reducirlo a Franco. Unos cuantos—. Si hubiese que eliminar el rastro de todos los personajes deplorables que han pasado por la historia de este país, iban a quedar tres y el gato. Se trata de mantener el respeto suficiente y necesario por la Historia —con obvias y necesarias mayúsculas—. Porque, por suerte o por desgracia, si de algo carece la Historia es de selectividad. La Historia está plagada de gestas gloriosas y de instantes vergonzosos. De momentos por los que sentirte orgulloso de los tuyos y de momentos en los que te gustaría mirar hacia otro lado. Pero, con todo y con eso, nunca deja de ser Historia. Todos esos hechos ayudan a comprender hechos y situaciones posteriores. Nunca dejan de ser una parte de ese legado común que, en virtud del certero aforismo «somos lo que somos porque fuimos lo que fuimos», todos deberíamos tener presente siempre. Aunque sólo fuese para albergar la cautela suficiente y necesaria para no repetir algunas barrabasadas

Se puede ser partidario o no de unas determinadas figuras y situaciones históricas, lo que no se puede nunca es negar su existencia ni su relevancia innegable —para bien o para mal— en el devenir de la Historia. Al final, ¿qué coño será esto? ¿Una Historia selectiva y a la carta? ¿Qué será lo siguiente? ¿Ignorar la figura de Fernando VII cuando se hable de la Guerra de la Independencia? ¿Obviar cualquier mención a los generales Primo de Rivera, Martínez Campos o Prim, asonados consumados y confesos al igual que Franco?

Insisto en el detalle: que estas estúpidas iniciativas provengan de alguien encargado en teoría de proteger nuestro patrimonio histórico es lo que me hace consciente de en qué clase de manos estamos. Y lo que descubro no me gusta un pelo.

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lunes 14 de diciembre de 2009

Hasta el infinito y más allá

El blog-panfleto-magazine NOTICIAS DEL MUNDO —del que un servidor es humilde redactor y colaborador— da el salto a las ondas. El programa AL ALBA de la cadena COPE, conducido por Oché Cortés, recogerá ocasionalmente un resumén de los titulares más destacados para ser comentados en antena.

La primera de estas intervenciones puede escucharse en la web del programa AL ALBA (sección AUDIOS, programa del 14/12/2009, a partir del minuto 25:35).

A pasarlo bien.

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viernes 11 de diciembre de 2009

Presentación de Impar y rojo

Ayer tarde se celebró en la sempiterna Estudio en Escarlata la presentación de la última y esperada novela de Óscar Urra, Impar y rojo, continuación de la saga Julio Cabria iniciada con la excelente A timba abierta —finalista del premio Memorial Silverio Cañada 2008 a la mejor primera novela negra—. El acto estuvo bastante concurrido y contó con la presencia del autor — obvia—, del siempre cordial Domingo Villar —que está que lo rompe con su excelente La playa de los ahogados— ejerciendo de maestro de ceremonias y de unos cuantos amigos y conocidos más. Por allí pululaba la viborilla de Mercedes Castro, de la que puedo adelantar, en el más puro estilo Qué me dices, que el año que viene, hacia la primavera, pondrá en la calle una nueva novela. Y no. No es de la saga Clara Deza. También estaban —no podía ser de otra manera. Eran los padres putativos de la criatura— dos de los integrantes —Pablo y José— de esa Santa Trinidad que compone el staff de Salto de Página. Buena gente toda.


Abrió el acto el librero Juan Escarlatti agradeciendo la presencia a los asistentes y recordando que aquél era el último acto literario que se celebraría en la librería en el 2009 tras una temporada bastante intensa en cuanto a actividades literarias. Después tomó la palabra el editor, Pablo Mazo, para hacer una breve introducción tanto de la novela que se iba a presentar como de la trayectoria literaria del autor. Domingo Villar glosó algunas de las excelencias de la obra —tratando de no desvelar nada de la trama, cuestión que si de por sí resulta poco deseable en cualquier novela lo es menos aún en una novela negra— y de las virtudes narrativas de Urra. Hizo especial mención a la pulcritud de su prosa, a la estupenda recreación de ambientes y a los acertados diálogos de los que suele hacer gala el autor, cuestión con la que el resto de lectores de Urra estuvimos completamente de acuerdo. Por último tomó la palabra el propio autor para explicarnos algunos aspectos de la intrahistoria de Impar y rojo, de su forma de plasmarla en papel y de su visión de la novela negra. También relató en un ambiente bastante distendido y ameno algunas de las anécdotas que fueron surgiendo durante la redacción del texto. Urra cerró el acto con una original performance: el editor le hizo entrega de una carta que acababa de recibir, remitida por el propio Julio Cabria, y Óscar procedió a leerla en público. En ella le ponía poco menos que a parir por aprovecharse de él y de sus vivencias para pergeñar esos panfletos que escribía y le advertía que se cuidara muy mucho de continuar metiéndole en líos en un futuro.

Terminada la presentación, alrededor de unos vinos ofrecido por la organización, nos dedicamos a disfrutar en petit comité de una serie de charlas secretas, conversaciones a media voz y confesiones en corrillo, que obviamente, pertenecen al secreto del sumario. Como no podía ser de otra manera tratándose de novela policíaca.

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miércoles 9 de diciembre de 2009

Orgulloso de ser negro(criminal)

La Bóbila, biblioteca —o casi institución— de referencia obligada para todo aficionado a la novela negra, criminal y policíaca que se precie y de la que ya hablé en su día en esta entrada, ha hecho pública, a través de su boletín de suscriptores, la lista de los 25 libros más prestados durante el año 2009. Compartiendo méritos con obras como La muerte de Amalia Sacerdote, Una novela de barrio o Los hombres que no amaban a las mujeres se encuentra un título muy familiar —y espero que apreciado— para los visitantes de este blog. Encuentra a Wally.

Las 25 novelas más prestadas durante el 2009.
  • 1. El baile ha terminado / Julián Ibáñez (Roca)
  • 2. La reina en el palacio de las corrientes de aire / Stieg Larsson (Destino)
  • 3. Sé que mi padre decía / Willy Uribe (El Andén)
  • 4. Violetas de marzo / Philip Kerr (RBA)
  • 5. La mirada del observador / Marc Behm (RBA)
  • 6. La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina / Stieg Larsson (Destino)
  • 7. Los hombres que no amaban a las mujeres / Stieg Larsson (Destino)
  • 8. Una novela de barrio / Francisco González Ledesma (RBA)
  • 9. Els homes que no estimaven les dones / Stieg Larsson (Columna)
  • 10. Cuerpo a cuerpo / Eugenio Fuentes (Tusquets)
  • 11. La apelación / John Grisham (Plaza & Janés)
  • 12. La muerte de Amalia Sacerdote / Andrea Camilleri (RBA)
  • 13. El observatorio / Michael Connelly (Roca)
  • 14. Asesinos sin rostro / Henning Mankell (Tusquets)
  • 15. El inocente / Michael Connelly (Ed. B)
  • 16. La chica de sus sueños / Donna Leon (Seix Barral)
  • 17. El documento Saldaña / Pedro de Paz (Planeta)
  • 18. Casi muerto / Peter James (Roca)
  • 19. La reina al palau dels corrents d'aire / Stieg Larsson (Columna)
  • 20. El hombre que se esfumó / Maj Sjwall y Per Wahlöo (RBA)
  • 21. Entre la promesa del verano y el frío del invierno / Leif G.W. Persson (Paidós)
  • 22. Lost Lake / Phillip Margolin (Ed. B)
  • 23. La noia que somiava un llumí i un bidó de gasolina / Stieg Larsson (Columna)
  • 24. Dos minutos / Robert Crais (Ed. B)
  • 25. La mala mujer / Marc Pastor (RBA)

Una inmejorable forma de terminar el año.

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lunes 7 de diciembre de 2009

Saludadle. Es un soldado español


Por circunstancias literarias relacionadas con la novela que estoy escribiendo me he visto en la tesitura de evaluar últimamente bastante documentación acerca del papel desempeñado por la División Azul durante la Segunda Guerra Mundial y de las desventuras acaecidas durante la campaña del frente ruso en la que participaron. A estas alturas del partido no voy a decir que vea con simpatía el trasfondo subyacente en la ideología de los divisionarios —no de todos, bien es cierto— ni su génesis, ni el hecho de que combatieran del lado de uno de los dictadores más mezquino e hijo de puta que ha parido la historia de la humanidad, pero leyendo textos al respecto —de fuentes lo más asépticas y ecuánimes posibles. Las hagiografías y los tebeos de Hazañas Bélicas, para quien les gusten— no he podido dejar de sorprenderme al redescubrir una vez más lo eternamente peculiar del carácter español, vaya a donde vaya y sea cual sea el motivo que lo impulse a encontrarse en una determinada situación. Es esa perpetua mixtura de trasnochada caballerosidad, honestidad fatalista, moralidad quijotesca y honorable tozudez que siempre ha acompañado al soldado español en la gran mayoría de sus periplos la que nunca deja de maravillarme, ya hablemos de la División Azul, de los maquis republicanos luchando en territorio ocupado —soldados eran al fin y al cabo—, de las tropas destinadas en Bosnia-Herzegovina, de los Tercios de Flandes, de la Armada Invencible o de la puta que nos parió a todos. No hablo del ejército español, no. Hablo del soldado español, del individuo o del grupo individualizado. De la vieja infantería. De la eterna historia del perfecto vasallo si tuviese buen señor. Del portador de ese carácter español, que para bien o para mal, es pasmo y rechifla de generaciones venideras.

Los integrantes de la División Azul fueron en su mayor parte soldados profesionales —un amplio número de sus efectivos eran suboficiales— alistados de forma «voluntaria» y destinados a combatir en el frente ruso a las órdenes del ejército alemán bajo la denominación de 250 Blaue Division. Una de sus principales peculiaridades era que la amplia mayoría de las situaciones geopolíticas, estratégicas o diplomáticas que preocupaban a sus aliados del III Reich se la traía al pairo. Ellos eran soldados, su cometido era combatir y con esa idea estaban allí. Punto. De ahí que casi la totalidad desconociese en un principio la política llevada a cabo por los nazis con relación a los judíos, gitanos, homosexuales y otros enemigos de la raza aria y también la infame Endlösung planificada por Hitler y su aparato de estado mayor. Y al que tenía alguna lejana referencia, pareciéndole mejor o peor, hacía como que miraba para otro lado. Esas historias ni le iba ni le venía. Esa aparente despreocupación hacia muchos de los aspectos que preocupaban a los politizados militares nazis les proporcionó más de un disgusto ya que, haciendo caso omiso a muchas de las directrices dictadas por las Wehrmacht —confraternización con la población civil de los territorios ocupados, tratamiento hacia los prisioneros rusos,…—, el divisionario solía incurrir en una indisciplina bastante deplorada por la cúpula militar de ejército alemán y sus jerarcas. Vamos, que, dentro de un orden, por activa o por pasiva, el divisionario actuaba las más de las veces según su criterio y hacía lo que le salía de los cojones. Pero, por otro lado, no es menos cierto que esa animadversión hacia la indisciplina de los españoles solía trocarse en sincera admiración cuando de demostrar su arrojo y valía en combate se trataba. Y al final quedaba una cosa por la otra. Célebres son las palabras atribuidas a Adolf Hitler: «Cuando veáis a un soldado en una cuneta, sucio, con la camisa desabrochada, aspecto desaliñado y un pitillo en la boca, saludadle. Es un héroe, Es un soldado español ». Y cierto es que fueron héroes. En el estricto sentido militar del término, ideologías aparte. Pero su idea era que ellos estaban allí para combatir en una guerra contra el comunismo y que las enajenaciones de la política nazi como que se la sudaban muy ampliamente. Y eso les permitía, dentro de unos determinados límites, actuar a su antojo ganándose el respeto de amigos y enemigos.

Para muestra de lo indicado en el primer y el segundo párrafo, un par de perlas encontradas en mis lecturas.

En cierta ocasión, tras una incursión, un batallón de la División Azul tomó posiciones en los alrededores de un grupo de pequeñas aldeas rusas. Para su sorpresa, la población de dichas aldeas estaba formada en su mayor por sefardíes descendientes de los judíos expulsados de España tras la Reconquista en 1492. El dialecto que hablaban aquellos aldeanos era una especie de castellano antiguo de fácil comprensión y a los divisionarios no les costó nada comunicarse y hacerse entender. La relación que se estableció entre ambos bandos fue tremendamente cordial a pesar de las circunstancias. Tres días más tarde llegaron al lugar los Einsatzgruppen —escuadrillas pertenecientes a las SS que, desde retaguardia, seguían el avance del ejército regular alemán durante las ofensivas de Polonia y Rusia con el fin de practicar a su paso una política de tierra quemada y exterminar a cualquier enemigo, mayoritariamente población civil, del régimen alemán— para cumplir con su macabro cometido. Los divisionarios allí desplegados se cuadraron ante ellos encargándose de hacerles saber de forma bastante expeditiva que, por su propio bien, más les valía salir de allí cagando leches, pasar de largo silbando con disimulo y «si te he visto no me acuerdo». Algunas fuentes aseguran que, gracias a esta acción, los aldeanos sefardíes sobrevivieron hasta el final de la contienda.

En mayo de 1942 un grupo de divisionarios llega a Varsovia camino del frente con el fin de efectuar el relevo de parte de las tropas allí destinadas. Hacen un alto en la estación de tren a la espera de que esté listo el convoy que los trasladará a territorio ruso. Durante la pausa, los soldados españoles, ajenos a muchas de las situaciones y circunstancias producidas en suelo ocupado, observan cómo un grupo de personas que portan una estrella de David cosida en la manga del brazo barre la estación y carga de un lado a otro con pesadas cajas de material y pertrechos. Entre el grupo distinguen a varias mujeres y niños de corta edad. Su aspecto, agotado, desnutrido, famélico, induce a la mayor de las compasiones. Uno de los suboficiales de la blaue se acerca a ellos y les ofrece parte de las vituallas que lleva en su mochila. Muchos de los soldados españoles imitan la acción de su oficial. Los prisioneros los observan con recelo, pero el hambre es mucha, la necesidad obliga y poco a poco, se van acercando a ellos para aceptar su ofrecimiento entre gestos de alborozo y agradecimiento. En ese instante varios oficiales de la SS presentes en la estación se dan cuenta de la jugada y, tras poner el grito en el cielo, reprenden con dureza a los soldados españoles. El suboficial español, en un tono calmado pero severo e inflexible, les hace saber a los SS que él «comparte su tabaco y su pan con quien se le pone en los cojones» (sic). El resto de soldados de la blaue hace suyas las palabras de su oficial y forman un corro alrededor de los SS con intenciones más que aviesas. Los SS se retiran de la estación sin dejar de lanzar miradas airadas hacia los soldados españoles que, entre gestos de sorna y mucha guasa, los observan marcharse. Al parecer, los SS elevaron una queja a sus superiores denunciando el «indecoroso comportamiento del grupo de soldados españoles». Finalmente la cosa no pasó a mayores y el asunto se dejó correr.

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jueves 3 de diciembre de 2009

Oposición a la oposición

Circula por Internet un manifiesto que se opone al anteproyecto de la Ley de Economía Sostenible que, entre sus distintos artículos, pretende habilitar la posibilidad de clausurar aquellos lugares que fomenten la descarga de contenidos protegidos por copyright. Conozco —y entiendo y, en cierta medida, comparto— algunas de las motivaciones que llevan a suscribir tal manifiesto. En mi opinión, entre otras cuestiones y matices, en ningún modo resulta deseable ni admisible la posibilidad de creación de una policía internáutica que, para llevar a cabo la tarea antes mencionada, tenga potestad al margen del poder judicial para intervenir tus comunicaciones, cuestión ineludible si se pretende determinar la existencia de una posible irregularidad.

Pero quizá entiendo mucho mejor las motivaciones que respaldan lo que propone dicho anteproyecto de ley.

Vivimos en un país de cínicos, jetas e hipócritas. Si partimos de la base de que el 85% —con mucha suerte— de los que postulan en contra de los derechos de autor y a favor de la libre circulación de contenidos culturales, a) no se ha leído la Ley de Propiedad Intelectual y no tiene ni idea de lo que argumenta/defiende/comenta —algo tan sencillo de subsanar como pinchar aquí y emplear quince minutos de tu tiempo—; b) su estrechez de miras le hace considerar «artista» (de cara a argumentar el que «se ganen la vida dando conciertos y no chupando del bote») sólo a aquél con capacidad de hacer galas en público obviando la labor de compositores, músicos de estudio, letristas, poetas o escritores —no olvidemos la que se avecina con el ebook. Por desgracia, yo ya no tengo edad para ir por los pueblos llenando estadios para leer en alta voz los capítulos de mi última novela— y c) equipara las ganancias y beneficios de un colectivo de más de 30.000 personas a las del 1% de sus integrantes —Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Bisbal, Bustamante y tres más—, cualquier debate sobre este asunto resulta yermo y estéril. Y lo será por mucho tiempo.

Porque acogerse a la ley es fácil. Para eso está. Lo que no resulta honesto es acogerse sólo a aquella parte de la ley que nos conviene. Si alguien, para evitar la acción de la justicia, alude a que la ley reconoce el sacrosanto y manido Derecho a la Copia Privada —cuestión muy cierta, pero muy matizable, que no todo el campo es orégano. Si 50 amiguetes ejercemos nuestro derecho a la copia privada y para ello empleamos un CD comprado por otro amigo en el top manta o cualquier otro lugar de origen ilícito, los 51 estaremos cometiendo una irregularidad, se pongan como se pongan los apóstoles de la libre cultura. En caso contrario, la cuestión se llamaría técnicamente blanqueo de copia pirata— y luego argumenta, por poner un ejemplo, que el Canon por Copia Privada es una medida punitiva que vulnera su presunción de inocencia, resulta evidente que no se ha leído la LPI, habla de oídas y no tiene ni idea de la sarta de tonterías que está diciendo. O eso o es un cínico consumado. Y en este país son legión. No hay más que darse una vuelta por foros y blogs.

No es de recibo cobijarse tras el reconocible abuso de la industria cultural y la voracidad de una entidad de gestión de discutible existencia para propugnar el todo gratis y la libre distribución de contenidos culturales, situación que, de paso, obvia la justa y necesaria compensación al autor. «No es esto», que decía el maestro Ortega y Gasset. El río revuelto, el mezclar churras con merinas y los totum revolutum jamás albergaron la eficacia deseada.

En cualquier caso, normativas y leyes aparte, desde el mismo momento en el que cualquier persona, empleando el argumento que sea, cree tener más derecho que el propio autor a determinar cómo y de qué manera debe gestionarse el fruto de meses de su esfuerzo y su trabajo, desde ese mismo momento, adolecemos de un serio problema.

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miércoles 2 de diciembre de 2009

These colours don't run

La noche en la que Iron Maiden tocaron como nunca. O cómo uno de los momentos más vergonzosos de la música rock se convirtió en algo épico.

El Ozzfest es un festival anual de música rock que se celebra en Estados Unidos —y, ocasionalmente, en Europa— desde 1996. Surgió a raíz de la negativa de los organizadores del festival de Lollapalooza de incluir en la edición de ese año la participación del músico Ozzy Osbourne (por motivos nunca aclarados del todo). Como desagravio, Sharon Osbourne, esposa del mencionado músico, y su hijo Jack decidieron organizar su propio festival paralelo obteniendo una respuesta tan positiva por parte del público que les llevó a convertir el Ozzfest en una cita anual.

En la edición del año 2005, uno de los principales invitados y cabeza de cartel del Ozzfest es el grupo británico Iron Maiden. Pocos días antes de la celebración del festival, Bruce Dickinson, cantante y frontman de la banda, se descolgó con unas declaraciones quizá poco afortunadas en uno de los medios para el que fue entrevistado. Las declaraciones versaban sobre la participación de la familia Osbourne en un popular reality show (The Osbournes) auspiciado por la cadena MTV y se refería a dicha participación con palabras despectivas calificando el espectáculo poco menos que de «circo estúpido y bochornoso». Como es de suponer, las declaraciones de Dickinson no cayeron muy bien en el entorno de la familia Osbourne, a la postre, organizadores del Ozzfest.

El conflicto parecía servido.

El 20 de agosto de 2005, pocas horas antes de la actuación de Iron Maiden, Sharon Osbourne, en compañía de su hija Kelly, convoca a una serie de amigos cercanos a Ozzy Osbourne (los miembros del grupo Black Label Society y alguno más) y los insta a boicotear el espectáculo de los británicos. Se arman con docenas de huevos, cubitos de hielo y tapones de botellas y al más puro estilo mafioso —desplazando de su sitio a algunos de los asistentes que llevaban allí esperando durante horas para coger los mejores puestos— hacen uso de sus pases de backstage para ocupar las primeras filas del pit, las más próximas al escenario.

El show da comienzo en torno a las 22:00. Ajenos a la encerrona, el grupo Iron Maiden arranca su actuación con el tema Murders in the rue Morgue. Nada más comenzar, una lluvia de huevos, vasos de cerveza y escupitajos cae sobre ellos mientras un imbécil apodado «Big Dave», perteneciente al círculo más íntimo de los Osbourne y que suele ejercer como presentador y maestro de ceremonias de los conciertos de Ozzy y de la Black Label Society, se dirige a la mesa de sonido, desenchufa los cables que surten de electricidad al escenario y comienza a berrear por megafonía coreando el grito de «¡Ozzy, Ozzy!». La primera en la frente. Una vez restablecido el fluido eléctrico, Iron Maiden trata de hacer caso omiso a la provocación y continuar con el show, pero se les nota tensos, furiosos por la falta de seriedad y profesionalidad de la propia organización. Arrancan con su segundo tema, el emblemático The Trooper y, como viene siendo habitual, Dickinson interpreta el tema vestido de soldado de caballería británico mientras ondea la bandera de la Union Jack, una puesta en escena acorde con la letra de la canción y que la banda ha venido practicando durante los últimos quince años. Desde el grupo de personas más cercano al escenario arrecian los abucheos y alguien del círculo de Ozzy salta al escenario enarbolando una bandera americana y las palabras Don't fuck with Ozzy garabateadas en su pecho desnudo. El servicio de seguridad de los Maiden lo reduce de inmediato y lo expulsa del escenario. La lluvia de huevos arrecia y el incidente termina por hacer explotar a un indignadísimo Dickinson que desde el escenario grita «Bastards!, this is the fucking british flag and these colours don't run» (proféticas palabras que, a posteriori, darían lugar al título de un tema de su siguiente álbum).


Durante el resto de la actuación, el fluido eléctrico se interrumpirá hasta seis veces más con el consiguiente cabreo de los músicos y del respetable, que no sólo no está disfrutando del espectáculo por el que ha pagado sino que, además, va haciéndose cada vez más consciente del esfuerzo de la banda por entregar, en una alarde de profesionalidad bien entendida —y algo de mala hostia, a qué negarlo— lo mejor de sí mismos. A cada nueva provocación, la banda responde con una descarga de música y rabia. Tocan como posesos, como demonios enloquecidos, volcando toda la rabia que los invade en la interpretación de los temas. Esa noche, la furia les hace sentirse pletóricos. Los solos de guitarra suenan como nunca. La voz de Dickinson se funde con el sonido de los instrumentos como si formase parte de ellos. Terminada la canción Hallowed by thy name y antes de encarar el siguiente tema, la organización les comunica que deben terminar su actuación ya que la extensión de su show ha sido reducida a 55 minutos. Dickinson, visiblemente cabreado, toma la palabra para dirigirse de nuevo al público. «They were supposed to play a shorter set than normal today, and only play 55 minutes, but Iron Maiden can't drive 55, or play 55, and we are going to play our whole fucking set tonight.». Sus palabras arrancan un rugido de aprobación en la audiencia


Inician la recta final del show. Tocan cuatro temas más bajo continuos apagones e interrupciones de electricidad. A cada nuevo corte abordan el siguiente tema sin saltarse un solo compás. Con cada interrupción el grupo se muestra más y más excelente, tocando cada canción con una rabia y una pasión asombrosas. Durante alguno de los cortes de fluido eléctrico, 40.000 voces corean, desde el punto interrumpido, la canción que estaba sonando en ese momento, ayudando con ello al grupo a completar el tema bajo la mirada agradecida y emocionada de los músicos. Terminado el concierto, Dickinson agradece a los «verdaderos fans» su apoyo incondicional y su modélico comportamiento durante el espectáculo, asegurando que si han aguantado «toda la mierda de esa noche» ha sido sólo por ellos. Sus palabras son recibidas con un atronador aplauso. Alguien cercano a la organización, a través de la megafonía, comienza de nuevo a gritar las palabras «¡Ozzy, Ozzy!». Su voz es sepultada por la de miles de asistentes que corean a voz en grito «¡Maiden, Maiden!». El grupo apenas ha abandonado el escenario cuando Sharon Osbourne entra en escena, recoge el micrófono y declara su agradecimiento a la banda Iron Maiden diciendo que son una banda fantástica, pero comete el error de apostillar que «Bruce Dickinson is a prick». No le da tiempo a decir nada más. Los asistentes rugen de furia y un mar de abucheos ahoga cualquier otra declaración, obligando a Sharon Osbourne a abandonar el escenario a la carrera entre lanzamientos de vasos de cerveza y distintos apelativos de los cuales el mas suave es «dirty bitch».

Según las palabras de un crítico musical presente en el concierto, «ha sido el concierto más memorable y, a su vez, el espectáculo más lamentable que he tenido ocasión de presenciar a lo largo de mis veinte años de profesión».

Solo cabe añadir que, tras la actuación de Iron Maiden le llegó el turno a Black Sabbath, el grupo de Ozzy Osbourne. El público comenzó a desalojar el pabellón en masa, incluyendo gente que prácticamente había acudido para asistir a la actuación de Black Sabbath. De los 40.000 asistentes iniciales quedaron menos de la mitad.


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lunes 30 de noviembre de 2009

El olor de la carroña

La pasada semana una niña de tres años fallecía en Tenerife tras ser ingresada en el hospital. Un primer parte de lesiones estimaba que la pequeña había sufrido abusos sexuales y una sistemática paliza que le había provocado varias lesiones de severa gravedad de las que finalmente no se repuso. A raíz de esta información fue detenido y puesto a disposición judicial el actual compañero sentimental de la madre acusado de abusar y golpear a la niña.

Un examen médico posterior determinó que la pequeña no había sufrido abusos sexuales. Ahora, la autopsia ha determinado que las lesiones que presentaba la niña son compatibles con las producidas de forma accidental al caerse de unos columpios, tal y como habían declarado desde el principio tanto el acusado y la madre de la niña.

Mientras tanto, habíamos crucificado a un no culpable.

Bien es cierto que resulta muy complicado mandar sobre los sentimientos personales. Que, de forma instintiva, uno tiende a desearle el peor de los males a cualquier malnacido capaz de llevar a cabo una barrabasada de ese calibre porque es consciente de que tamaños hijos de puta corren sueltos por el mundo. Y también sabe que, por desgracia, muchas —una gran parte— de las acusaciones de similar calado que salen a la luz terminan confirmándose como ciertas. Por eso, como digo, contra la repulsa personal derivada de los sentimientos y el instinto no se puede luchar.

Contra los titulares falaces, sí.

Porque lo que resulta del todo inadmisible es que desde un titular se juzgue y se sentencie. Porque un periodista de verdad debe luchar contra viento y marea por la veracidad de lo que publica. Porque titulares como estos debería causar la suspensión para el ejercicio del periodismo.


Aún no he visto a nadie pedir disculpas a cinco columnas, en la misma forma y formato en la que se acusó. Todo lo más, un pequeño recuadro de rectificación en el que achacan el error «a los datos del primer informe médico». Por supuesto, jamás a la prensa.


Ya no es «La mirada del asesino de una niña de tres años». Ahora ha pasado a ser «presunto agresor».

Vergonzoso.

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domingo 29 de noviembre de 2009

Ha nacido un nuevo diario online

sábado 28 de noviembre de 2009

Presentación de El momento del unicornio.

Dicen que no hay dos sin tres. Esta semana ha sido bastante prolífica en cuanto a citas literarias. Ayer se celebró en Madrid la presentación del libro de relatos El momento del unicornio de Norberto Luis Romero, autor al que guardo un particular aprecio. Al cordial y entrañable Norberto lo conocí hace años, cuando aún se celebraba aquella famosa y añorada reunión semanal de pirados que conformaban la tertulia La Cruzada. En su descargo he de decir que me cayó bien de forma inmediata y que desde el primer momento se estableció entre nosotros una particular corriente de simpatía. Después, los azares del destino lo llevaron lejos de Madrid y a pesar de no haber perdido nunca del todo el contacto, hacía ya mucho tiempo que no teníamos ocasión de saludarnos en persona. Me apetecía muchísimo darle un abrazo. Y además, la presentación del acto corría a cargo del galateo David G. Panadero con el que también hacía tiempo que no me encontraba. Estupenda ocasión para matar dos pájaros —en el sentido más literal del término— de un tiro.

El evento se celebró en la sempiterna librería Estudio en Escarlata, establecimiento que terminará por convertirse en lugar de culto de todos los pirados literarios de Madrid —al tiempo—. Llego con la hora justa y para mi satisfacción me encuentro con que el elenco de asistentes es realmente notable, con la presencia de un gran número de amigos y conocidos. Además de los antes mencionados estaban por allí Félix Palma —de nuevo— y Lorenzo Luengo, Pablo Mazo —editor y, sin embargo, bellísima persona—, Herme G. Donis… También me presentan a Óscar Sipán, artífice editorial del libro presentado, un tipo realmente encantador. La velada se promete animada.

La presentación comenzó con una breve intervención por parte de Óscar Sipán en la que explicó la labor llevada a cabo para reeditar —el volumen fue editado originariamente en 1995— esta antología de relatos y el porqué de la decisión de hacerlo. Después tomó la palabra David G. Panadero para explicar lo peculiar de la literatura de Norberto Romero, un autor con una voz muy personal y al que tradicionalmente han tratado de encuadrar dentro de la literatura de estilo gótico. Panadero insistió en lo equivocado del planteamiento, surgido quizá de la querencia de Norberto Romero por acercarse a los espacios más oscuros del alma humana en busca de una particular visión —evocadora, sombría e inquietante las más de las veces, pero particularmente bella. Si algo tiene la literatura de Norberto Romero es que jamás te deja indiferente— de las historias que narra y, particularmente, de las atmósferas que tan magistralmente sabe recrear. En ese aspecto coincidimos la gran mayoría de sus lectores: Norberto es, probablemente, uno de los mejores recreadores de atmósferas —crudas, turbias, desosegadoras, inquietantes, líricas y plenas de matices— que ha dado la literatura de los últimos veinte años. No estoy exagerando. Al menos, no demasiado. Para muestra, un botón. No en vano sus relatos son ampliamente reconocidos allende las fronteras, siendo publicados con cierta frecuencia en revistas literarias de numerosos países.

Para cerrar el acto, tomó la palabra el autor para, en pocas palabras, agradecer la presencia de los asistentes, agradecer al editor que hubiese dado una nueva oportunidad a un libro de relatos que él ya daba por perdido y reafirmar las aseveraciones de David G. Panadero, indicando que está totalmente en desacuerdo con la mayoría de etiquetas que tradicionalmente le han impuesto, dejando claro que no se considera ni gótico, ni borgiano, ni escritor de culto, ni escritor maldito. Tras esto, el acto se cerró con un vino —estupendo, por cierto. Tengo que preguntarle a Juan Escarlatti de dónde demonios lo sacó— degustado en grata compañía. ¿Qué más se puede pedir para redondear la tarde de un viernes?

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viernes 27 de noviembre de 2009

Presentación de El ocaso de las siete colinas

Con relación a los actos culturales celebrados en la capital decía el maestro Ortega y Gasset que «Un jueves por la tarde, en Madrid, o das una conferencia o te la dan». Siguiendo la estela de tan insigne tradición, ayer se celebró en Madrid la presentación de El ocaso de las siete colinas de Patrick Ericson. El acto, que fue presentado por el escritor Francisco Javier Illán Vivas, tuvo lugar en la librería Estudio en Escarlata. Durante el mismo, ambos se encargaron de desgranar con grandes dosis de inteligencia las esencias de la novela —la cuarta del autor si mal no recuerdo—, explicando que continua en la línea del tipo de literatura al que Ericson nos tiene acostumbrados en sus anteriores textos, esto es, literatura de entretenimiento puro y duro con grandes dosis de acción y misterios por doquier. Ese género plagado de grandes obras al que mucho purista imbécil sin criterio llama despectivamente best seller. Y si bien es cierto que el género es bastante proclive a llenarse de basura ramplona de tramas insulsas y esquemáticas, tomar la parte por el todo y tildar a un amplio conjunto de obras de literatura menor —como hasta hace poco se hacía con la denostada novela negra y mira cómo vamos, Stieg Larsson incluido— es probablemente una de las actitudes mas temerariamente snobs que pueden encontrarse a día de hoy en el ámbito literario. Y hacerlo con El ocaso de las siete colinas sería, además, una flagrante injusticia.

La novela de Ericson está planteada como un juego. Un peculiar personaje que se hace llamar Reverendo se hace con un par de ingenios nucleares provenientes de la extinta Unión Soviética con los que se propone organizar un atentado sin precedentes en la historia del terrorismo internacional. Antes de llevar a cabo su acción, lanza a través de Internet un texto denominado El manifiesto del terrorista en el que plantea, a través de extraño juego de rol inspirado en los textos del Apocalípsis, el reto de descubrir «a quién corresponde el Número de la Bestia». Aquél que descubra la clave, estará en disposición de evitar la catástrofe. El mensaje es interceptado por un peculiar equipo de la NSA americana que, tras verificar su autenticidad, se pone en marcha en una carrera contrarreloj con el fin de detener la amenaza, encontrando en su camino muchas otras facciones implicadas que albergan intereses similares a lo suyos, desde la curia vaticana hasta determinadas agencias que trabajan a la sombra de algunos gobiernos.

A quién pueda sospechar similitudes, no: no es un remedo de Ángeles y Demonios. Puede albergar alguna similitud en cuanto a ciertas premisas y planteamientos, pero ahí termina toda coincidencia. En esta novela, Patrick Ericson maneja de forma envidiable el ritmo de una trama cuyo desarrollo tiene más en común con el planteamiento de la serie de televisión 24 que con la obra de Dan Brown y en la que los temas son tratados de una forma menos superficial, más profunda, apoyando todos los aportes con hechos contrastables, perfectamente documentados y manejándose de una forma más que efectiva y solvente en el terreno de una ficción con la que es capaz de lograr algo no muy habitual ni fácil de conseguir por parte de aquellos que le damos a la tecla: recabar el continuo interés del lector sin concederle un minuto de respiro.

No esperen ustedes hallar una obra sesuda, de pensar, de esas que trascienden —quiera Dios que sea lo que signifique esa gilipollez—. Estamos hablando de puro entretenimiento, de literatura de palomitas. Eso sí, de la mejor literatura de palomitas, de la de pata negra. Que hasta para eso hay que tener arte y, sin duda alguna, Patrick Ericson lo tiene. Desde esta modesta tribuna recomiendo sinceramente su lectura. Si se deciden a ello, les auguro que van a pasar un rato muy entretenido.

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jueves 26 de noviembre de 2009

Presentación de El violinista de Mauthausen

Ayer tarde se presentó en Madrid, en el salón de actos del acogedor Hotel Kafka, El violinista de Mauthausen, la novela ganadora del premio Ateneo de Sevilla 2009. Este año el galardón recayó sobre mi apreciado amigo y compadre de letras Andrés Pérez Dominguez, al que hacía algo más de un año —desde que tuvimos ocasión de compartir mesa en la anterior edición de Getafe Negro— que no tenía ocasión de saludar en persona. Con el deseo de darle un fuerte abrazo y la enhorabuena por el premio —del que me alegré mucho. Aún no he tenido ocasión de leer esta novela, pero he leído otras de Andrés y, teniendo en cuenta el oficio y la solvencia de la que suele hacer gala en sus textos, no me cae la menor duda de lo merecido del galardón—, me encaminé hacia el Hotel Kafka. Para mi desgracia, llegué al lugar con demasiada antelación —a los maniáticos de la puntualidad nos resulta cada día más imposible estimar la densidad el caótico tráfico de Madrid y el que, como yo, se acerca a la ciudad desde la periferia de las afueras del extrarradio, tiene que salir de casa con tiempo sobrado si no quiere que un imprevisto le haga llegar tarde. Y si no se te cruzan imponderables, siempre sueles llegar con demasiada antelación a todos lados. Bueno, a lo que vamos, que me disperso— y me dispuse a dar un paseo por los alrededores del lugar de reunión. En una de las calles adyacentes me topé de bruces con el propio Andrés. Abrazos, felicitaciones y toma de cañas de rigor. Mientras, en un bar cercano, nos poníamos al día de las novedades, aparecieron por la puerta del local la entrañable Begoña Minguito y el editor de la criatura, Miguel Ángel Matellanes. Una ronda más y marcha en grupo hacia el Hotel Kafka.

En el lugar, saludos por doquier a viejos amigos y algunos nuevos. Es lo que suele tener de agradable este tipo de eventos, que sueles encontrarte con gente a la que aprecias. Por el lugar pululaba el dicharachero Félix Palma —aún aclimatándose a su reciente mudanza— y la simpatiquísima Vanessa Monfort —ambos ejercían de maestros de ceremonias ya que, en el mismo acto, se presentaba también la novela ganadora del Ateneo Joven, Amerika de Lorenzo Luengo—, el siempre cordial David Torres, Rafael Reig, Ramón Pernas... Más o menos, la mayor parte de los que siempre nos encontramos en estos saraos.

El acto, muy divertido. Félix Palma y Lorenzo Luengo, simulando el papel de enemigos irreconciliables, se enzarzaron en una celebrada gresca al alimón en la que no faltaron puyas, tarascadas y cruces de acusaciones con la que, aparentemente, pretendían explicar de dónde había surgido su mutua enemistad y que en realidad evocaba a grandes rasgos el argumento de Amérika. Ingeniosa puesta en escena. Vanessa Monfort nos transmitió con bastante convicción y vehemencia la pasión que le había suscitado la lectura de El violinista de Mauthausen y Andrés puso el broche final, hablando de su novela como un thriller intimista —según la definición de una amiga común, la escritora Antonia J. Corrales— en la que prima la presencia de los personajes sobre el desarrollo de la trama y aclarando algunos de las aspectos de la génesis y el desarrollo de su novela —que tras lo comentado confirma mi impresión inicial de que debe de ser una novela extraordinaria. Deseando estoy de ponerle el ojo encima—. El acto concluyó con las cervezas, los vinos de rigor y conversaciones cruzadas en las que, como corresponde y es habitual, los escritores allí reunidos —sin que los editores presentes, como Matellanes, pudieran escucharnos, of course— pusimos a parir al establishment editorial . Y es que, si no, las reuniones de escritores no serían lo mismo.

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